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News – Noticias «El repartidor de pizza que salvó a una mujer de una violación y sueña con ser policía». Los ‘juanes’, como ya se conoce a estos dos jóvenes jiennenses repartidores de pizza , se han ganado a pulso la admiración de sus conciudadanos desde que el pasado 7 de julio pusieran en fuga primero, y detenido después, al autor de una brutal agresión sexual de una joven de 22 años. Los hechos ocurrieron en el aparcamiento del parque de la Concordia, pasada la medianoche. Juande, el benjamín de la pareja, hace una reflexión en voz alta: «Para que luego digan que en Jaén nunca pasa nada»… Los protagonistas de esta historia habían salido de trabajar algo más tarde de lo habitual. Se adelantó Juan para recoger su moto del parking en el que siempre la estaciona. Entonces oyó un ruido, como de una pelea. Miró a ver qué sucedía y vio a un tipo desnudo… Entonces tuvo claro dos cosas: que aquello no era una simple pelea y que tenía que actuar de inmediato. Lo primero que hizo fue llamar al 091 y luego enfiló sus pasos a donde estaba el sujeto. Entonces descubrió a la víctima , a su lado, tirada en el suelo… Juan comenzó a gritar, le ordenó que la dejara en paz, mientras aquel individuo no paraba de decirle: «Ella quería». Iba a ir a por él, pero la joven, en estado de shock , le rogaba que no la dejara sola. Lo primero, claro, era atenderla, intentar tranquilizarla hasta que llegara la Policía. La casualidad quiso que en ese momento llegara Juande. «Vi la moto de mi compañero en el suelo y a la chica con varios golpes y aterrorizada», explica con naturalidad, sin la menor intención de darse importancia. Tampoco él lo dudó: salió a la carrera en persecución de aquel sujeto para detenerlo hasta que llegaran los agentes. «El tipo también me repetía que ella quería. Le cogí del cuello y de los hombros y le saqué a la zona del parque más iluminada… Entonces se presentaron los policías, que lo detuvieron». Desde que se conoció lo sucedido los ‘juanes’ se han convertido en héroes locales. Los ha recibido la subdelegada del Gobierno, el comisario provincial, los agentes de la UFAM (Unidad de Familia y Menores de la Policía) ante los que también han prestado declaración como testigos y han sido propuestos para la Medalla al Mérito de Protección Civil . «Mil veces nos han dado las gracias, pero solo hemos hecho lo que teníamos que hacer», cuenta Juande a ABC. Los ‘juanes’, aunque habían mostrado su interés en ello, no han podido volver a hablar con la víctima. Saben, eso sí, que les está eternamente agradecida, porque así se lo ha hecho saber a través de su abogado. Es más; les escribió un correo electrónico en el que, además de darles las gracias por su comportamiento ejemplar, les explicaba que dentro de los graves daños físicos que ha sufrido, se encontraba bien psicológicamente; todo lo bien, al menos, que se puede estar después de una experiencia así. Además les contaba que quería quedarse al margen de la repercusión mediática que ha tenido este asunto y mantener el anonimato para poder seguir con su trabajo y con su vida. De ahí que hubiera escogido la vía epistolar para ponerse en contacto con ellos, una vez que se había enterado de su interés por saber cómo estaba. Por supuesto, Juande y Juan lo entendieron. ¿Queréis ser policías? Pero aún hay algo más detrás de esta historia que la hace muy especial. En su visita a dependencias policiales el comisario jefe hizo una pregunta a los héroes: «¿Queréis ser policías?» Juan, que cursó Filología inglesa aunque algo más tarde de lo habitual, le dijo que no, que su ilusión es trabajar en lo suyo. De hecho, con lo que gana de repartidor de pizzas se paga el máster que cursa en estos momentos y por ahí quiere enfocar su futuro. Juande, en cambio, no lo dudó: «Sí, ese es mi sueño. Me voy a presentar a las oposiciones en cuanto acabe el Bachillerato». Ya apenas le quedan un par de asignaturas… «Y eso, ¿por qué?», continuó interesándose el comisario: «Me gusta; ya lo quería ser antes y después de esto es aún mayor la ilusión que tengo». A la vista de la respuesta, el jefe policial zanjó: «Hace falta gente como vosotros»… En nombre del padre ¿De dónde le venía a Juande esa ilusión por ser policía? Hay que remontarse a la tarde-noche del 30 de enero de 2013. Ese día Luis Manuel Contreras Reyes asestó 53 puñaladas, concentradas en el rostro y en la cabeza, a Juan de Dios Espinosa durante una discusión por una deuda de 100 euros. Solo una de ellas era mortal de necesidad. Fue lo que se conoció como el crimen de Las Fuentezuelas, que tuvo una enorme repercusión en esa ciudad «en la que nunca pasa nada». Pues bien, Juande, uno de los héroes de Jaén, es hijo de Juan de Dios Espinosa. En aquel momento terrible tenía solo 13 años, por lo que aquello le marcó. Sus padres se habían separado solo seis meses antes por los problemas del progenitor. El chaval, dentro de la enorme dureza de aquellos acontecimientos, quedó impresionado por la eficacia y humanidad de la Policía, que en apenas 48 horas resolvió el crimen. Hubo un par de implicados más, igualmente arrestados, pero al final solo fue juzgado el autor material, que fue condenado a 15 años. Aquellos acontecimientos despertaron en Juande esa ilusión por ser policía. Su segundo contacto con el Cuerpo llegó un tiempo después, cuando fue llamado a comisaría. La razón: había comprado un teléfono móvil que había sido robado. Por supuesto, él no tenía ni idea de aquello y así se lo contó a los agentes, que lo entendieron. De nuevo el trato había sido muy correcto y otra vez se había sentido atraído por vestir ese uniforme. Antes de eso, había querido ser bombero y trabajar fuera de España. Las circunstancias hicieron que Juande dejara los estudios a los 18 años, con el Bachillerato sin acabar. Primero fue socorrista en Barcelona, pero aquello no terminaba de llenarle y regresó a su tierra. Desde entonces ha trabajado en dos etapas distintas en la pizzería. En la última ya lleva dos años en el puesto. Casos con alma noticia No El aspirante a médico que taponó una yugular cuando iba a por la cena noticia Si Los policías de Entrevías que cuidaban a los hijos de las prostitutas Sin embargo, en todo este tiempo no se ha olvidado su objetivo y poco a poco, aprobando dos o tres asignaturas al año, va a acabar sus estudios. Con el título de bachiller en la mano será el momento de intentar conseguir su sueño. Tiene decidido que se va a preparar con todas sus fuerzas para aprobar la oposición a la Policía. Habrá que ver cuál es su rendimiento académico, pero a la vista está que en ilusión, ganas y actitud pocos aspirantes le van a superar. Si lo consigue, y ojalá así sea, un héroe se unirá a los muchos que cada día prestan sus servicios en el Cuerpo. Seguro que ese día, su madre, que ya está orgullosa de él y recorta cada noticia sobre Juan y su hijo, aún se será más feliz por tener un chaval tan especial como este.. «¡Me cago en el padre de los hermanos Lumière!». Si no han visto a Ortega Cano con una bicicleta en la mano y gritando a un reportero de ‘Sálvame’, no han visto la ira en su última manifestación televisiva. Y no es porque los españoles usemos en condiciones normales el tono que otros guardan para la bronca. En voz muy alta: «¿Qué queréis? ¿Que me ponga violento? ¿Qué queréis? ¿Que vaya a la cárcel? ¿Qué queréis? ¿Qué queréis? ¿Qué queréis? ¡Que me dejéis tranquilo! (esto mucho más alto)». Ese sentimiento de indignación y furia es ira. Claro que el ejemplo cinematográfico más recurrente es Michael Douglas en ‘Un día de furia’, con ese hombre que saboteado por todos y hasta por el aire acondicionado de su coche, va pasando del bate de béisbol al cuchillo hasta llegar a las armas de verdad (todo prestado) y acabar con una pistola de agua. Los pecados capitales de rosa Belmonte noticia Si ¡Viva Cristo! ¡Viva el yerno de Marx! noticia Si Comer, comer Steinbeck no condena la ira de Tom Joad. En la novela se lee: «En los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas, las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, […] listas para la vendimia». Henry Fonda, que es Tom Joad en ‘ Las uvas de la ira ‘, de John Ford, regresa de la cárcel por un homicidio y en el periplo que su familia emprende contra el hambre vuelve a matar a un tiparraco violento que protege a los ricos. Es lo único que le queda. Y eso lo ve Steinbeck, el lector y el espectador. La ira de Jack Nicholson en ‘El resplandor’ es otra cosa. Pero la de Sissy Spacek en ‘Carrie’, otra novela de Stephen King, es la mejor vengadora contra los abusones (abusonas) de instituto. Siempre ha sido muy fácil ofender a un español. No sé, nombrándole a la madre. Pero antes no se les llamaba ofendiditos. No te cancelaban, no te maldecían en las redes sociales, te pegaban. Miren en 1948 cuando vino Jorge Negrete y fue a la Estación del Norte toda aquella masa de chifladas (por él). Por la noche, en Villa Rosa, preguntó: «Pero … ¿aquí no hay hombres?». Cuenta Enrique Herreros que Miguel Primo de Rivera y Sáenz de Heredia se le acercó y, alegando hablar en nombre de los españoles, le arreó tal sopapo que lo tiró al suelo. Luis Lucia no pegaba en nombre de los españoles, pero ya sabemos que Fernán Gómez fue un día con él a un bar porque quería pegar a alguien al azar. Lo hizo. El iracundo director fue la inspiración para José María Caffarel en ‘El viaje a ninguna parte’. «¡Me cago en el padre de los hermanos Lumière!» Según Ortega (el otro), no hay pueblo en Europa que posea caudal tan rico de vocablos injuriosos. Quizá Nápoles. Escribió Fernando Díaz-Plaja que con los insultos que tienen que ver con la madre, España no ha llegado nunca al extremo de México, «que en muchos aspectos es España sin Europa». Qué bonito. Pero él no llegó a disfrutar los insultos argentinos a Higuaín por el amistoso previo a Rusia entre España y Argentina en 2018 que acabó 6-1 para la selección española. A Higuaín lo llamaron «cementerio de canelones» o «terrorista de choripanes». Y a Sampaoli, el seleccionador argentino, «tobogán de piojos». La ira puede llegar a la crueldad y a eso que Azorín llamó el canibalismo español. Lo de «es para matarlo» puede ser una frase, pero ahí está la Guerra Civil . Y ningún escritor de crueldades puede superarla. No me digan si no, esa historia de dos que estaban dando un paseo a otro. Los que iban a dar el tiro se quejaban del frío. La víctima también se quejó del frío. «Cabrón, tú no te quejes, que no tienes que volver». Imagino al torero con bicicleta marcándose un «¡Me cago en el padre de los hermanos Vasile!».. «El Museo Británico quiere templar el debate de los mármoles del Partenón». La agria disputa que enfrenta a Grecia y al Reino Unido a cuenta de los mármoles del Partenón parece que podría empezar a suavizarse, o al menos así lo dejó entrever el subdirector del Museo Británico, Jonathan Williams, en una entrevista con la revista ‘Culture’ del ‘Sunday Times’ en la que abrió la puerta a una negociación con el gobierno griego a través de un «partnership» o acuerdo de asociación. Según Williams, la institución que presiden quiere «cambiar la temperatura del debate» en torno a la devolución de las esculturas, que fueron sacadas del país a comienzos del 1800 por Lord Thomas Bruce Elgin , entonces el embajador británico ante el Imperio Otomano. «Lo que estamos pidiendo es una ‘asociación del Partenón’ con nuestros amigos y colegas en Grecia», dijo Williams, quien añadió: «Creo firmemente que hay espacio para una conversación dinámica y positiva» entre las partes que permita «encontrar nuevas formas de trabajar juntos». No obstante, el subdirector del Museo defendió que las obras de arte que decoraron el Partenón durante siglos son una «parte absolutamente integral» de su colección, por lo que no habló abiertamente de ceder a la exigencia del gobierno heleno de que sean devueltas a su lugar de origen. «Hay muchas cosas maravillosas que estaríamos encantados de pedir prestadas y prestar», matizó. Sus palabras llegan después de que el mes pasado el director del museo, George Osborne , sugiriera que hay un principio de acuerdo para resolver la histórica disputa y declarara que es necesario abordar la discusión «sin condiciones previas ni demasiadas líneas rojas», aunque no dio ninguna propuesta concreta. Noticias Relacionadas estandar No El Museo Británico celebra los 200 años de la Piedra Rosetta Ivannia Salazar estandar Si Los otros 3.000 tesoros de Nubia que vinieron a España además del Templo de Debod Mónica Arrizabalaga El director del Museo de la Acrópolis, Nikolaos Stampolidis , reaccionó diciendo que cree que existe una «base para conversaciones constructivas» con esta oferta de una «asociación positiva», pero sí dejó clara su postura: «En los días difíciles que estamos viviendo, devolverlos sería un hecho histórico». Pero esa posibilidad no parece contemplarse. El Museo Británico sostiene que los objetos se obtuvieron de forma legal y en marzo del año pasado el primer ministro británico, Boris Johnson, declaró que el propietario legítimo de los mármoles es el Reino Unido, después de que el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, reiterara que «fueron robados en el siglo XIX» y se mostrara dispuesto a «llegar a una acuerdo» con el museo para enviar, en calidad de préstamo, otros «tesoros culturales que nunca han salido del país».. «Corín (capítulo 9)». PESTAÑA relato-corin-2022 Capítulo 9 9 La idea de utilizar a aquel grupo de tareas de Sursegur, integrado por cuida blindados y por exonerados de los servicios de inteligencia de las distintas fuerzas, era incoherente con ese pedido, y además le producía espanto. Había aprendido que su negocio eran los sentimientos, y que esa materia resultaba demasiado frágil como para dejarla en manos de rústicos. Su escuelita atraía también a esas especies detestables: policías o militares que pretendían un cursito veloz para subir posiciones en su respectivo escalafón. Pero Cora y Fina hacían esfuerzos para desalentarlos y para acoger, en compensación, a los inofensivos, a civiles con ganas de comprender la ambigüedad de las emociones y a lo sumo de jugar al detective. En la segunda parte del curso, cuando se pasaba de la teoría a la práctica, Cora los llevaba a la calle y les señalaba objetivos al azar para complicados seguimientos a pie, que se hacían escalonados y dirigidos por ‘walkie-talkies’. Solían ser jornadas intensivas, y no exentas de sorpresas desagradables, como cuando una mujer dobló una esquina y esperó a su perseguidor –un jardinero de Castelar– con una pistola reglamentaria. Era una policía bonaerense con licencia médica, y usaba una Browning G-P 35, que le puso en la cabeza. El jardinero temblaba como un malvón y Cora tuvo que salir de las sombras y convencer a la sargenta de que se trataba de un simulacro. Muchas veces había permanecido horas y horas en su Renault Kangoo con un ‘alumno’ que quería sacarle a toda costa conversación: Cora tenía una regla de oro, y consistía en no charlar, no leer, no escuchar música, no consultar el teléfono, no distraerse con nada, no hacer ninguna otra cosa que esperar, un arte abismal que no era para cualquiera. Cuando el seguimiento cruzaba la General Paz, y precisaba de varias manos y de un cronograma de distintos turnos, Fina revisaba la cantera y buscaba a un ex alumno que residiera en la zona y que quisiera plegarse a la misión. En una oportunidad, uno de sus improvisados ‘detectives’ desapareció y hubo que rastrearlo por Ituzaingó y aledaños con los pelos de punta, y hasta avisarle finalmente a la comisaría, porque nunca se reportó y porque la esposa avisó que no había vuelto a dormir. El episodio terminó en hecatombe, dado que ante la emergencia el comisario decidió cortar por lo sano y llamar directamente al objetivo orginal de la pesquisa: fue así como el chico se enteró de lo que sus padres sospechaban. Que se juntaba con amigos para drogarse, cuando en realidad tenía un novio. El chico no podía creer que sus progenitores hubieran sido capaces de contratar a un investigador privado: eran ridículos y traidores, y usó ese discurso ofendido para defenderse del disgusto que les producía a esos católicos de misa diaria enterase de sopetón de que su hijo era gay. Para quien significó un verdadero bochorno y una mácula en su reputación, fue para Cora Bruno y asociados, hazmerreír de policías, abogados y escribientes. Por suerte, los padres y el hijo no andaban para reclamos ni para levantar el perfil en las redes y desacreditar a la agencia, de modo que el informe de daños al final no resultó tan catastrófico. El ‘detective’ amateur, por su parte, reapareció veinte horas más tarde, contando una fábula absurda e incongruente, que improvisaba ante las autoridades y sobre todo ante su cónyuge. Hasta que ella, harta de esa trama inventada, lo mandó directamente a la mierda. La verdad es que, durante la persecución, se había cruzado y enredado con una antigua novia de la secundaria. Una cosa llevó a la otra, el asunto se recalentó, y acabó en un hotel de la calle Olavarría. Entre un cansancio y otro, el exalumno se había dormido. ¿A quién no le ha pasado alguna vez? Fina lo tachó de la lista. Había aprendido que su negocio eran los sentimientos, y que esa materia resultaba demasiado frágil como para dejarla en manos de rústicos Otro incidente desafortunado había tenido como protagonista a Lorena Vázquez. La peluquera había ingresado con un entusiasmo desbordante en la escuelita y en las cenas de los lunes, pero con su incontinencia verbal provocaba estropicios en los dos campamentos. Aunque le habían tomado cariño, la contadora y la hermana de Cora la enfrentaban dialécticamente, cada una desde su ideología amorosa. Marisa Grillo había experimentado de joven un amorío turbulento, que la había obsesionado y destruido: «Me obligaba a ser otra mujer, alguien que yo no era, ¿me entienden?». Luego de un largo duelo y de mucho rodaje, volvió a su eje, encontró por fin a un hombre bueno y se enamoró de su bondad. «¡La bondad no excita!», le retrucaba Lena, con el pelo rojísimo y la cara arrebatada. Marisa, con parsimonia contable, le explicaba que su vida erótica les resultaba razonablemente satisfactoria a los dos, y que habían logrado un compañerismo maravilloso: «Ya sé que les debe sonar algo snob –ironizaba–. Pero somos personas comunes y felices. Pido perdón si alguna se siente ofendida». Claudia Bruno la respaldaba en su postura, puesto que ella también anhelaba esa clase de acuerdo perenne y dichoso, aunque desde que se divorció todo era ilusión y fiasco. Se había comprado ropa y se había puesto de nuevo en circulación, tratando de no engancharse con un cliente ni con un alumno de la escuelita de Cora; a veces metiéndose en sitios y aplicaciones de encuentros, y aceptando citas más o menos a ciegas. Pero, como cualquier integrante de esa mesa, su hermana sabía demasiado del cortejo y las imposturas, padecía la fatiga de combate, y entonces los veía venir desde muy lejos con sus trampas románticas. El hombre posmoderno había aprendido los trucos del romanticismo para la depredación sexual, y últimamente las damas debían ser más suspicaces que nunca, puesto que los tipos decían lo correcto. Y lo correcto era irresistible. De hecho, Claudia Bruno no había podido evitar dejarse arrastrar por ciertas ilusiones ópticas, que a la postre terminaron en grandes desengaños. A través de Tinder había trabado relación con un profesor de filosofía, con página propia en Internet, que después de unas semanas de apasionamiento y grandes promesas, se esfumó sin despedidas ni explicaciones. Devastada por esa desaparición, Claudia repasó puntillosamente con Cora los diálogos y las circunstancias que habían compartido para ver en qué se había equivocado. Fina les comunicó al día siguiente que el fulano tenía cuatro perfiles diferentes en la web y que en los otros tres, era alternativamente periodista, actor del under e ingeniero electrónico. Su actividad en las redes resultaba frenética, jugaba simultáneas, y en realidad se trataba de un vendedor de seguros con familia numerosa que vivía en Chivilcoy. «Es la auténtica lucha de clases –se divertía Fina observando el partido desde la platea–. Ellos están programados para picotear, ellas para retener. Ellos montan carpas, ellas construyen edificios». Cora le recordó que cada vez más mujeres buscaban meros desahogos. Que también ellas usaban y tiraban. «Sí –respondía Fina–. Pero estadísticamente son menos, y todas defienden la soledad bien entendida: la independencia. Algunas dicen una cosa, y hacen otra; se mienten así mismas y después mienten a los demás». Fina oyó en la línea el tono de su preocupación, y esa misma madrugada le metió un virus al cazador que colapsó sus dos ordenadores y sus tres teléfonos La peluquera era la antítesis de todas estas alternativas. Coleccionaba chicos malos, y cuando de casualidad caía en sus redes alguno con buenas intenciones, ella terminaba limando la chance, poniéndole los cuernos, abandonándolo por el camino: la aburrían. Los retorcidos, en cambio, la transformaban en la heroína de un gran drama. ¿Quién no soñó con ser la protagonista de un amor imposible? Lena era una adicta a ese culebrón, por eso siempre elegía a casados, a evitadores o a malditos. Tenía la hipótesis de que los infieles eran mejores en la cama, y que no había nada más estimulante que las relaciones prohibidas. Soñaba con situaciones idílicas, pero inexorablemente acababa en montañas rusas llenas de peligros, ingratitud, traición, dolor y camelo. «¡Me encanta ser un objeto sexual! –confesaba–. Pero admito que el costo es alto». Esa costumbre había ocasionado fuertes perturbaciones entre el alumnado, aunque la peluquera no era la única culpable. Su ojo clínico había dado, por supuesto, con el chico malo de la clase, y éste realmente se las traía: era socio de una mueblería de diseño y se había anotado en la escuelita de detectives como antes lo había hecho en un curso de salsa y en un seminario de autoconocimiento. Para cazar en el zoológico. Era un psicópata de manual, y un Casanova de barrio: juraba amor eterno mientras te desvestía, te celaba con cualquiera, te llevaba a la cumbre y te confinaba en el sótano, ponía el giro a la derecha y doblaba a la izquierda, y medraba con el secreto y con las fantasías del futuro. Nadie le había proporcionado tanto éxtasis a la peluquera, ni la había tenido en vilo tantas veces, y eso que ella era presa habitual de estos antropófagos. El cazador la cercaba, la dominaba, le ofrecía su falsa vulnerabilidad y la volvía vulnerable, le pedía que le pegara, la fornicaba en lugares públicos, la asfixiaba con su sombra y después se borraba una semana entera sin avisar adónde iba: podía estar con otra mujer, o pescando con amigos en el Paraná. Por cierto, Fina percibió antes que nadie el juego a tres bandas que sucedía bajo sus propias narices: otras dos alumnas recibían los calores del cazador, y pronto comenzaron los conflictos internos. Una muchacha de Flores la agarró a la peluquera de las mechas a la salida, y hubo que separarlas con llaves de yudo. Cora citó al donjuán, le devolvió el importe de la matrícula y le pidió que no volviera por la agencia. El donjuán quiso entonces seducirla, y después hacerse el gallito y hablarle de sus derechos ciudadanos. Cora tenía ganas de retorcerle los huevos, pero se contuvo. Noticia Relacionada reportaje No Corín (capítulo 8) Jorge Fernández Díaz Por fin llegamos ayer a saber cómo Cora llegó a ser Corín, un mote irónico que le pusieron en la empresa. Lobo, el general retirado, le lleva su primer cliente corporativo, un banquero que sospecha de su esposa Por la noche, su imaginación extrasensorial le permitió concluir que el caníbal no se rendiría, al revés: buscaría revancha, y trataría de empiojar aún más las cosas desde afuera. Fina oyó en la línea el tono de su preocupación, y esa misma madrugada le metió un virus al cazador que colapsó sus dos ordenadores y sus tres teléfonos. Tardó una semana el galán en reconstruir todo lo que había perdido, y entonces Fina lo llamó con un distorsionador de voz y le ordenó que abandonara ese coto, porque la próxima vez podrían también entrar en colapso sus órganos vitales. El cazador, como era lógico, puso distancia con la agencia y dejó un tendal de damiselas parejamente abandonadas y llorosas, y en las clases volvió a reinar la paz durante algún tiempo.. «Miguel Falomir : «Tenemos más de 400.000 seguidores en TikTok»». —El Prado salva el honor de Madrid. —Ahí estamos. Va justito. — En Barcelona, el museo más visitado es el del Barça. —El peso de la Historia es importante. El Museo del Prado es el principal reclamo turístico desde el siglo XIX, y durante años quizá el único. —Pero si fueron ustedes la capital de un imperio. —Sí, pero no tenemos tantos museos o palacios, o un urbanismo monumental, como por ejemplo tienen Londres y París. El Prado es su contenido y su continente, y además está en una de las pocas ubicaciones de Madrid que aún reflejan lo que en Europa es una gran capital. —Y todo esto para ganar al Barça. —Hace 30 años nos llamaban el museo enfermo de Europa, pero ha habido un esfuerzo y una constancia y ahora nos sentimos razonablemente orgullosos. Nuestra adaptación tecnológica está considerada entre las mejores del mundo. Tenemos más de 400.000 seguidores en Tik-Tok. —¿Cómo cree que le sienta a Velázquez en el Cielo lo del Tik-Tok? —Seguro que bien, pero con una gran sorpresa, porque era un autor palaciego, sólo para los ojos de unos pocos. No llega al gran público hasta que se abre el Museo del Prado. —¿No buscaba la eternidad? —Fuera de la Corte no lo conocía nadie. Pero es cierto que a partir del Renacimiento a muchos autores se les nota que buscan perdurar con su pintura a través del tiempo. Otra cosa es que la pintura no era un arte de masas en aquella época. —Francesc Cambó, Alfonso Guerra. —Cambó dice en sus diarios que cuando en el Congreso había demasiado ruido se iba al Prado para estar solo y poder pensar. Alfonso Guerra también explica que al día siguiente de la victoria del PSOE de 1982 necesitó estar solo y se fue al Prado. El turismo de masas es algo relativamente nueva para el Museo. La afluencia de público se ha multiplicado por 5 o por 6 en los últimos 20 años. —¿España se vende bien? —Tenemos que vendernos mejor y con argumentos más variados. —Tenemos el mejor país del mundo. —Y un concepto no demasiado elevado de nosotros mismos. —Un madrileño cuando viaja va a más museos que en Madrid. —Es así pero pasa lo mismo en todas partes. Las estadísticas están ahí y son muy similares. Cuando vas fuera intentas verlo todo. —¿Pasea de noche por el Museo? —Alguna vez lo he hecho. Es la primera fantasía que intentas realizar cuando te nombran director. Una vez lo has hecho, lo que quieres es que las salas estén llenas. —¿Le ha servido para ligar? —Es que yo llegué ya casado. Pero en los años 50, 60 y 70 si querías ligar con una extranjera tenías que ir al Prado. La mayor concentración de suecas de la ciudad la teníamos aquí en el Museo. —Dicen que funcionaba. — Los más tímidos saben que epatan más con un comentario ingenioso sobre Las Meninas que con una copa en la mano. —Los dineros. —El Prado tiene desde 2003 una ley propia. Es la primera institución cultural que la tuvo. Antes de la pandemia, el 65-70% de nuestra financiación salía de los recursos que éramos capaces de generar. Los ingresos cayeron en picado con el cierre y ahora nos estamos recuperando. De todos modos, creo que habría que llegar a un equilibrio de mitad y mitad, porque en un Estado sin Ley de Mecenazgo, una autofinanciación superior al 50% pone al Museo en una cierta sensación de precariedad. —¿Lo virtual sustituirá la visita? —Las reproducciones digitales son técnicamente indistinguibles del original. Ahora se hacen incluso con textura, con el relieve de la pincelada. Pero no se trata de técnica sino de sensaciones. Es el áura de Benjamin. —El aire de Las Meninas. —La tecnología no sustituye la contemplación, al contrario. El conocimiento virtual aumenta las ganas de visitar el original. —¿No querría fugarse con su cuadro preferido para vivir con él y que nadie le molestara nunca más? —Entiendo el sentimiento pero no es el mío. Me gusta verlo y que lo vean los otros. —Esto es sexo en grupo. —En el instante que lo veo es enteramente para mí, aunque el siguiente visitante venga a desmentirme. Supongo que el amor no es tan distinto.. http://www.databot-app.com

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De mariapiluca

bohemia y soñadora, el sol me persigue, la luna me embruja, todas las noches sueño algo, y los sueños están para cumplirlos, ponte tus metas día a día, y no te vengas a bajo, soy firme ante los problemas y al mal rato buena cara

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