News – Noticias «Estamos vivos de milagro: 10 años después de Morente». ‘Estamos vivos de milagro’ toma prestada una frase memorable de Morente y da título al libro que recoge parte de las ponencias celebradas en el ‘Congreso Internacional Enrique Morente. Memoria y heterodoxia en el Flamenco’ (diciembre, 2020), organizado por el Departamento de Historia y Ciencias de la Música de la Universidad de Granada. Lo edita Pedro Ordóñez Eslava bajo los sellos de las universidades de Granada y Sevilla. ‘Estamos vivos de milagro. 10 años después de Morente’ supone un repaso a la trayectoria del cantaor, basándose en la biografía y las circunstancias . De esta manera, se analiza la vida y producción del artista desde distintas disciplinas , como la musicología, la historia del arte, la antropología y la literatura, y a través de la recopilación de anécdotas y entrevistas. 11 capítulos a modo de artículos que abordan su compromiso e implicación con las artes, la apuesta por la interdisciplinariedad, el estudio del flamenco, la unión de la poesía culta y la popular, su condición de andaluz, de emigrante y de universal, de músico electrónico, rockero, su interés de tránsito, ruptura y búsqueda, y su compromiso político y social . Abordan su legado, que se traduce en una obra de arte total, una obra de arte wagneriana o en una obra de arte abierta, basada en la experimentación y en el desafío artístico y estético. En su capítulo, Pedro Ordóñez escribe: el flamenco es Fluído, pLural, Arriesgado, iMpuro, Experimental, iNcómodo, Contemporáneo y cOntestario. Entonces Morente es flamenco y flamenco es Morente. De eso no cabe duda. Y para eso tuvo que romper con la norma. En 1983, con motivo del primer número de la revista ‘Cabal’, Alfredo Grimaldos entrevista a Antonio Mairena y le pregunta qué piensa sobre el Nuevo Flamenco. Mairena contestó que los artistas bajo esa etiqueta poco se preocupaban de buscar el flamenco puro. Se refería, entre otros, a Turronero y Lole y Manuel que, según el cantaor, tan solo se apuntaban a la moda. No pensó lo mismo de Morente, del que Mairena sentenció: «hace un cante futurista , intentando marcar la línea de lo que puede ser el flamenco de mañana». Y ahí está la profecía cumplida: Morente convirtió el flamenco clásico y presente, en flamenco del futuro. Futurista, a través de la búsqueda de nuevos discursos, su compromiso con las artes y con las justicias, a través de la rebeldía, en fin, a través de su naturaleza flamenca. Morente oscilaba entre lo ortodoxo y lo heterodoxo y consiguió, además, ser un punki. En una entrevista publicada en agosto de 2004 en ABC, Morente dijo: «bueno, es que lo que yo quiero es ser rockero». Más allá de la estética, Morente hibridó músicas y arte hasta convertirse en un rockero, en un popero, en un artista conceptual, en Duchamp, en hacer lo que le diese la gana siempre justificando una voluntad artística, hasta convertirse en lo que fuese sin dejar de ser flamenco. Eso es ser flamenco y punki. No lo tuvo fácil. Había un camino trazado que se había ido haciendo desde el siglo XIX, un camino romántico que había dado lugar a una recta llana y mítica: la pureza, el mairenismo . Crisol y pureza. Ese camino era el ‘establishment’ infranqueable que guardaban los flamencólicos, que diría Morente. Un camino del que se apropiaba todo el mundo también. Y Morente era frontera: pertenecía al círculo universitario, cantaba a poetas y estudiaba flamenco. Estudiar flamenco. Academizar el flamenco. Intelectualizar el flamenco. En torno a esta voluntad creadora de artista se desarrollan todos los capítulos del libro, en un recorrido que va desde Morente niño y Lomax grabando en el Sacromonte, escrito por Ascensión Mazuela-Anguita, hasta el capítulo final, de Carlota Aguilar González, que cuestiona los conceptos que se le han ido atribuyendo al flamenco, tales como memoria, identidad o heterodoxia. Por supuesto se habla de ‘Omega’, y de la curiosidad y búsqueda de nuevas posibilidades tímbricas a partir del recurso electrónico, en el capítulo que firman Ugo Fellone y Ricardo de la Paz Ruiz Morón. Porque si Rosalía ‘samplea’ a flamencos, también viene de Morente. Interesantes las relaciones que se muestran aquí entre la obra de Morente y algunos ejemplos de músicas urbanas actuales. Del compromiso político del cantaor escribe Ana Ruiz Mármol, que confirma la voluntad rupturista de Morente: con lo mairenista, lo nacional-flamenquista, lo belicista, lo sexista y con todo, convirtiéndose en un ideal humanista. También nos trae al Morente que emigró a Madrid , tema que abordan Iván López Cabello y María Fátima Rodríguez, además de mostrar la afición de Morente por la investigación en el cante, y la simbiosis de lo culto y lo popular. Joshua Brown se centra en el estudio del sentimiento empleado discursivamente y performativamente. Por su parte, Carlos van Tongeren se ocupa de la conexión entre memoria y presente , desarrollando los conceptos de genealogía y acercándose al concepto de imaginario andaluz a través del compromiso de Morente con letras de Miguel Hernández y su intención de hacer del flamenco un camino de libertad. Francisco Bethencourt Llobet hace un recorrido por la producción artística y relación entre artes, literatura y flamenco, con especial mención al trabajo conjunto del cantaor, Juan Goytisolo y José María Sicilia: en ‘Las mil y una noches’ se producía cante y pintura en tiempo real, una suerte de rescate de las veladas del Black Mountain College. De la misma manera, Pedro Ordóñez habla de la participación de Morente en las obras del dramaturgo Jesús Campos García: en ‘7000 gallinas o un cante’ salió al escenario colgado de un pie. Norberto Torres Cortés y David Monge García repasan a los guitarristas que trabajaron con Morente, dejando claro que, igualmente, construyeron una antología de la guitarra flamenca contemporánea. Y Soledad Castillero Quesada responde a cómo Morente llegó a convertirse en un genio. Escribe también sobre territorialización, reivindicación y mitificación , cosas de las que se armó y también cuestionó Enrique. No solo es innovador el tema del libro, sino la forma en la que se presentan los textos también. Un compendio de artículos que nos acercan a la figura de Morente, tan necesaria, desde una perspectiva académica, pero con un lenguaje accesible y con musicalidad . Ficha del libro Título : Estamos vivos de milagro: 10 años después de Morente Autor: Pedro Ordóñez Eslava (ed.) Editorial: Editorial Universidad de Granada y Editorial Universidad de Sevilla Año de edición: 2022 Disponible en Editorial Universidad de Granada Disponible en Unebook No solo es innovador el tema del libro, sino la forma en la que se presentan los textos también. Un compendio de artículos que nos acercan a la figura de Morente, tan necesaria, desde una perspectiva académica, pero con un lenguaje accesible y con musicalidad .. «’20 cuentos chinos’ cuestiones sobre la vida profesional». Miguel Bonet Anglarill, Joan Cohí Costa y Josep Maria Orduña Ponti, autores de este trabajo, proclaman: «Este libro es un homenaje a la acción de elegir» .¿Y de qué ámbito se ocupan? De uno transcendental y en el que más tiempo pasamos: «La vida profesional. Una vida profesional contemplada a través del concepto de carrera y del entorno en el que se produce, sus empresas». ENSAYO ’20 cuentos chinos’ Autores Miguel Bonet, Joan Cohí y Josep Maria Orduña Editorial Editorial universitaria Ramón Areces, 2022 Páginas 336 Precio 22 5 Así, nos proponen veinte capítulos, protagonizados por cuatro personajes, Jaume, Pitu, Carles y Salvador -este último fallecido pero muy presente-, que toman como referencia ‘El cuarteto de Alejandría’, de Lawrence Durrell , porque es una obra paradigmática en la visión compleja de la realidad. No en vano este ensayo se subtitula ‘Paradojas sobre las personas y las empresas’. Se reúnen en una docena y media de restaurantes catalanes y allí charlan, abordan diferentes cuestiones, y se hacen, y nos plantean, decisivas preguntas. Entre otras: « ¿Aprender a ganarse la vida o ser un subsidiado ? El trabajo en equipo. ¿Una garantía para no desafinar o convertirse en Robinson Crusoe? Las crisis de crecimiento personal y profesional. ¿Un punto de no retorno o una oportunidad? Los agentes sociales sindicales. ¿Final de trayecto o cambio de vía? Vida pos-laboral. ¿El edén o el desierto de Gobi?». No estamos ante un simplista libro de autoayuda, Pensamiento crítico -se cuestionan manidos mantras-, ironía socrática y reivindicación de la empatía y del arte de diálogo en esta provechosa obra de interés para un amplio abanico de lectores.. «Damien Hirst quemará miles de sus pinturas en su galería de Londres». Las excentricidades del artista británico Damien Hirst no parecen tener fin. Famoso por sumergir un tiburón y una oveja cortada en dos en tanques de formol, o de cubrir con diamantes un cráneo , dice que su nuevo proyecto NFT, llamado ‘The Currency’, es «el más emocionante con diferencia». Está centrado en el arte como moneda. Hirst creó 10.000 pinturas de puntos de colores en 2016, cada una con su propio título, que luego se vincularon a los NFT correspondientes y se vendieron por 2.000 dólares cada una. A los compradores se les dio la opción de quedarse con los NFT o cambiarlos por la obra de arte física. «El coleccionista no puede quedarse con ambos. Este intercambio es un proceso unidireccional, así que elija con cuidado», se les dijo a los compradores. Veinticuatro horas antes de la fecha límite, que tiene lugar hoy a las 3 p.m. , 4.180 personas habían optado por cambiar su NFT por una obra de arte física, y 5.820 optaron por mantener sus NFT. Hirst ha anunciado que quemará las obras físicas que no hayan sido recogidas. La destrucción de las obras de arte tendrá lugar durante una exposición en la Newport Street Gallery de Londres, a partir del 9 de septiembre. «Las obras de arte se quemarán a una hora específica cada día durante la ejecución del espectáculo», se lee en un comunicado del artista. En otoño, durante la semana de Frieze, la galería organizará un evento de clausura para quemar las obras de arte restantes, con la presencia de Hirst. El artista realizó las obras en 2016 usando pintura de esmalte sobre papel. Cada obra está numerada, titulada, sellada y firmada por el artista en el reverso. Las características de autenticidad adicionales incluyen una marca de agua, un micropunto y un holograma que contiene un retrato del artista. Ningún color se repite dos veces en ninguna obra de arte. La empresa de arte y tecnología Heni Analytics ha llevado a cabo un informe mensual sobre la compraventa de NFT de Hirst en el mercado secundario, cuyo valor ha disminuido drásticamente desde que comenzó el proyecto y a medida que los precios de las criptomonedas se desploman, según ‘Art Newspaper’. El primer informe señala que entre el 30 de julio y el 31 de agosto de 2021 se realizaron 2.036 ventas por un total de 47,9 millones de dólares. En comparación, el mes pasado solo se realizaron 170 ventas, con un total de 1,4 millones de dólares. Hirst, de 57 años , fue uno de los Jóvenes Artistas Británicos (YBA) que dominaron el mundo del arte del Reino Unido en la década de 1990, con el apoyo del magnate de la publicidad Charles Saatchi. Según la lista de los más ricos publicada por ‘Sunday Times’ en 2020, Hirst tenía una cartera de propiedades por valor de unos 150 millones de libras , incluida una mansión palladiana con vista a Regent’s Park, y una colección de arte de 2.000 obras que incluía obras de Picasso y Francis Bacon.. «Corín (capítulo 4)». PESTAÑA relato-corin-2022 Capítulo 4 4 Molesta con ese desprecio, pinchada en su orgullo, Cora Bruno se apersonó en la casa de la calle Guevara, y logró que la vieja le franqueara el paso y la invitara a tomar un té. Cora se hizo pasar por un perito forense, y le contó que estaba recogiendo testimonios sobre la muerte de aquella mujer porque la autopsia había despertado ciertas dudas. La vecina respondía con suma prudencia, jamás bajaba las cartas, porque seguía asustada ante la posibilidad de que un juez le complicara la vida con comparecencias y trámites, y después que el viudo se tomara venganza. Pero Cora tenía otra enorme virtud: empatizaba con las personas, era muy cálida y ganaba rápidamente confianza en el tête a tête. La vecina le mostró las fotos de sus hijos, y de su difunto esposo, le narró su larga vida y cada uno de sus achaques, y al final, cuando ya era de noche, subió hasta el altillo y bajó con el zapato. Que dentro de un paquete con moño, Cora le dejó al comisario en la Mesa de Entradas. Treinta y cinco horas más tarde, el comisario llegó al café de Claudia Bruno, reclamó un capuchino con un tostado, y le contó a Cora la historia completa en la mesa de la ventana. Con el zapato en la mano y la pobre vecina demorada, se había presentado en la comisaría y había exigido el expediente: al cadáver efectivamente le faltaba un zapato de fiesta con taco aguja. Hubo un encuentro a solas con el jefe de las seccional, con el segundo y con el oficial instructor. ¿Por qué le habían mentido? Con el zapato en la mano, se había presentado en la comisaría y había exigido el expediente: al cadáver efectivamente le faltaba un zapato de fiesta con taco aguja El patriarca español, puntual colaborador económico de la cooperadora policial, siempre había soñado con un nieto, pero su único hijo casado no le daba el gusto. Bajo presión, la pareja se realizó todo tipo de estudios y se sometió a toda clase de tratamientos, pero no había resultados. Es que el hijo era, en realidad, técnicamente estéril. Lo descubrió en un testeo secreto, que le ocultó a su mujer y, por supuesto, también a su padre. No quería cargar con la responsabilidad dentro de su propio matrimonio y mucho menos en el marco de esa familia anticuada para la cual engendrar era el gran mérito y la gran prueba de masculinidad. Una noche, durante un cumpleaños, ella pidió un minuto de silencio y anunció que tenía una sorpresa para todos, incluso para su querido esposo: «Estoy embarazada». El inminente padre no pudo compartir la algarabía general, y esa misma madrugada, dentro del auto, le recriminó una infidelidad. La pelea fue creciendo: bajo emoción violenta él pretendía sacarle a bofetadas el nombre de su amante. La mujer logró zafar de la paliza y trató de escapar, pero el hijo del patriarca llevaba en la guantera una pistola, costumbre que había heredado de su progenitor. Llegó al sanatorio contando, a grito pelado, que habían sido víctimas de un robo. Y como se trataba de alguien conocido, el jefe de la seccional intervino personalmente. En seguida olió que el viudo entraba en contradicciones, y llamó al viejo para decirle que lo mejor era asegurarse de que todo quedara como debía quedar. El patriarca no dudó en pagar, aún sin entender a fondo lo que había sucedido, cosa que más tarde supo en detalle, porque su hijo se derrumbó y admitió todas las mentiras. Fue una fatalidad, nadie merecía ir preso por algo que puede pasarle a cualquiera, dijo cínicamente el jefe, y embolsó la ‘recaudación’. El comisario de la calle Moreno no se rasgó las vestiduras, sólo les ordenó que empezaran de cero: le tomarían declaración a la vecina, hablarían con el juez, lo acusarían oficialmente al imbécil y lo detendrían de inmediato, y finalmente le devolverían toda la guita al patriarca. «Eso último no va a ser posible, mi mayor», le respondieron los tres involucrados; se habían patinado la plata en el casino flotante. Es que el hijo era, en realidad, técnicamente estéril. Lo descubrió en un testeo secreto, que le ocultó a su mujer Cora no le dio las gracias ni le regaló una sonrisa al comisario mayor, y Claudia hasta le cobró la merienda. Pero le organizaron a la peluquera una cena de honor, y la incluyeron en la mesa de los lunes. Lorena, en trance, les rogó que la aceptaran en los cursos detectivescos que impartían en la planta alta, y a lo largo de dos años asistió invariablemente a ellos y provocó algunas de las anécdotas más divertidas de esa escuelita, que realmente no formaba a nadie, que era un mero entretenimiento para soñadores, pero que al mismo tiempo representaba una buena fuente financiera y ayudaba a crear una red. Se trataba, por lo general, de civiles con empleos aburridos, que por supuesto no renunciaban a ellos cuando les extendían el diploma de detective. En la segunda parte del curso, Cora y Fina los hacían pasar a la parte práctica: llevaban a los alumnos en sus seguimientos y pesquisas, aunque tratando de no exponerlos a peligros verdaderos. Quedaban luego automáticamente registrados en una red, y cuando las chicas necesitaban una mano para una vigilancia discreta o para una diligencia en determinado barrio, esos alumnos recibidos eran ‘despertados’ y subcontratados: ellas pagaban poco, pero un oficinista que recibía una misión se sentía encantado de dedicar una tarde o una noche a seguir a un objetivo, con las técnicas que le habían enseñado y con la chance de ser detective por un rato. Se trataba de pequeños encargos, y todo parecía un juego. Pero a Cora Bruno la tranquilizaba saber que contaba con algunos de sus alumnos, los que realmente demostraban talento para la faena. El hombre se encontraba muy cómodo en esa situación, puesto que no estaba enamorado de su secretaria La organización de la escuelita, así como todo el papeleo administrativo y jurídico del café y de la agencia, estaban a cargo de la quinta integrante de la mesa: Marisa Grillo, contadora y abogada que todavía revestía como auxiliar del Poder Judicial, pero que compartía un estudio privado con su esposo, desde el cual gestionaba, a veces subcontratando personal, esos cuantiosos y soporíferos trámites. Compañera de la secundaria de Claudia, compinche de Cora e hija postiza de Franco y de Perla, ya era parte de la familia, y se la pasaba poniendo reparos a las licencias que esas detectives de poca monta se tomaban. Es que las normas regulatorias, como siempre, resultaban tan estrictas como incumplibles, y Cora navegaba por los grises, procurando no caer en la ilegalidad, pero metiendo muchas veces la pata. Marisa Grillo, con los pelos de punta, batallaba contra apercibimientos y multas, que jamás llegaban, y con el fantasma de una terrorífica inhabilitación, que el régimen de prestadores de seguridad privada preveía pero que sólo se ejecutaba en casos gravísimos. También asesoraba a Cora en sus presentaciones judiciales y la defendía de hipotéticas demandas posteriores, que al final rara vez se efectivizaban. El aporte de Marisa a la mesa de camaradería era sustancioso, puesto que se trataba de una mujer tradicional, con un matrimonio satisfactorio y tranquilo, y sus puntos de vista parecían desequilibrar entonces a un grupo integrado por una separada llena de cicatrices, una divorciada en busca, una adicta al placer y una cultora del misterio y el celibato. Durante la última reunión, Cora había desatado un debate acalorado sobre el caso de Nordelta. Que parecía clásico en más de un sentido, pero que tenía algunas peculiaridades. Para empezar, el hombre se encontraba muy cómodo en esa situación, puesto que no estaba verdaderamente enamorado de su secretaria y no tenía la menor intención de quebrar su matrimonio. Había recurrido a ella no por frustración sexual (su esposa era muy buena en esos menesteres), sino por el gozo de la variedad, costumbre que practicaban «muchos machos mamíferos», como apuntó la peluquera citando un documental de National Geographic. Este punto llevó media hora de vigorosa y desordenada disputa dialéctica. Lo cierto es que el fulano no le había aclarado a su secretaria que esto no pasaba de un desahogo sin futuro, y se amparaba en la certeza de que no habría protestas puesto que seguía siendo su superior jerárquico en la empresa y tenía potestad para despedirla. Noticia Relacionada reportaje Si Corín (capítulo 3) Jorge Fernández Díaz Investigar infidelidades ha hecho costra en las aptitudes sentimentales de Cora Bruno. Conocimos a Fina, ingeniera informática que le ayuda en seguimientos y en las clases de espionaje que ofrece en su agencia Fina, sin embargo, no pudo con su genio y reveló que la esposa tampoco era completamente fiel: tenía una relación íntima pero no física con un ex novio que trabajaba en Quebec. Los diálogos digitales empezaron en tono amistoso, pero seis meses después ya eran románticos y decididamente eróticos. Para Claudia, una infidelidad virtual no era infidelidad; para Marisa tenía la misma gravedad que una encamada: ella nunca lo perdonaría. Hablaron también de perdonar, y de cómo habían cambiado los tiempos y por qué cada vez había más indultos y amnistías en ese rubro. (Continúa mañana). «Laura Pérez: «No conocer las reglas te permite no seguirlas»». Ciertos autores de cómic españoles están cosechando un gran éxito internacional por sus trabajos como ilustradores. Es el caso de Ana Galvañ, María Medem o Laura Pérez, que es quien ha protagonizado la buena noticia más reciente al ser nominada a un premio Emmy como parte del equipo creador de los títulos de crédito de la serie de televisión ‘Solo asesinatos en el edificio’. Pérez (Valencia, 1983) no es una novata en lo de los premios, ya que –entre otros– ganó el Fnac-Salamandra Graphic por su debut en el cómic ( ‘Náufragos’ , con guión de Pablo Monforte) y el Ojo Crítico por ‘Ocultos’ . En agosto se publicará su nuevo trabajo, ‘Espanto’ . –¿Se considera una ilustradora que hace cómics, o una dibujante de cómic que hace trabajos de ilustración? –Me considero dibujante ante todo. Empecé con la ilustración, pero mi ilusión era hacer cómics. Sin embargo, no me veía preparada para poder narrar, no me podía expresar con mis dibujos como me hubiera gustado. Creo que todo llegó cuando ha tenido que llegar. –Muchas de sus historias tienen temas sobrenaturales o paranormales. ¿Es algo que nace de un interés personal? –Es algo que me viene desde pequeña., pero hace solo unos cuantos años que me animé a llevarlo a mis dibujos. Hasta entonces trabajaba de una manera más automática, para encargos, pero con ‘Ocultos’ decidí dar voz a mis intereses más personales. –Algo que también define sus cómics son los finales abiertos y las situaciones que quedan indefinidas. ¿Prefiere sugerir y que el lector llene los huecos? –Totalmente. Está bien que haya un final abierto, porque te genera preguntas, pero no necesariamente respuestas. La literatura y la filosofía tratan de eso, de que una pregunta genere otra pregunta que lleve a otra pregunta y que la vida se nos acabe sin tener muchas respuestas, sino más preguntas. Y en los libros me gusta que la reflexión final nos deje en un bucle, porque siempre estamos con las mismas preguntas sin las mismas respuestas y las próximas generaciones van a continuar igual. Es el sino de nuestra existencia. –¿Hay en su obra una relación entre fondo y forma? ¿La forma en la que dibuja influye cómo cuenta las historias? –Creo que sí, que haber desarrollado un estilo y unas tablas a lo largo de los años me ha permitido poder contar las cosas a la medida en que yo las siento. Lo bonito de la lectura –de cómic, de literatura o de lo que sea– es que tienes una persona que te va a narrar una historia a su manera personal. En mi caso, el dibujo es una ayuda para expresar lo que no expreso en palabras. «’Espanto’ es el primero de mis libros con el que no he sufrido» –¿Cómo fue desarrollando su estilo de dibujo? ¿Cuáles son sus influencias? –Llegué a ese estilo por influencias pictóricas, más que de cómic. El cómic no me interesaba muchísimo. Vengo de Bellas Artes, así que mi inspiración viene más por lo pictórico, o por la música, la escultura… El cine es también una gran influencia, me fijo mucho en la composición de los planos, en las paletas de colores. Wes Anderson, Kubrick, Bergman, el cine antiguo en el que todos eran tan expresivos, con esa ausencia de palabras. –No es la primera vez que un autor de cómic me dice que no solía leer muchos tebeos. Sobre todo, autores jóvenes que también vienen de Bellas Artes. Es muy interesante cómo eso les lleva a crear cómics muy personales y muy rompedores. –Esto es algo que también ocurre en otras artes, gente que no ha tenido una formación en lo que va a dedicarse: músicos, pintores, cineastas. Cuando no te sabes las reglas, no puedes seguirlas. Así que desconocerlas, o no haberte visto tan influenciada, te permite muchas cosas. En mi caso, antes de hacer cómics, me había llegado la obra de Daniel Clowes, de Chris Ware, de Manuele Fior. Pero, al no conocer las reglas, aunque puedas intuirlas, no se te ocurre que los cómics se deben hacer de una cierta manera, con un tipo de secuencias, con muchos bocadillos y mucho texto… Si vienes de la pintura, que es muda, sabes lo que expresa un cuadro de Rothko, que con cuatro colores horizontales te puede transmitir una tremenda melancolía. Y eso se puede trasladar al cómic, simplemente transmitiendo algo a la persona que lo está observando. Las otras ramas del arte pueden aportar mucho al cómic y el cómic también puede aportarles a ellas, porque es un medio en el que puedes tener manga ancha para hacer lo que quieras, los límites son tu imaginación. «Mi inspiración viene más de la pintura o del cine: Wes Anderson, Kubrick, Bergman…» –Sus cómics incluyen cada vez más páginas sin palabras ¿Ha sido una consecuencia de su trabajo como ilustradora? –Tiene influencia, ya que la ilustración es un medio en el que no suele haber texto. Cuando te encargan algo para un artículo en una revista o en un periódico, es una imagen que complementa un texto. Ya de por sí, la imagen evoca algo. Al hacer cómic, habiendo estado tantos años contando cosas sin palabras, me quedo muda. Esa es mi manera de contar las cosas. Lo interesante del cómic es que puedes desarrollar personajes a largo plazo, contar más cosas, expresar mucho más. Creo que el cómic es muchísimo más sufrido que la ilustración, pero a la vez es exponencialmente más gratificante. Un cartel es efímero, igual que un artículo, pero un cómic se queda y lo que te ha podido costar año y medio de trabajo permanece en la estantería. Es completamente distinto y muy agradable, porque también hay un ‘feedback’ con la gente que lo lee, que te sigue, que quiere saber más de la manera en que cuentas las cosas. Eso no lo tienes con la ilustración, que se consume y se evapora. Decidirme a hacer cómics fue un acierto, pese a las dudas que tenía. –¿Qué puede adelantar de ‘Espanto’, la nueva obra que va a publicar en agosto con Astiberri? -‘Espanto’ es un libro muy curioso y por el que tengo muchísima ilusión. Surgió cuando empecé ‘Ocultos’: en ese cómic hay una serie de imágenes secuenciales en blanco y negro entre medias de las secciones en color. Y seguí haciendo esos dibujos después de terminar ‘Ocultos’, porque me sentía muy a gusto haciendo dibujos en blanco y negro para descansar de los encargos. Me hubiera gustado meterlos todos en ‘Ocultos’, pero no tenía ningún sentido. Así que seguí haciéndolos por el mero placer de dibujar y de tener una conexión entre ellos. Son dibujos con cierta melancolía, un poco goyescos algunos, porque las ‘Pinturas negras’ me influyen muchísimo. Cuando terminé ‘Tótem’ , propuse a Astiberri enseñarles todas esas imágenes que había desarrollado a lo largo de cuatro años y que quedaban muy bonitas juntas. Me dijeron que les encantaba y que se animaban a publicarlo. Así que todos contentos, es el primer libro en el que no he sufrido. –Como ilustradora está teniendo un gran éxito internacional, nominación al Emmy incluida. ¿Resulta algo abrumadora toda esta atención? –La verdad es que sí. Por el recorrido que llevo como ilustradora, he tenido relación con medios periodísticos desde hace mucho tiempo ya, pero no a este nivel. De repente verme inmersa en un medio audiovisual y en los Emmy, que son un tipo de premios que nada tiene que ver con el origen de una dibujante. Pero es que el dibujo se puede ubicar en tantos medios distintos que la animación o los títulos de crédito es uno de ellos. Ahora se está viendo una vuelta a los títulos de crédito animados, retomando lo que hacía Saul Bass y otros muchos. Ha sido suerte, destino o lo que sea que me haya encargado yo de darle la imagen a los títulos de ‘Solo asesinatos en el edificio’. –De todos los proyectos de ilustración en los que ha trabajado, ¿cuál es el que le ha hecho mayor ilusión? –Es una pregunta que me cuesta muchísimo contestar, porque una cosa ha llevado a otra. Habrá un 20 por ciento de los trabajos que he hecho que resulta muy importante, porque ha derivado mi carrera a algo mejor. ‘Solo asesinatos en el edificio’ me ha hecho mucha ilusión porque trabajar con Disney y con Twentieth Century Fox ha sido muy interesante y muy enriquecedor. Ha sido el mejor de estos últimos años, porque el trabajo de dibujante es muy solitario y esto se hace con un equipo de cinco o seis personas, además del propio equipo de la serie. Ha sido muy divertido hablar con ellos, ver cómo trabajan, muy interesante a nivel personal: ver cómo se involucran ellos, cómo funciona el arte dentro de la serie, qué cosas valoran y qué no… Todo eso es aprendizaje. También he disfrutado mucho con los álbumes ilustrados que he hecho en Francia. Y con los carteles para salones del cómic, que han funcionado muy bien y es promoción de algo que me gusta hacer. Si hago una lista me puedo dejar algunos que han sido muy importantes, pero he hecho tantísimos que se me olvidan. –Últimamente, en el mundo de la ilustración se nota una cierta preocupación por los avances de las ilustraciones generadas por programas de inteligencia artificial. ¿Le parece un motivo para inquietarse? ¿Va a ser algo pasajero, o va a tener influencia a largo plazo? –Creo que, con la tecnología, hay un momento en el que nos emocionamos todos con algo nuevo y que luego no llega a ser tan increíble, sino que se incorpora a la normalidad de alguna manera. Pero, sin duda, todas las nuevas tecnologías que sean intuitivas y artísticas, que puedan generar con inteligencia artificial, van a estar metidas en la realidad de todos los artistas. Como cuando empezaron a aparecer las tabletas gráficas, que se creía que nunca iban a poder imitar la pintura o la ilustración tradicional. Y ahora son con lo que trabajo yo y mucha otra gente. Y se han hecho reseñas en las que se ha dicho lo bien que dibujo con carboncillo, cuando está todo hecho con el ordenador. ¿A qué nos va a llevar la inteligencia artificial? Todavía no lo sabemos, pero sí que sabemos que va a estar ahí, en todo tipo de artes.. http://www.databot-app.com
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