News – Noticias «James Taylor: el artesano arrasa en Madrid». El concierto es un baile con el recuerdo de Holly y su acogedora casa de madera y piedra canadiense. Eran los primeros compases de la adolescencia, confusos y exaltados, y aprendí «Carolina in my Mind» con la idea de cantársela. Hay algo de lo acogedor que era su casa, en la que siempre crepitaba una chimenea, en el Auditorio de hoy: cuatro focos en simetría, apenas tres taburetes y el minimalismo de un salón de suburbio norteamericano. Es maravilloso porque James Taylor es mortal. Duda, olvida líneas en alguna canción y se le nota tenso , especialmente en la primera mitad. No tiene ese aura de grandeza, de ser mayor que la propia vida que sí tienen otros y eso le vuelve cercano: es un artesano cuya misión es pelear con el papel aún sabiendo que la norma es la derrota. Arrancan puntuales con «Something in the way she knows» , directa al corazón. James Taylor, desde ahora «el artesano», sufre. Titubea, se olvida y la termina como puede, poniendo una sonrisa forzada. El concierto es el primero de la gira europea y se notan nervios en su alta y escuálida armadura. Sigue Country Road y sucede lo esperado: entra en calor y el concierto se convierte en un ritual de alquimistas . Noticia Relacionada estandar Si James Taylor: «Ingresar en un psiquiátrico borró las expectativas que mis padres tenían de mí. Me hizo libre» Nacho Serrano El legendario cantautor de Boston pasa con su gira por Madrid (día 19), Barcelona (20) y Bilbao (22) La banda, «All-Star Band», son tres de los mejores músicos que he visto jamás. Steve Gadd, célebre batería, es capaz de hacer que la música se llene de colores aún tocando pianissimo y lentissimo. Al buen músico se le conoce tocando despacio y suave ; salvo contadas excepciones, ese es el setlist que trae el estadounidense. Es imposible exagerar la diferencia acústica entre el Auditorio y cualquier otro recinto de «macroconciertos» de la capital. Se escuchan los graves con nitidez, no como una manada de demonios chillando y sí como el pegamento sónico que debe ser en la música. La banda son «sólo» cuatro, un formato reducido que ayuda: batería, bajo, una g uitarra eléctrica solista y James Taylor, que es buen guitarrista acústico con una mano derecha más que notable. Sin forzar, tocando con el volumen al 6, llenan de magia la sala sinfónica; si el mundo tuviera sentido, todos los conciertos serían aquí. «Sweet baby james» sigue y se lucen todos. Taylor susurra sobre el tremolo sutil de un guitarrista virtuoso. El bajista, sin apenas tocar, está en todos lados y Steve Gadd, ahora con escobillas, es locomotora de vapor en una tarde soleada de Brookline, Massachussets. El artesano empuña la eléctrica por primera vez y, solo de armónica incluido, lanza a la banda en un lento blues («Steamroller») donde bajista y guitarra intercambian un par de solos . Como canciones destacan, aparte de las obvias, «Copperline» y «Up on my roof» , que cierran la primera mitad. Ya en el segundo pase, lágrimas en «Don’t let me lonely» , una de esas baladas atemporales que ha esculpido el artesano. En ella se aprecia que su voz, brillante en el registro agudo, ha perdido fuerza en el grave; peajes de la sabiduría. La banda, que sigue a lo suyo, juega al pilla-pilla en «Fire and Rain», renovando el clásico con mucho éxito y protagonismo de la sección rítmica. Los hits empiezan a encadenarse y se intuye el final. «Carolina in my mind» , que suena como la casa de madera y piedra canadiense en la que vivía Holly, le arranca unas gotas de lluvia a mis ojos y «Mexico» , favorita personal, contagia su energía a pesar de varios lapsus líricos del artesano. Menos mal que suena «Shower the people» , recordándome un detalle que había olvidado mencionar: su dicción al cantar es sublime, siendo ese aspecto tan fácil de olvidar una de las diferencias entre los muy buenos y las leyendas. El final se cuenta sólo. «Smiling face» , brillante canción donde el artesano pelea de nuevo con sus limitaciones, abre la puerta a los bises: «You’ve got a friend» y «How sweet it is» , sin duda una de sus mejores obras. MÁS INFORMACIÓN James Taylor, una leyenda fiable y balsámica Ya en casa, una tormenta golpea Madrid. A través de la ventana escucho las gotas, la abro y, poéticamente, su crujido al caer se parece al de la chimenea de aquella casa de madera y piedra en la que toqué «Carolina in my mind» para una chica hace ya 13 años. Igual le pego un toque.. «Gruzinski y el crisol hispano contra los tópicos criollos». En 1561 un sacristán indio, de nombre Antón, fue detenido en Zacatecas (México) por hurtar un libro. Según se supo en la indagatoria, vivía fascinado con las imágenes y letras que contenía. La monarquía española acababa de fundar las primeras universidades en América; tras Santo Domingo, en México y Lima. Felipe II, tras un breve pero interesante periodo como rey de Inglaterra y cabeza de la iglesia anglicana, se disponía a convertirse en promotor de la primera globalización, fundada en la plata, el papel y las cartas de navegar hispanas. El debate sobre la existencia, o no, de clero nativo y mestizo, se hallaba en pleno apogeo. Los últimos conquistadores habían tenido que elegir entre una jubilación honrosa o la demencia en las selvas tropicales, como ocurrió con el guipuzcoano Lope de Aguirre. Las imprentas ultramarinas arraigaban en las emergentes urbes criollas. Reproducían una fascinante amalgama cultural, patente en los libros que se publicaban en América. Estos se han contemplado de modo tradicional como la expresión de la novedad y la utopía del «Nuevo mundo» , cuando lo que afirmaron fue distinto.’ ENSAYO ‘Conversación con un mestizo de la Nueva España’ Autor Serge Gruzinski Editorial Alianza Año 2022 Páginas 376 Precio 14,90 euros 5 El encuentro, el choque, el hallazgo, la traducción, la inevitabilidad de una red planetaria común , que desde entonces une los cinco continentes. Tras el encuentro, acontecía lo impredecible. Eso que hemos llamado mestizaje. «Provenientes de la mezcla de culturas distintas», así define a los mestizos el Diccionario de la RAE. Nomadismo La referencia es impecable, mas, como bien ha señalado el historiador francés Serge Gruzinski muchas veces a lo largo de su obra, la más sólida interpretación no acomplejada ni anglocéntrica de la historia global, todo fue mucho más complicado. Lo que importaba en una tierra súbitamente conectada por obra y gracia -nunca mejor dicho- de la monarquía española, no era de dónde se procedía, sino hacia dónde se quería i r. La flexibilidad, la capacidad de nomadismo y desplazamiento, por supuesto era lo que contaba. La procedencia, la genealogía, pesaban mucho menos de lo que estamos dispuestos a asumir hoy, con cinco siglos de tópicos criollos, victorianos, mitos nacionales e indigenismos de blancos a nuestras espaldas. Gruzinski planteó ya en ‘Las cuatro partes del mundo. Historia de una mundialización’ (2010), una interpretación de la monarquía de los Felipes españoles como máquina de poder global. El pasado -español, europeo, occidental- fue más grande que este alicaído presente que vivimos, dedicado a pedir perdón por todo. En el volumen precedente de este que nos ocupa, ‘Para qué sirve la historia’ (2018), Gruzinski esbozó planteamientos que ‘Conversación con un mestizo de la Nueva España’ lleva al extremo. La Historia tiene que contar historias. A los europeos y americanos de hoy, mexicanos, franceses, españoles, mapuches, a todos, es preciso explicarles que los procesos de fabricación de imperios, metrópolis y fronteras, llevan cinco siglos aconteciendo y, el que los niega, se niega a sí mismo. De ahí que la operación intelectual que representa esta ‘Conversación’, en expresión recogida en el excelente prólogo de José Antonio Martínez Torres, implique «un diálogo ficticio con un personaje real». Los tlaxcaltecas, protagonistas fundamentales de la coalición indígena mesoamericana Diego Muñoz Camargo, mestizo de Tlaxcala, nació en 1530 y murió en 1599. Alcalde mayor de su ciudad natal, por tanto la más alta autoridad local, en 1584 cruzó el océano Atlántico. Con un propósito definido, l a entrega a Felipe II de una «Historia» de su lugar de origen . Se trató de un acto de acentuada obediencia, pues respondía a una petición oficial de envío de «Relaciones geográficas», los informes periódicos que la corona solicitaba a los reinos ultramarinos y eran cumplimentados con burocrática exactitud. Nobles indios Incorporado como intérprete a la comitiva de nobles indios vasallos tlaxcaltecas, fueron recibidos por su majestad entre marzo y mayo de 1585. Muñoz Camargo lo fue en varias ocasiones, por lo que no cabe dudar de la curiosidad y fascinación de Felipe II por la Nueva España y hasta por el propio personaje. El rey, desde luego, les otorgó lo que le pidieron . Cédulas y privilegios, así que retornaron felices a las Indias. La primera mitad de la obra está dedicada a contarle ritos y costumbres de Tlaxcala, «aquel señorío que los aztecas no lograron dominar». Los tlaxcaltecas fueron en efecto protagonistas fundamentales de la coalición indígena mesoamericana que, junto a los españoles, acabó con la tiranía caníbal de los aztecas. La segunda parte se ocupa de la conquista. Muñoz Camargo es hijo de conquistador. Admira profundamente a Cortés, pues su misión, cuenta, era servir a Carlos V. Serge Gruzinski «conversa» con él. Es un ganador de la historia. Un «mestizo de la Nueva España». Un mexicano, sobre cuya autoestima y orgullo de ser no existe duda alguna. Los capítulos sucesivos, una indagación sobre su mentalidad , exploran los orígenes; su boda con otra india de la nobleza, Leonor Vázquez, con quien tiene un hijo y una hija; o los exitosos negocios ganaderos y logísticos que emprende, «acomodado» con éxito en las estructuras culturales y políticas del imperio filipino. Autocalificado siempre como español , teje un enjambre de relaciones y presume que «todos hemos de ser uno». ¿Cómo podía ser de otra manera?. «Liudmila Ulítskaya: «Al salir de Rusia no estaba salvando mi vida, sino mi libertad»». Liudmila Ulítskaya (Dablekánovo, Rusia, 1943) luce el pelo corto y entrecano, un jersey de cuello alto y una mirada tan profunda que atraviesa la pantalla y nos recuerda todo lo que ha perdido: en el exilio siempre es invierno. A veces es cortante al responder, y entonces ríe, y otras mira al tendido invocando algún recuerdo, alguna idea, alguna duda. Es una de las voces más conocidas y reconocidas de la literatura rusa, aunque ella, en un principio, quería ser genetista. También quería vivir en Moscú toda la vida, pero ahora tiene su residencia en Berlín, lejos de la guerra, en un apartamento que antes solo era de paso. Cosas de la Historia. —¿Qué recuerda de su salida de Rusia? —Me acuerdo de todo. Hora por hora. La terminal aérea de Sheremetyevo desierta como nunca la había visto. Los escasos viajeros, la gente confusa, perdida. Había una ausencia total de turistas. Una ausencia casi total de hombres. La gran mayoría eran mujeres con hijos y padres ancianos. —¿Le ha cambiado mucho el exilio? —Para responder a esto necesito vivir alejada de Rusia durante más tiempo… Como dicen los biólogos, lo de ahora es una «experiencia aguda». Y una experiencia se considera aguda cuando el animal sujeto puede morir como resultado del trauma. Y no diré más. —¿Qué echa de menos de Rusia? ¿Confía en volver en algún momento? —Añoro mi casa, la vista desde mi ventana, a mis amigos. ¿Que si confío en volver?… La esperanza es lo último que muere, ¿no? —Eso dicen… Sus abuelos también se vieron obligados a marcharse de Moscú durante la Segunda Guerra Mundial. ¿La historia se repite? —Bueno, aquella fue una historia completamente diferente. Mi abuela se fue durante la evacuación con los niños, cargada de maletas y cacharros, y mi abuelo, que por la edad ya no era apto para el reclutamiento, estaba en las milicias. Las tropas alemanas estaban acercándose a Moscú y los evacuaron a los Urales… Era una historia totalmente diferente: se trataba de salvar la vida de sus hijos y nietos. Yo, al salir de Rusia, no estaba salvando mi vida, sino mi libertad. —¿Ya era incómoda su vida en Rusia antes de la guerra? —Nunca he buscado la comodidad, ni siquiera entiendo el concepto. Los occidentales y los rusos tenemos ideas diferentes sobre el confort. Hace poco leí que en Rusia cerca de un setenta por ciento de la población tiene que seguir utilizando letrinas de pozo ubicadas en los patios de sus casas… Yo vivía en Moscú en un apartamento bastante grande en una buena zona. Si me hubiera quedado allí habría vivido en ese piso… —Le cito: «Así como comenzó el siglo XX con la Primera Guerra Mundial, el siglo XXI comienza ahora, es como si esta guerra marcara un punto de inflexión». ¿No hay vuelta atrás? —Es lo que creo. Cronológicamente, el siglo XXI comenzó en el año 2000, pero históricamente su comienzo lo marca esta guerra. —Primero fue la pandemia y su gran crisis económica, después la guerra y una crisis más grave aún, y tenemos de fondo los efectos del cambio climático, cada vez más evidentes. Parece que vuelven tiempos trágicos, ¿no? —Me gustaría que no fuera así. —… —Esto depende de cómo nosotros percibimos la realidad. Y la depresión clínica o el mal humor que está experimentando tanta gente en estos momentos no ayuda a sobreponernos a esta situación. En Rusia existe una fábula antigua sobre una rana que cae a un cuenco lleno de leche y empieza a batirla con sus patas intentando salvarse. Y la bate y la bate hasta que consigue crear un trozo de mantequilla. Entonces se apoya en él y salta fuera del cuenco. Y no muere. La cuestión es que tengamos las suficientes fuerzas para salir de esta. —He leído que ya apenas escribe. —En realidad, escribo. Pero sí, poco. —¿Y sigue leyendo? ¿La literatura le sigue sirviendo como refugio? —Seré lectora de por vida. La literatura es un refugio perfecto, como la música: el gran Johann Sebastian Bach nos dejó muchos regalos, y yo se lo agradezco enormemente… A veces me gustaría que la realidad se pareciera más a la literatura, pero por desgracia la realidad es más cruel y despiadada que la literatura. —Le reboto una pregunta de su libro ‘Mentiras de mujeres’: ¿por qué las mujeres fantasean mejor que los hombres? —Tiene que ver con la historia rusa, que está escrita por los hombres. Hombres que entran en guerra para arrebatarse pedazos de territorios. Como consecuencia de eso, en Rusia el gran peso de la vida recayó sobre las mujeres: desde el trabajo de las fábricas que producían todo lo necesario para la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, hasta el sustento de la familia. Otro ejemplo: las carreteras en Rusia las asfaltaron mujeres, y las mujeres soñaban y fantaseaban con las cosas domésticas, con no trabajar. Mientras las mujeres occidentales luchaban para retomar las riendas de sus vidas, las mujeres rusas solo soñaban con regresar a su querida cocina. Ahí donde se daban los sueños y fantasías y las mentiras de las mujeres. —Antes de escribir se dedicó a la genética, ¿lo echa de menos? —No me he separado del todo de la ciencia; sigo la actualidad de la genética, que es frenética: lo que nos enseñaban en la facultad de Biología hace cincuenta años hoy se imparte en el instituto. Además, creo que algunas de las habilidades que adquirí se mantienen en mi trabajo actual. —¿En qué sentido? —Mi profesión de genetista ha definido mi realidad como escritora, mi mirada, porque la genética es la única ciencia que se interesa por lo que nos ocurrió ayer para saber qué nos pasará en el futuro. —Las tensiones diplomáticas de Occidente con Rusia se han trasladado también a la cultura rusa, que de pronto es sospechosa. Y en este contexto usted recibe el Formentor… —Me gustaría pensar que el premio se me concedió por méritos literarios y no por ninguna otra razón. Hoy en día, cuando la cultura rusa es tóxica para el mundo por razones políticas, me alegro de que me sigan publicando. Tengo información de que muchas editoriales están reconsiderando sus planes y se niegan a publicar a autores rusos. Es una realidad triste. Pero también es en parte comprensible. La cultura y la política no se llevan bien. —Se está hablando mucho del exilio ucraniano y tal vez no tanto del ruso, ¿no cree? —No lo sé, ¿dónde se dice? ¿En los periódicos? No soy una gran aficionada a los periódicos… Aquí, en Berlín, en la calle se oye a menudo hablar en ruso. Nunca he oído el ucraniano. Tal vez porque en Ucrania, en sus regiones orientales, la mayoría de los ucranianos hablan ruso y sólo en la parte occidental del país, en Lviv, se podía escuchar la gente hablando el ucraniano en la calle. Creo que la guerra, o la operación especial, o como quieran llamarla, acabará por llevar a la maduración de la nación ucraniana, y se cortará el cordón umbilical que unía a las dos culturas. Me imagino cuántas maldiciones caerán sobre mi pobre cabeza después de estas palabras… —Rusia es un país con una historia trágica y una literatura riquísima, una de las más potentes del mundo. ¿Hay una relación entre estos dos fenómenos? —Por supuesto. De la nada, nada nace. Son los cataclismos históricos, las calamidades, las persecuciones, los que dan pie a la literatura. —¿Debemos esperar una gran literatura después de esta guerra? —Ahora estoy leyendo a fondo a los autores rusos que se fueron del país despues de la Revolución de 1917. Y es muy interesante porque la cultura, a menudo, suele emigrar. Es posible que sea eso lo que está ocurriendo en estos momentos. —¿Hay una cultura propia del exilio? —Creo que sí. Los libros que fueron escritos fuera de Rusia en el siglo XX jamás se hubieran podido escribir dentro. Los relatos más rusos de Iván Turguénev fueron escritos fuera de Rusia. Él regresaba a sus orígenes, a lo que había abandonado, al campo, las aldeas rusas. Pero lo hacía desde París. Y Nabokov, que es uno de mis escritores favoritos, tardó veinte años de vida creativa en empezar a escribir sobre Occidente. Todo lo que escribió antes tenía que ver con Rusia. —¿Le interesa mucho Nabokov? —Aunque parezca extraño, para mí el mejor escritor de la literatura rusa es Nabokov. Sé que en Occidente lo consideran un escritor norteamericano, pero es un escritor ruso: más de la mitad de su obra está escrita originalmente en ruso, y él y su hijo tradujeron casi toda su obra en inglés al ruso… Cuando me siento mal, cuando estoy de mal humor, tengo dos remedios: uno es leer la prosa de Aleksandr Pushkin, y el otro es leer unas líneas de Nabokov. Eso me basta para recuperar el ánimo. Noticia Relacionada LIBROS estandar Si Maria Stepánova y los tesoros de la memoria Mercedes Monmany Gran poeta, narradora, crítica literaria y ensayista, Maria Stepánova (Moscú, 1972) es uno de los nuevos valores de las letras rusas —Por cierto, ‘El Quijote’ fue el primer libro serio que cayó en sus manos, ¿no? —Sí, me acuerdo muy bien, porque no fue una lectura fácil ni rápida. No me separé del libro durante mucho tiempo, al menos un año… Es una de las grandes novelas del mundo, ha sido adaptada al cine decenas de veces, se han representado obras de teatro sobre ella. En Rusia incluso fue prescrita para luchar contra el orden mundial reaccionario. Para nuestros maestros marxistas Don Quijote era casi un precursor de los gloriosos bolcheviques… Es un libro maravilloso, y que todavía me encanta.. «Iceta deja en el olvido dos proyectos clave para el sector de la danza». Año tras año, y ya va casi una década, el sector de la danza contempla cómo las promesas del Ministerio de Cultura para proteger y fomentar sus actividades siguen quedándose en bonitas declaraciones de intenciones. El departamento que ahora dirige Miquel Iceta se comprometió en 2020 a poner en marcha el Centro Nacional de Difusión de la Danza (CNDD), una reclamación histórica del sector, pero dos años después el proyecto sigue guardado en un cajón y sin perspectivas de que se ejecute a corto plazo, igual que la idea de dotar a la Compañía Nacional de Danza y al Ballet Nacional de España de un teatro sede . «Los dos proyectos son muy necesarios e importantes, y se tienen que realizar lo antes posible», afirma Valeria Cosi , presidenta de la Federación Estatal de Compañías y Empresas de Danza (Feced). «Nuestras compañías nacionales son las únicas que no tienen como sede un teatro. El CNDD es fundamental para esto. Dentro del proyecto estaba contemplado un espacio para el sector independiente, que es una de nuestras demandas. Hay que encontrar la manera de que los recursos lleguen y no se vuelva a estancar algo que ya estaba en marcha». Noticia Relacionada estandar Si La danza en España, a debate: «La modernidad es la sinceridad, hacer lo que hay dentro de uno» Julio Bravo Blanca Li, Rubén Olmo y Gabriel Matías charlan para ABC sobre la situación actual y cuestiones como la pandemia, la creatividad y la diversidad de las propuestas En efecto, la ex directora general del Inaem Amaya de Miguel dio en julio de 2020 el visto bueno al borrador de la orden ministerial por la que se crearía el CNDD, siguiendo el modelo del Centro Nacional de Difusión, que funciona desde 2011, ante la «necesidad de fomentar de forma prioritaria y estratégica la difusión nacional e internacional de las compañías españolas de danza». Cultura hablaba entonces de que su puesta en marcha era «inminente»; era cuando el exministro Uribes se declaraba muy preocupado por la frágil situación del sector. El antecesor de Iceta incluso anunció que había presupuestado 2 millones de euros en las cuentas de 2021 para la creación de esta entidad. Según el borrador del proyecto acordado por el Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música, la sede del CNDD estaría ubicada en la calle los Madrazo, en Madrid. Entre sus fines, además de fomentar la creación y la difusión de la danza española, se contemplaba la posibilidad de que el CNDD colaborara también con instituciones públicas y privadas para «fomentar la programación y difusión de repertorios coreográficos o compañías de danza». El borrador del proyecto acordado contemplaba que la sede del Centro Nacional de Difusión de la Danza se ubicara en Madrid Solo quedaba hacer oficial el texto y dotar a la oficina de personal –en principio siete funcionarios–, poner en marcha los estatutos y nombrar una dirección. Llegó 2021, Pedro Sánchez nombró a su cuarto ministro de Cultura y, con Iceta, Joan Francesc Marco sustituyó a Amaya de Miguel al frente del Inaem , el órgano del ministerio encargado de gestionar las artes escénicas de producción estatal. Desde entonces, no ha habido un solo movimiento más, pese a que el Ejecutivo se comprometió a presupuestar otros 3 millones para este ejercicio. Cambio de criterio Una portavoz del Inaem asegura a ABC que el CNDD «se mantiene como proyecto de interés», pero desde el sector de la danza ya no saben a qué atenerse. Más aún después de que Francesc Marco declarara en junio que había que darle «dos vueltas» al otro proyecto que había encarrilado Amaya de Miguel: dotar a la Compañía Nacional de Danza de un teatro sede en la antigua estación de Delicias, para lo cual se había suscrito un protocolo con el Ayuntamiento de Madrid y Adif. Según se recoge en los Presupuestos de 2022, Cultura contemplaba seguir trabajando este ejercicio en el futuro Centro Nacional de la Danza, «el emplazamiento idóneo para las sedes estables de la Compañía Nacional de Danza y del Ballet Nacional de España, que podrían desarrollar así una programación continua». El nuevo centro, según el Gobierno, «podría ofrecer a diferentes compañías públicas y privadas, nacionales e internacionales, la posibilidad de exhibir sus espectáculos». Feced veía en este centro también satisfecha la demanda de los profesionales de la danza de contar con salas de ensayo y recursos para la producción. El director general del INAEM, Joan Francesc Marco, y el director de la Compañía Nacional de Danza, Joaquín De Luz, presentan la temporada 2022/23 EFE El nuevo director general del Inaem, en cambio, considera ahora que Delicias es un «erial» y «no hay perspectiva inmediata, en un plazo corto», para la creación de este deseado teatro. El sector asiste a esta errática política con desazón, pues ve cómo pasan los años y siguen sin concretarse las iniciativas previstas, e incluso aprobadas. Antes de que en 2020 el Inaem por fin diera el visto bueno a la creación del Centro Nacional de Difusión de la Danza, habían hecho falta cinco años de reuniones y pedagogía. «Las partidas que se habían presupuestado para este proyecto se van a perder», avisa Valeria Cosi, de Feced. «Por fin habíamos conseguido dar un paso importante y ahora se ha parado». El Inaem, por su parte, defiende que la sede de las compañías nacionales de danza –el Ballet Nacional de España y la Compañía Nacional de Danza– es el Teatro de la Zarzuela y que están trabajando con este centro para incrementar las fechas de exhibición de cara a la próxima temporada. «Sobre la construcción de un teatro sede de las compañías estatales de danza y lugar de exhibición de compañías privadas no se descarta la capital de España», añade una portavoz oficial, pese a que Francesc Marco dijo ser más partidario de «hacer algo más coral». El proyecto de Delicias, afirma el Inaem, «sigue su curso».. «Hallan en Israel una cueva con un enterramiento intacto de la época del faraón Ramsés II». La Autoridad de Antigüedades de Israel ha confirmado el descubrimiento accidental de una cueva funeraria de unos 3.300 años de antigüedad. Hallado en el Parque Nacional Palmahim, en el Mediterráneo, el enterramiento data de la época del faraón Ramsés II , cuando el Imperio egipcio controlaba Canaán, hoy Oriente Próximo. La cueva, que estaba intacta , fue descubierta durante el curso de unos trabajos por una excavadora. Al no haber sido saqueada, los investigadores piensan que las piezas de cerámica y bronce encontradas en su interior han permanecido exactamente en el mismo sitio donde fueron depositadas durante el ritual funerario, celebrado hace más de tres milenios. La procedencia de las piezas encontradas reflejan el intenso comercio exterior de la época Autoridad de antigüedades de israel En aquella época, la administración egipcia proporcionó condiciones seguras para un extenso comercio internacional en la zona. Ese intercambio está presente en los numerosos objetos presentes en el enterramiento. Se han registrado vasijas de cerámica, como cuencos, algunos cálices pintados de rojo, ollas y jarras, algunas de las cuales fueron importados de la costa libanesa. También había recipientes más pequeños importados de Tiro, Sidón y otros puertos a lo largo de la costa del Líbano e Israel, mientras que los objetos de cerámica más grandes proceden de Chipre. Según Eli Jannai, arqueólogo de la Autoridad de Antigüedades, el hallazgo supone «un descubrimiento único en la vida «, pues de acuerdo con los científicos, la cámara puede proporcionar además una imagen completa de las costumbres funerarias en la Edad de Bronce.. http://www.databot-app.com
Categorías