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News – Noticias «Marruecos toma España: la explosión de hinchas en ciudades y pueblos». En la calle Manolo Escobar de El Ejido no sonó anoche el ‘Que viva España’. El árabe es el idioma habitual. En una pantalla, en una de las esquinas, en el café de Abdelrahim muchos jóvenes seguían los penaltis por la ventana. Cada fallo de España era un pequeño conato de explosión, hasta que llegó Hakimi. Al traspasar el balón a Unai Simón estalló la alegría. Las banderas salieron volando y algunas camisetas. «Eo, Eo, este el comienzo de la felicidad», gritaba un grupo de chavales en árabe, al que se le unió cada vez más gente, hasta ser cientos las personas que celebraban en esta calle, centro del barrio marroquí de esta ciudad almeriense. Esa tarde los propietarios de los invernaderos había dado dispensa a sus trabajadores. La Policía local controlaba que la celebración no se desmadrara, mientras que la Policía nacional estaba desplegada en la esquina con el bulevar para evitar que se cortara la vía principal. En medio de todo ese cordón, cientos de personas lanzando su alegría al cielo. Algunos lloraban de emoción, otros tiraban caramelos, saltaron los confetis y otros regaban con agua a los asistentes. Una explosión de júbilo por meterse en unos cuartos de final de un Mundial 36 años después. «Ya nos tocaba», decía uno sobre una señal de tráfico. Hacía calor. Desde las puertas de los locutorios se grababa y aparecieron las bengalas. Primero el fuego tiñó de rojo el ambiente, luego bombas de humo verde. Una fiesta. La multitud gritaba. «Tira, tira, tira», como cada vez que durante el partido se acercaba un jugador de Marruecos al área de España . «Eso es para se vaya la mala energía», señala Aimar desde la terraza de su bloque de pisos, donde algunas mujeres en bata siguen la celebración desde la distancia. Noticias Relacionadas estandar No Marruecos 0 (3) – 0 (0) España Los penaltis condenan a España: fuera del Mundial José Miguélez estandar Si Todo irá bien Fallar los penaltis Salvador Sostres Entre los celebrantes abundan las banderas de Marruecos, pero también las beréberes entre los rifeños. «Soy africano, voy con Marruecos», dice un senegalés, que se cruza con otro que lleva anudadas la de Argelia y con la de Marruecos. «Gana el Magreb», dice una joven desde un coche mientras agita la bandera de Argelia. No faltan las banderas de España, ni tampoco las camisetas. «España también es mi país», señala entre la muchedumbre Mohamed. Marruecos avanza. «España ya tiene un mundial, pero ahora nos toca a nosotros», afirma Abdelrahim, en cuyo café muchos han seguido el partido. En el bulevar, los coches colapsaron el tráfico. Banderas de Marruecos por la ventana y presionando la bocina hasta quedarse sin fuerza en el brazo. Una vuelta tras otra, sin importar el precio del litro de gasolina. Daba igual todo. Solo importaba celebrar el pase. «No queríamos jugar con España. No queríamos este partido. Marruecos hizo los deberes, pero España no », decía Mohamed en la previa, antes de que los cafés se llenaran. Había previsión de problemas. De ahí el despliegue policial que se llevó a cabo. Los bares que iban a dar el partido hasta pusieron precio a las entradas para disuadir. «No voy a dejar entrar a todo el mundo. He subido el precio para seleccionar a quién entra a ver el partido. No quiero exaltados », aseguraba Abdelghani. Hasta cinco euros costaba un asiento frente a la televisión entre la bandera de Marruecos y la de España. La retransmisión se veía en árabe en una tienda de fruta, en una esquina o en el móvil en una barbería. En el Café California, uno de los únicos que no cobró entrada, los asientos estaban pillados dos horas antes. Allí se celebraba cada acción defensiva de Marruecos, cada regate y cada ocasión de peligro. Había nervios. En este café dos niñas jugaban con globos de Marruecos, vestidas con los colores del país, mientras que uno de los asistentes tendía la alfombra en un lateral de uno de los salones, frente a la tele, y se ponía a rezar. Era el tiempo en el que Ayub buscaba una bandera de Marruecos por todos los bazares. Saray, su pareja, se había levantado por la mañana y le había dicho que iba a ganar España. Había sacado la bandera y le estaba dando la matraca. Tenía puesta la camiseta, pero quería la bandera del país para animar a su selección. «No me ha dicho ni buenos días», decía riendo sobre el pique con su pareja. Con Marruecos y España Había ganas de partido, pero todos decían que la alegría sería igual ganara quien ganara. «El que mejor juegue», decía el pequeño Mouad vestido con la camiseta de Marruecos. «Soy de aquí. Si gana Marruecos lo voy a celebrar, pero si gana España va a ser mi selección a partir de ahora », decía Samir, que acabó agitando la bandera roja con la estrella verde en la calle Manolo Escobar, con las lágrimas saltadas por la felicidad del momento. En la Ciudad Condal parecía que el Barcelona había ganado la Champions. Canaletas se vistió de rojo y verde y, en cuestión de quince minutos tras acabar el partido, una marea humana arrancó dirección plaza Cataluña entre cánticos en árabe, bengalas y mucha, a veces demasiada, pirotecnia. Un altavoz encabezaba la comitiva y un millar de marroquíes celebraba mientras los hogares españoles apagaban el televisor. Banderas, no sólo de Marruecos; también de Argelia, Túnez y Egipto celebraban la victoria. La del mundo árabe casi en su conjunto. La selección de Regragui acababa de hacer historia. La policía había planeado un dispositivo especial anunciado desde el viernes. Con la mirada puesta en Bélgica, donde hace una semana aficionados marroquíes se enfrentaron con la policía en las calles de Bruselas tras la victoria de su combinado, los Mossos d’Esquadra sabían que podía darse una situación difícil. Todavía peor siendo la norteafricana la comunidad extranjera más numerosa en Cataluña. Con más de 238.000 personas de este origen empadronadas , según los datos del Govern. A primera hora de la tarde, la mayor presencia de furgones se notaba en Plaza Catalunya y sus inmediaciones. Rambla adentro, en el Raval, había cientos de personas concentradas. Cada televisor, de cada bar, aunaba decenas de fanáticos siguiendo a su selección. Comentaban el partido en una tortilla de lenguas difícilmente comprensible. Pero no abundaba el español ni el catalán. De hecho, el Raval es uno de los barrios que más inmigrantes acoge, con el 50 por ciento de su población. La ocasión más clara de Marruecos en la prórroga, el disparo de Cheddira, ya dejó entrever el equipo al que animaba la mayoría. Prácticamente nadie se exaltó en la última jugada del partido para España, que fue la ocasión perdida de Sarabia. Para la tanda de penaltis, las calles del Raval parecían Tetuán, Casablanca o Marraquech. El que no animaba a Marruecos, no animaba. Nadie a favor de España. La euforia se desató con el penalti definitivo de Hakimi , nacido en España. Con el gol, las calles se prendieron de bengalas, banderas estrelladas –no ‘esteladas’, que tampoco abundan por estas calles– y juguetones cánticos contra Morata, Luis Enrique y Busquets. Nada fuera de lo habitual en un partido con olor a derbi. Si la facción más joven de la afición se echó a la calle, la mayor parte de la comunidad marroquí, sin embargo, vivió recogida el encuentro. Aprovechando una velada histórica de su combinado para celebrarlo con los suyos. En el restaurante Córdoba, del Puerto del Fòrum (Sant Adrià del Besós), se reunieron 300 personas para disfrutar, además del encuentro, de un menú de media tarde con la familia. Aplausos, vítores y una banda que animaba al ritmo del timbal y la trompeta. Cánticos en árabe y en español. Arroz al curry y pollo a la brasa. La estrella verde sobre el fondo rojo de Marruecos decoraba todas las paredes de la sala. Pero también la rojigualda, país de acogida de una comunidad, que asegura que, de haber perdido apoyarían a España, «su tierra de acogida». Es el caso de Ahmed Senhaje, músico, y natural de Tánger. Se gana la vida con su grupo actuando en bodas árabes, conocidas por su vitalidad. Reconocía a la media parte animar a Marruecos, aunque también se alegraría si pasaba España. Al final del partido era incapaz de contener la emoción. Como él, todo su grupo y la mayor parte de la sala, donde podía incluso verse alguna camiseta española. Evento en paz Lo mismo opina Abdel Kader Magnas, organizador del evento, que se preocupó en todo momento porque se viviera el evento en paz, y animó desde el principio a la comunidad en redes sociales a que no hubieran disturbios ni violencia de ninguna clase. «El fútbol debería ser una fiesta. Animo a Marruecos porqué es donde nací, pero me siento mal en parte por España», apuntaba al final del partido. El incidente más reseñable se produjo en Huelva. Emergencias 112 confirmó una pequeña pelea entre aficionados en un bar en la zona de La Palmera. Según el particular que avisó eran adolescentes de ambos países que se calentaron. El servicio de 112 no recibió ningún reporte de heridos. La pelea no fue a mayores, salvo algunas sillas lanzadas. Según explica Emergencias no hizo falta la intervención de la Policía, cuando llegaron el ambiente ya se había relajado.. «Arrollados por un autobús, las emociones de la noche más triste en Qatar». Morata se echó a llorar, Rodri se derrumbó sobre el césped, Sarabia se quedó con la mirada perdida, Balde se mesó los cabellos, Pedri, absorto, como embrujado, se sentó. Sufrían los jugadores españoles el agudo dolor que se siente cuando te atropella un autobús. Es un dolor inexplicable porque nace de la impotencia y del estupor. Podríamos decir que los penaltis son crueles o incluso que son una lotería, pero Luis Enrique nos reñiría por recurrir a topicazos. Digamos entonces que España no metió gol ni de penalti en un partido en el que dio más de mil pases. Marruecos, apoyado por su ruidosa hinchada, que era mayoría absoluta en el Education City Stadium , recurrió a la vieja estrategia del frontón, del autobús bajo la portería, del todos atrás, y le salió bien. Por eso a Morata le duraba todavía la llorera cinco minutos después del final, pese a los esfuerzos de Robert Sánchez por calmarlo; por eso Busquets caminaba medio zombi por el césped, sin saber qué hacer ni dónde ir; por eso Pedri acabó con el rostro entre las manos, hundido en el banquillo, extenuado y compungido. Noticias Relacionadas estandar No Fútbol La eliminación de España, en cinco claves Javier Asprón estandar No Marruecos 0 (3) – 0 (0) España Los penaltis condenan a España: fuera del Mundial José Miguélez estandar No Fútbol «Shock mundialista»: así ha visto la prensa la eliminación de España estandar No Fútbol El futuro de Busquets, también en el aire Javier Asprón Había malos presagios desde el principio, desde que sonó el waka-waka y su estribillo ‘this time for Africa’ (‘es hora por África’) atronó el estadio, con una hinchada marroquí enfebrecida, que ocupó casi todos los asientos y apenas dejó respirar a los aficionados españoles. De ellos era el bombo, que tocaban con persistencia, y también los abucheos, que no dejaron de sonar en toda la noche. Hubo un momento, durante un inagotable carrusel de pases de España, en el que los silbidos llegaron a alcanzar tal magnitud que pareció que una chicharra descomunal había devorado el campo entero. Los jugadores españoles hacían como si nada, pero aquellos cánticos continuos tuvieron que ir minándoles la moral, sobre todo a medida que el partido se acercaba al final y, pese a su control obsesivo, no eran capaces de encontrar una fisura en la muralla marroquí. A Gavi lo cambió Luis Enrique en el minuto 63 y el chaval entró en el banquillo con la camiseta hecha unos zorros, como si acabara de volver de un campamento. Aquello era una batalla y el fútbol de los españoles, que contra Costa Rica fue poético, se volvió ensimismado y empalagoso. En cuanto vislumbraron la posibilidad de llegar al final del partido con cero a cero, los jugadores marroquíes fueron derrumbándose sobre el césped, gimiendo de dolor, arguyendo fantasmales golpes y desgarros musculares. A los españoles esa táctica, vieja como el fútbol, les puso de los nervios. Los suplentes se levantaban del banquillo, gritaban, pedían explicaciones al árbitro y Luis Enrique perseguía al asistente haciéndole con desesperación el gesto del reloj. Al final hubo descuento pero no goles; hubo prórroga pero no goles; hubo angustia pero no goles. La cara de Nico Williams fue un poema trágico cuando Luis Enrique, que lo había sacado en la segunda parte decidió cambiarlo a cinco minutos del final de la prórroga. Sus compañeros fueron a abrazarlo y el técnico también se le acercó para darle una palmada cariñosa. Anticipaba el desconsuelo de Nico el que poco después sentirían todos sus compañeros, especialmente Sarabia, que salió en su lugar y falló el primer penalti. Una piña Cuando el árbitro decretó el final de la prórroga, los jugadores hicieron una piña en torno a Luis Enrique , que les echó una arenga con mucha pirotecnia gestual. Minutos después, el técnico asturiano se retiró y Busquets, con una libretita, fue apuntando nombres. Unai Simón no se inmutó. Se paseó con su reconocida flema por el césped. Luego se abrazó a Bono, el portero marroquí del Sevilla, y se dirigieron hablando hacia la portería como si fueran viejos colegas que acaban de coincidir en la calle. Se abrazaron, se sonrieron. Se vio a un jovial Unai decir «gracias». Todos los jugadores siguieron la tanda de penaltis abrazados. Los titulares en el campo; los suplentes en la banda. Luis Enrique no. Él se quedó sentado en el banquillo, con cara de circunstancias. Parecía incluso relajado, con el brazo sobre el butacón vecino. Luego, cuando Sarabia mandó su disparo al palo y Ziyech acertó con el suyo, se le vio preocupado. Tras fallar Soler, agachó la cabeza. Los augurios de derrota eran ya acuciantes, insidiosos como una pesadilla. El madrileño Achraf dio el tiro de gracia. Los españoles se quedaron en el centro del campo anonadados, perplejos, sin comprender bien lo que les había pasado. Habían olvidado que un autobús también te puede atropellar.. «La eliminación de España, en cinco claves». España emprende el camino a casa en el Mundial mucho antes de lo esperado y con sensación de fracaso. En el vestuario, caras muy largas y silencio, mucho silencio. Los jugadores, para quienes la mayoría se trataba de su primera experiencia, salen decepcionados y aún dándole vueltas al partido ante Marruecos. Toca esperar otros cuatro años hasta la próxima oportunidad, pero mientras tanto toca analizar lo que ha fallado para que la selección esté fuera de las ocho mejores selecciones del mundo. España tiene previsto abandonar su hogar en la residencia de la Qatar University este miércoles a la nueve de la mañana. A las once la expedición cogerá un vuelo de Iberia que aterrizará en Madrid a las 16.45. Será el fin definitivo del viaje. Posesión sin remate De nuevo se superaron los mil pases ante Marruecos, una cifra que ya se alcanzó en los partidos ante Costa Rica y Japón. Sin embargo, ese dominio abrumador no sirvió para generar muchas más ocasiones que el rival. España remató 13 veces, pero solo una de ellas, un disparo de Dani Olmo, fue entre los tres palos. La selección termina su participación con 48 remates en total (16 de ellos a portería). Es la octava selección en ese apartado en un ranking encabezado por Brasil, con 74. Los sudamericanos han necesitado muchos menos pases y bastante menos posesión para plantarse en los cuartos de final. España acumula el balón, pero en demasiadas ocasiones no sabe bien qué hacer con él. Lo advertía en la previa Regragui, seleccionador marroquí: «Está por ver que la posesión tenga algo que ver con el resultado». Idea fija Ese aspecto lleva a una segunda derivada. Insiste Luis Enrique en que la idea de juego de la selección es innegociable. Quiere tener el balón y atacar independientemente del resultado. Pero el problema es que la mayoría de selecciones parece saber contrarrestar ese patrón, y cuando España choca contra un muro, no parece saber hacer otra cosa que insistir e insistir en golpearse contra la pared. Se ha renunciado conscientemente a un plan B, a probar soluciones diferentes que ofrezcan alguna alternativa ante ese tipo de selecciones que juegan a encerrarse y a esperar cualquier error en una de esas múltiples entregas para armar un contragolpe. En Qatar, el plan que funcionó ante Costa Rica no volvió a hacerlo en todo el campeonato. No al menos de la misma manera. Pero ya lo dijo el seleccionador: «Moriré con mis ideas». Tras caer eliminado, se reafirmó: «Los jugadores han ejecutado el plan al 99,9%. Estoy muy satisfecho de ellos». Noticias Relacionadas estandar No Marruecos 0 (3) – 0 (0) España Los penaltis condenan a España: fuera del Mundial José Miguélez estandar Si Fútbol La historia de un fracaso en Qatar Iván Orio estandar No Fútbol «Shock mundialista»: así ha visto la prensa la eliminación de España estandar Si fútbol Marruecos toma España: la explosión de hinchas en ciudades y pueblos J. J. Madueño / J. Martínez ¿Quién pega cuatro gritos? La selección carece de una figura referencial sobre el terreno de juego, alguien que pegue cuatro gritos cuando las cosas se tuercen o no terminan de salir. Busquets , cuyo futuro en la selección está en el aire, es el capitán y quien lleva la manija. De hecho, si no está bien es cuando más sufre el equipo. Pero el azulgrana, carismático y venerado fuera del terreno de juego, no tiene esa capacidad de motivación dentro de él. Una selección joven como la española es fácil corre el riesgo de verse desbordada si las cosas no van de cara. Se vio ante Japón, donde el colapso de diez minutos por el arreón de los asiáticos costó una derrota que alteró por completo el estado de ánimo de los jugadores. Da la impresión de que aquellos que han de asumir el mando aún están demasiado tiernos. No hay demasiados galones en el equipo. El drama de los penaltis Insiste Luis Enrique en que no son una lotería, que detrás de cada lanzamiento hay un aspecto psicológico y técnico que hay que entrenar. Por eso pidió a sus jugadores que ensayaran en sus clubes desde los once metros. Les puso deberes: mil lanzamientos antes de llegar al Mundial. A la vista está que el experimento fue un fracaso. Tres lanzamientos en la tanda ante Marruecos, cero goles. A Sarabia se lo repelió el palo. Los de Soler y Busquets, tampoco especialmente bien lanzados, los detuvo Bono. Si algo caracteriza a la España de Luis Enrique es su dificultad para sacar adelante las eliminatorias. En la Eurocopa disputó tres. Una de ellas se resolvió en la prórroga, las otras dos en los penaltis. De nuevo ha sido así en la primera oportunidad en el Mundial. Visto lo visto, será necesario entrenar aún más ese aspecto. España se convirtió en Qatar en la primera selección en caer cuatro veces por penaltis en la historia de los mundiales. La convocatoria, a estudio La lista de 26 de Luis Enrique fue objeto de mil y un debates por la presencia de algunos nombres controvertidos y, sobre todo, por otras ausencias sonadas. A posteriori, solo queda el análisis de lo que ha dado de sí esta plantilla, en la que cinco hombres se han quedado sin jugar un solo minuto (Robert Sánchez, David Raya, Eric García, Hugo Guillamón y Yeremy Pino), y otro lo ha hecho de forma testimonial (Sarabia). En la defensa es donde surgen las mayores dudas de si se han llevado los hombres correctos. Dos de los cuatro centrales, escrito está, se han quedado inéditos. A cambio se renunció a Rodri como mediocentro para que ocupara esa posición de zaguero en la que ha disputado todos los minutos del Mundial, el único junto a Unai Simón. Tampoco el lateral derecho ha sido un derroche de confianza, al punto que en octavos el elegido para esa posición fue Marcos Llorente. Por la izquierda condicionaron la baja de Gayà y el desgaste de Jordi Alba. En la delantera, la falta de minutos de Sarabia y Yeremy invitan a abrir de nuevo el debate sobre la conveniencia de haber acudido con un ejército de extremos a cambio de un solo goleador puro.. «Unai Simón: «No nos esperábamos caer con Marruecos»». La desazón, la tristeza y los rostros de incredulidad por el temprano adiós del Mundial protagonizaban la trágica imagen coral de los jugadores de la selección española. Tras un partido lento y espeso donde el ataque no funcionó ante la buena defensa marroquí, ninguno de los hombres de Luis Enrique esperaba tan amargo final. Así lo definió el guardameta Unai Simón : «Estamos viendo que hay sorpresas en todo el Mundial, pero no nos esperábamos caer eliminados por Marruecos, la verdad». Mientras otros buscaban una injusticia donde aferrarse al inevitable presente, como Ferran : «Hay veces que parecía que jugábamos contra 12», hubo otras reflexiones llenas de madurez, como esta de Rodri: «No hemos dado una en los penaltis, nos vamos a casa. El fútbol no entiende de justicia y sí de que la pelotita entre. Digan lo que digan, los penaltis son una lotería. Nosotros no hemos metido ni uno y ellos casi todos». Y continuaba: «Este equipo merecía pasar, ojalá hubiera habido alguien ahí arriba que nos hubiera ayudado un poquito con los lanzamientos». En la misma línea se movió, de nuevo, Simón: «Hemos sido superiores al rival, pero de poco vale lo que diga ahora si no acertamos de cara a gol. En la tanda de penaltis ellos han sido superiores y es lo que les ha hecho llegar a cuartos». Por su parte, Sergio Busquets lamentó la ocasión errada por Sarabia en el ocaso de la prórroga y analizó el partido que jugó su equipo. «Se ha decidido de la manera más cruel. Hemos intentado desgastarlos, darles vueltas, encontrar espacios, pero nos ha faltado la pizca de suerte del último pase y los remates», señaló, sereno el capitán, que decidió no dar pistas sobre su futuro como internacional: «Lo importante es la selección, no yo. Es el momento de estar unidos». Su compañero de equipo, Ferran, quizá por la juventud, afrontó el duelo de otra manera. Al ser preguntado por las posesiones horizontales de la selección, respondió: «Sin colmillo lo diréis vosotros, hemos estado a la altura. El fútbol ha sido injusto una vez más. Muy orgullosos de estos jugadores y de este entrenador». Noticia Relacionada Fútbol estandar No Luis Enrique: «Me hubiera gustado atacar mejor» Javier Asprón El seleccionador no desvela su futuro tras quedar eliminado en los octavos de final Enrocados en el infortunio desde los 11 metros, una de las novedades en el once ante la vecina Marruecos, Marcos Llorente siguió lamentando el desenlace: «Los penaltis es lo que tiene, haces un gran partido y no consigues hacer gol y en los penaltis puede pasar cualquier cosa. Era muy complicado, ellos estaban muy cerrado atrás, el césped tampoco acompañaba y ello han estado muy bien atrás, muy trabajadores todos». El destino de Luis Enrique Tras la eliminación, uno de los temas que inevitablemente emergió a la superficie es la continuidad en el cargo del seleccionador. «¿Que no sea el último partido de Luis Enrique? Es una decisión suya y de la federación», señaló el todocampista del Atlético de Madrid. Sin embargo, Simón indagó un poco más: «Tome la decisión que tome, vamos a apoyarle». Mientras el seleccionador mismo no vio oportuno hablar tras la derrota de su futuro en España, el director deportivo de la selección, José Francisco Molina, afirmó tras el encuentro: «No hemos hablado, ni es el momento. Estamos decepcionados. En los próximos días tomaremos decisiones. No se demorará mucho, pero no sé cuanto. Las dos partes decidiremos lo mejor. ¿Si queremos que siga? No es el momento. Ha hecho un buen trabajo, veremos». Con el incierto futuro en el equipo nacional del entrenador (y de veteranos como Busquets, Jordi Alba o Azpilicueta), la selección dice adiós a Qatar con un nudo en el pecho. Los hombres que maravillaron contra Costa Rica, ilusionaron al país con un serio encuentro ante Alemania y bajaron a la tierra frente a Japón, claudicaron definitivamente en la orilla de los cuartos. Un final que, aunque se asemeje en forma y contenido al de Rusia 2018, es, cuanto menos, más doloroso para un grupo de chicos que aspiraba a todo.  . «La historia de un fracaso en Qatar». Rondo infinito en el Education City Stadium y sonoro fracaso en el Mundial de Qatar, el tercero consecutivo tras la debacle de Brasil y la astracanada de Rusia. La sustancial diferencia con los anteriores es que España había despertado de nuevo la ilusión de las aficionados después de su magnífico comportamiento en la Eurocopa de la pandemia, donde alcanzó las semifinales y cayó ante Italia, a la postre campeona, y por su forma de competir en la Nation League, un torneo que sirve para medir el potencial real de las selecciones del viejo continente. El pletórico debut en el torneo planetario ante Costa Rica , con un 7-0 histórico, alimentó aun más las expectativas en las posibilidades de un grupo que transmitía seguridad en el terreno de juego y que había logrado una paz duradera en su cuartel general, un factor determinante para sustentar la teoría y la práctica de un eventual éxito. Los mandamientos de Luis Enrique, esculpidos en una tabla indestructible desde que llegó hace cuatro años, funcionaban con garantías y el empate ante Alemania , agridulce por cómo se produjo, reforzó sin embargo a los jugadores en su ideario aunque en la segunda parte se apreciaron momentos, mínimos eso sí, de cierto descontrol. Las alarmas saltaron tras la derrota ante Japón . Un tropiezo que estuvo a punto de adelantar incluso más el regreso a Madrid de la Roja –estuvo 180 segundos eliminada– y que el entrenador asturiano atribuyó «a cinco minutos de pánico», olvidándose en su análisis de que sus futbolistas tuvieron media hora para revertir el desaguisado y fueron incapaces de hacerlo. « Con ellos cerrados resultaba muy complicado » fue el mantra en el cuerpo técnico y en el vestuario cuando se les preguntaba por aquel ejercicio de impotencia. Como si nunca hubieran tenido que enfrentarse a rivales con diez hombres por detrás del balón. Eran palabras huecas que no entraban al fondo del asunto, que sonaban a excusa. Noticias Relacionadas estandar No Fútbol Luis Enrique: «Me hubiera gustado atacar mejor» Javier Asprón estandar No El uno por uno de España ante Marruecos: Unai no es suficiente Jorge Abizanda De hecho, excepto durante unos instantes en los que las entradas de Nico Williams y Morata dieron otro aire al equipo, lo cierto es que el choque de octavos ante Marruecos se asemejó bastante a lo que ocurrió ante los asiáticos. Horizontalidad desesperante, lentitud extrema en las combinaciones , movimientos predecibles de centrocampistas y extremos cuando participaron en la circulación y una sensación de fragilidad alarmante cada vez que los norteafricanos recuperaban el balón y se lanzaban al ataque. Hasta que tuvieron oxígeno convirtieron las bandas en una cámara de tortura para los españoles. Lo que sufrió el debutante Llorente, la sorpresa en la alineación de Luis Enrique para este cruce a vida muerte, frente a Boufel no está en los escritos. El seleccionador se ha hartado de asegurar en esta Copa del Mundo –y también antes de aterrizar en Doha– que el estilo que propugna es innegociable. Ha llegado a admitir que, más allá del resultado, le obsesiona que los suyos lleven a la práctica su doctrina hasta las últimas consecuencias . Este mensaje ha calado hondo en la caseta –y en el entorno– porque todos sus integrantes han defendido «a muerte» la singularidad de la Roja cada vez que han comparecido ante los medios. El problema es que quizás se ha producido un error de interpretación del concepto innegociable hasta convertirlo en sinónimo de rigidez e inflexibilidad. Si algo funciona desde luego que es mejor no tocarlo, pero si se aprecian signos de disfunción, por muy débiles que parezcan, es necesario tomar medidas con la máxima urgencia posible. Y, por supuesto, hay que ofrecer alternativas cuando el juego no fluye o el adversario sorprende con algún elemento táctico que no figuraba en el guion. Esta España ha maravillado cuando las cosas le han ido bien en el marcador, pero ha naufragado a las primeras de cambio en el momento en que han empezado a torcerse. MÁS INFORMACIÓN noticia No Canaletas, desbordada de rojo y verde noticia No Derrota digna del mayor dramatismo futbolero noticia No Unai Simón: «No nos esperábamos caer con Marruecos» El paso de la Roja por Qatar ha sido desolador. Se va con una sola victoria frente a la endeble Costa Rica, una derrota ante Japón y dos empates ante Alemania –una potencia mundial– y ante Marruecos, que tiene sus armas pero que es a todos los efectos un rival menor. Luis Enrique se ha declarado el líder de la selección. Y como tal debe dar sus próximos pasos. Huele a cambio de ciclo.. http://www.databot-app.com

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De mariapiluca

bohemia y soñadora, el sol me persigue, la luna me embruja, todas las noches sueño algo, y los sueños están para cumplirlos, ponte tus metas día a día, y no te vengas a bajo, soy firme ante los problemas y al mal rato buena cara

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