News – Noticias «Busquets baja la persiana a un ciclo». En mitad del Mundial, cuando las perspectivas de éxito aún eran elevadas para España, Sergio Busquets bromeaba diciendo que estaba más tranquilo en casa con sus hijos que en la residencia de la Qatar University, rodeado de tanto crío. Se refería a la convivencia durante la concentración, donde el capitán era el más veterano dentro de una de las plantillas más jóvenes del campeonato, con hasta nueve futbolistas por debajo de los 23 años. Aquello, que no dejaba de ser una chanza, tenía un trasfondo. Desde la pasada Eurocopa el mediocentro ya barruntaba la necesidad de dar un paso al lado en la selección. Entonces decidió seguir porque apenas faltaba un año y medio para la siguiente gran cita, ésta de Qatar. Quiso darse una última oportunidad, influido también por la machacona insistencia de Luis Enrique en no perder a uno de sus referentes en el once. Pero superada esa etapa han terminado las dudas. Ayer hacía pública su renuncia al equipo nacional después de 143 partidos y casi quince años al pie del cañón. Se marcha el último campeón del mundo que aún resistía en la selección desde el Mundial de Sudáfrica: «Ha sido un honor representar a mi país y llevarlo a lo más alto», explicaba el centrocampista en una larga nota de despedida en la que se sucedían los agradecimientos (compañeros, entrenadores, seguidores, familia…). Más allá de los títulos, Busquets se marcha orgulloso por su desempeño, «siempre dándolo todo y aportando mi granito de arena para que todo fuera lo mejor posible y que todos sintieran lo importantes que son, ayudando a todos y luchando por un mismo objetivo». Noticias Relacionadas opinion Si Qatar 2022 El Mundial de los penaltis fallados Alberto del Campo Tejedor estandar Si Fútbol El libreto de Luis de la Fuente Javier Asprón Queda la duda de si Busquets aún habría aguantado un poco más de haber seguido Luis Enrique en el banquillo. No habría sido hasta el próximo Mundial, como pretendía convencerle el anterior seleccionador, pero sí al menos hasta el próximo mes de junio, fecha de la Final Four de la Nations League en los Países Bajos. Hubiera sido una última ocasión para despedirse con un título y no con un penalti fallado en la tanda ante Marruecos como última imagen. Pero sin Luis Enrique , ni siquiera eso tenía sentido. El jugador ha preferido dejar vía libre a Luis de la Fuente para que conforme un equipo a su gusto sin la atadura de contar con él solo durante unos meses, sabiendo que no estaría para la siguiente gran cita, la Euro 2024 en Alemania. ¿Hay sustituto? Entre las tareas del riojano como nuevo seleccionador queda pendiente, pues, la de encontrar cuanto antes al nuevo líder de la selección en esa doble vertiente que ejercía Busquets dentro y fuera del campo. En la primera, los focos apuntan a Rodri, sustituto natural por más que en el Mundial se le utilizase de central. En el apartado personal, por jerarquía y número de internacionalidades los siguientes del escalafón son Jordi Alba, Koke y Morata . Eso, sin contar con la opción de recuperar a Sergio Ramos. Fuera de esos perfiles no hay nadie con el suficiente ascendente sobre sus compañeros como para llenar ese lugar. España echará de menos la capacidad de Busquets para mover y marcar el ritmo del equipo. También su carácter ejemplar, silencioso y sin estridencias. Siempre era el primero en acercarse a los nuevos en las concentraciones de Las Rozas, en incorporarlos a las dinámicas del equipo. El bloque compacto formado por los internacionales en esta última época es, en buena medida, culpa suya. Él, que siempre prefirió Sergio a Sergi y huyó de cualquier significación política, echará de menos escuchar el himno nacional abrazado a sus compañeros. Eso, y las partidas interminables de pocha. Busquets echa el cierre a una década y media de presencia internacional en la que los éxitos del principio dieron paso a una etapa bastante menos productiva. A la selección se incorporó en 2009, con solo veinte años. Apenas llevaba unos meses como futbolista de Primera y tampoco había tenido una presencia destacada en las categorías inferiores, pero su desempeño en aquel Barça de Pep Guardiola, que fue quien le subió al primer equipo, llamó la atención de Vicente del Bosque . El salmantino también cayó rendido a Busquets, que le dedicó una de las frases más celebradas e icónicas sobre su figura: «Si volviera a ser jugador me gustaría parecerme a Busquets». Debutó en el Ali Sami Yen de Estambul en una victoria ante Turquía (1-2) sustituyendo en la segunda mitad a David Silva. Al Mundial de Sudáfrica llegó ya como titular. La derrota ante Suiza en el debut le convirtió en uno de los señalados por la prensa y los aficionados, pero no por Del Bosque, que siguió confiando en la sociedad que formaba con Xabi Alonso en el mediocentro, una pareja que acabó dando un resultado extraordinario. También fue importante dos años más tarde en la consecución de la Eurocopa 2012. Poco a poco fue ganando presencia en el vestuario, donde ya era uno de los capos en la noche de los cuchillos largos que acabó con la destitución de Julen Lopetegui a pocos días del arranque del Mundial de Rusia. Entonces se posicionó del lado del entrenador vasco, por más que Luis Rubiales acabase sentenciando al seleccionador. El presidente de la RFEF, por cierto, estaba al tanto de la decisión de Busquets, y fue el primero en reaccionar a ella: «En ocasiones el corazón puede restar objetividad a mis palabras: tampoco lo pretendo, Sergio es un jugador que va a trascender generaciones por su inmenso legado». Durante el resto de la jornada se sucedieron los mensajes de cariño y de despedida hacia el capitán, entre ellos algunos destacados de sus antiguos compañeros, como los de Xavi y Casillas. Otros, como los de Morata o Eric García, de aquellos con los que han compartido vestuario con él hasta el último momento. La renuncia a la selección anticipa también lo que serán sus últimos meses como miembro de la plantilla del Barcelona. En junio acaba contrato, y camino ya de los 35 años, el mediocentro apura su estancia en la élite para afrontar un futuro más plácido en la liga estadounidense.. «La misión histórica de Francia». A Francia le costó asomar la cabeza en los mundiales de fútbol . Hasta 1958, hasta el tercer puerto de aquella selección comandada por Just Fontaine, no tocó el podio. El punto de inflexión llegó con la generación de Michel Platini, que acabó cuarta en 1982 y tercera cuatro años después. Y el despegue se produjo en 1998, cuando fue sede de la Copa del Mundo. Los frutos de la Academia de Fútbol de Clairefontaine brotaron a tiempo y la camada de Zidane, Henry, Deschamps, Djorkaeff y Thuram se llevó, al fin, el título mundial. La ola francesa no ha dejado de crecer. Repitieron victoria en Rusia 2018. La de mañana será su cuarta final en los últimos siete mundiales. Y con Deschamps ahora al mando, la selección gala puede convertirse en la tercera, tras Italia (1934-38) y Brasil (1958-62), que encadena dos triunfos consecutivos. La lista de retos a cumplir es aún mayor: si Francia bate a Argentina en Qatar, Deschamps será el único que ha ganado el torneo una vez como jugador y dos como entrenador. Mbappé, la estrella gala, sumará dos entorchados cuando aún no ha cumplido los 24 años y se acercará a los tres títulos de Pelé. Y Marcus Thuram, que tuvo una actuación clave en la semifinal frente a Marruecos, firmará otro hito si su selección triunfa: es hijo de Lilian Thuram, campeón con Francia en 1998. Nunca un padre y un hijo han ganado el Mundial. A Francia le sobran desafíos en Qatar. Para conseguirlos, eso sí, tendrá que pasar por encima de un rival, Argentina, que se siente con la deuda histórica y sentimental de darle a Messi el Mundial que su gigantesca trayectoria merece. La memoria de este torneo deja claro que no es fácil ganar de forma consecutiva. Italia lo hizo en 1934 y 1938. Era otro mundo, previo ala II Guerra Mundial. El país estaba entonces bajo el yugo de Mussolini, que se tomó la cita deportiva como un misión patriótica. El lema ‘vencer o morir’ tuvo allí más sentido que nunca. Y los jugadores, con tal estímulo, ganaron para evitar el paredón. A Mussolini no le gustaba el fútbol, pero vio en él un altavoz para su propaganda. Se empeñó en organizar el Mundial de 1934. Y ordenó a su seleccionador, Vittorio Pozzo, que lo ganara. El técnico y la plantilla tragaron saliva. Noticia Relacionada Fútbol estandar No Un virus pone en jaque el plan de Deschamps Javier Asprón El técnico ha ido perdiendo confianza en los suplentes y llega a la final con lo justo En los cuartos de final se cruzaron con España, aquel equipo de Zamora y Lángara. Hasta siete futbolistas españoles acabaron lesionados. Los italianos jugaban como si hubieran ido a la guerra. En la final batieron a Checoslovaquia tras recibir en el descanso del partido un arenga del ‘Duce’. Mussolini también utilizó el Mundial siguiente, el de 1938 disputado en Francia, para su campaña política. Los jugadores vestían de negro, como la fuerza paramilitar del partido fascista, y saludaban con el brazo en alto. Hungría fue su víctima en la final. Luego llegó la guerra de verdad. Pese a todas las bajas El segundo doblete es obra de Brasil. De Pelé, el jugador perfecto, y de Garrincha, imprevisible hasta para su propio equipo. En 1958 levantaron el trofeo tras, dicen, la mejor final jamás disputada, aquel 5-2 ante Suecia. Y cuatro años después, en Chile y con Pelé lesionado, fue Garrincha, con una pierna acortada por al poliomielitis, y su genial regate, el que llevó al trono a la ‘canarinha’. Sin Pelé, mito mundial, Garrincha sería el gran mito brasileño. Fumador desde los diez años y luego bebedor compulsivo, una vez le preguntaron cuántos hijos tenía: «Once o doce», respondió. Dicen que fueron catorce… o más. Con Garrincha, Pelé, Didí y Amarildo, Brasil reinó en el mundo. Francia quiere emularles ahora con Griezmann y Mbappé. Su estilo es otro. Compacto. Sin preocuparse de poseer el balón. Prefieren sacarle rendimiento cuando lo tienen aunque lo tengan menos. La selección de Deschamps conserva cinco supervivientes del equipo que ganó en 2018: Lloris, Varane, Griezmann, Mbappé y Giroud. A Qatar vino sin los lesionados Pogba, Kanté y NKunku. Ya en el Mundial causaron baja Benzema (Balón de Oro) y Lucas Hernández. Y en la semifinal frente a Marruecos no pudieron jugar, enfermos, Rabiot y Upamecano. Pese a tanto, ha parecido siempre el mismo equipo que se ha adueñado del fútbol mundial desde 1998. Le queda la valla argentina para repetir título y alcanzar en la carrera histórica a aquella Italia de Mussolini y a aquel Brasil de Pelé y Garrincha. Misión histórica.. «La doble vara de la FIFA: no a la Superliga, sí al Mundial de clubes». Solo 24 horas después de que Athanasios Rantos, el abogado general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), hiciera público su dictamen no vinculante respecto a la creación de la Superliga , en el que afirma que UEFA y FIFA tendrían la potestad de admitir o no en sus competiciones y federaciones a los equipos que quisieran montar otros torneos por su cuenta, el máximo organismo del fútbol anunció que, a partir del verano de 2025, el Mundial de clubes pasará a tener 32 equipos y se jugará cada cuatro años. Algo así como una Superliga mundial con una cadencia temporal similar a la de la actual Copa del Mundo de naciones. El torneo anunciado no es un completa novedad, pero no por eso deja de ser llamativa su creación a la vez que FIFA le ha tendido la mano a la UEFA para pelear contra la Superliga. El Mundial de clubes ya estaba programado para estrenarse en China en 2021, pero el estallido de la pandemia, y la consecuente reorganización de todo el calendario mundial del fútbol, obligó a su aplazamiento. «Hace algunos años habíamos tomado una decisión sobre esta competición, pero no se celebró por la pandemia, dejando su lugar, en 2021, a la Copa América y a la Eurocopa. Se estrenará en verano de 2025 con los 32 mejores equipos del mundo y tendrá tanto éxito como el actual Mundial», auguró Infantino en Doha. Sin embargo, no dio más detalles del cupo de plazas ni del modo de acceder a ellas, tampoco del lugar de celebración ni de las fechas, aunque parece claro que se jugará durante el mes de junio, ocupando el hueco dejado por la ya desaparecida Copa Confederaciones. A la espera de ese nuevo formato del Mundial de clubes, el de esta edición, que estaba en el aire y en el que participará el Real Madrid, se disputará en Marruecos, entre el 1 y el 11 de febrero de 2023, según desveló la ayer FIFA. Noticia Relacionada Fútbol estandar No Infantino confirma que habrá un Mundial de clubes con 32 equipos en 2025 Javier Asprón El presidente de la FIFA anuncia un presupuesto de 11.000 millones de dólares para los próximos cuatro años En paralelo al anuncio del presidente de la FIFA, en el Hotel Ritz de Madrid, a 7.100 kilómetros de la capital qatarí, tenía lugar ayer un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum con Bernd Reichart , CEO de A22 Sports Management (empresa encargada de poner en marcha la Superliga) y Luis Alonso, socio director del área Mercantil de Clifford Chance. Ambos estuvieron acompañados por Florentino Pérez y Joan Laporta, así como por miembros de LaLiga y de Jaume Roures, el dueño de Mediapro. Un acto en el que se analizó el dictamen de Athanasios Rantos. «Es solo una opinión del abogado general del TJUE. La sentencia llegará en la primavera del año que viene. La Superliga no está muerta, está muy viva», reflexionó Bernd. Durante su intervención, dejó un par de datos interesantes para argumentar su defensa del nacimiento de una Superliga europea. «Un joven ve diez horas de fútbol y, en cambio, se pasa 300 delante de la PlayStation. Un partido de la previa de la Champions genera seis veces más de audiencia que cualquier partido intrascendente. No queremos que el fútbol sea visto solo en resúmenes en TikTok, sino que los jóvenes sigan los noventa minutos de un encuentro. Para eso hay que innovar y cambiar el formato». Reichart considera que si no se actúa ya, el peligro es evidente. A su juicio, así lo demuestran los nuevos hábitos de consumo y no entiende la cerrada postura de la UEFA en contra de la Superliga . «El interés de los aficionados ha cambiado. El fútbol ya no compite con el ciclismo, el baloncesto o el tenis, sino que compite con Netflix o HBO. La UEFA no puede ser todo a la vez. Es juez y parte. Regula y admite o no participar. Decide quién accede al mercado o quién no. Es algo increíble. Tiene que abrir el mercado y marcar unas reglas. Lo admite el propio informe. La UEFA se cree las Naciones Unidas, y hay competiciones que cuestionan su propia legalidad y se adaptan a los tiempos que corren».. «El final de Tebas». Messi y Mbappé son la misma derrota de la Civilización, el mismo triunfo de la corrupción y la misma cara pintada de la Liga. Ni el Barça pudo retener a Messi ni el Madrid pudo fichar a Mbappé. Y todavía Tebas quiere dar lecciones sobre los peligros del fútbol español . Pese a la propaganda de sus terminales mediáticas, lo que ha dicho el abogado del Tribunal de Justicia de la Unión Europea -cuya opinión no es vinculante- es que se pueden organizar competiciones al margen de la UEFA y la FIFA, reconociéndoles, eso sí, la capacidad de veto a ambas. Es decir: que la Superliga es perfectamente legal pero que la Liga podría expulsar a Barcelona y Madrid de su competición. Esto no es un problema real para ninguno de los dos equipos, porque La Liga en general y sus equipos menores -es decir, el resto- son los primeros interesados en que de ningún modo se marchen los dos únicos que atraen dinero de verdad. Tebas se va a quedar solo si echa a Barça y Madrid. De hecho, antes de que pueda hacerlo, lo desalojarán a él de la presidencia de Liga los que le encumbraron porque precisamente les prometió repartirles el dinero de los grandes. Es el problema de los cínicos: que el argumento siempre se les acaba girando en contra. Hasta uno tan malo, y tan mezquino, como Jaume Roures ha reñido con él. Ayer lo quiso escenificar en una conferencia en Madrid en defensa de la Superliga, a la que acudió para hacerse el encontradizo con el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, al que saludó muy afectuosamente. Llamó poderosamente la atención su presencia en el evento, que le mandaba a Tebas un mensaje devastador. Ni siquiera colgó su típico tuit macarra al salir, ése que hace parecer a los clubes que le apoyan una banda de mariachis colgados de un dictador. Que Messi y Mbappé jueguen en la liga francesa para entretener a oligarcas árabes es corrupción y fraude. Pero también el espejo del atraso de un fútbol español deficitario, poco interesante y sin ninguna vertebración empresarial. La opinión del abogado europeo no es un revés para la Superliga, como se ha dicho, sino el principio del fin de Tebas, que tendrá que elegir entre tragársela o que le muelan a palos los de su secta -como a todos los falsos profetas les pasa- cuando tenga que decirles que les prometió un dinero que no era suyo.. «La venganza de Scaloni». El nombramiento de Lionel Scaloni (Pujato, 1978) como entrenador argentino fue un movimiento desesperado, un simple remedio para ir tirando. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA), siempre envuelta en escándalos, no encontraba la manera de enderezar el rumbo de una selección que llevaba casi tres décadas sin conseguir un título. Messi , que brillaba con el Barcelona, parecía agostarse con la camiseta albiceleste e incluso coqueteaba con la idea de no volver más. Estaba harto de amarguras, sospechas y conspiraciones. Tras el Mundial de Rusia, cuando Argentina cayó eliminada en octavos, la AFA decidió recurrir a Lionel Scaloni, que había sido ayudante de Sampaoli y dirigía el combinado sub-20. Era un arreglo provisional. Dio la impresión de que los dirigentes argentinos ya no sabían qué hacer. Lo recibieron de uñas. Periodistas, exjugadores y entrenadores se echaron las manos a la cabeza y lo criticaron por no tener cualificación ni pedigrí. En su primera rueda de prensa, le llegaron a preguntar si era verdad que tenía el carné de entrenador. Visiblemente molesto, pero con paciencia franciscana, explicó que se había sacado el título en España, con otros antiguos futbolistas profesionales que habían jugado en la Liga. Scaloni fue durante nueve temporadas una pieza clave del Superdépor y también militó en el Racing de Santander y en el Mallorca. El verbo calmado y didáctico del nuevo seleccionador no atemperó los reproches, que rebasaron la frontera del insulto. Óscar Ruggeri, campeón del mundo en 1986, se quejaba de que no hubiese «un proyecto serio» y Diego Maradona, cuyo currículum como entrenador cabe en una hojita, se permitió atizarle sin misericordia: «Scaloni es un buen chico, pero no vale ni para dirigir el tráfico. El problema es que un día se crea técnico y quiera ir a un Mundial. Puede ir al Mundial de motociclismo, si quiere, pero al de fútbol no». A Maradona le daba rabia que la selección argentina cayera en manos «de un pibe» y no del Tata Martino, que acababa de ser nombrado director técnico de México. Noticia Relacionada Qatar 2022 estandar Si El rey y el heredero se disputan la corona Pío García La final del Mundial depara el duelo más esperado entre Leo Messi, que busca el único gran título que le falta, y un hambriento Kylian Mbappé Lionel Scaloni tragó quina y no entró al trapo. Desde que se sentó en un banquillo tan caliente se ha conducido con discreción y austeridad. No se mete en polémicas estériles, no decide entre Menotti y Bilardo, no va atizando el fuego con bidones de gasolina. Tomó como ayudantes a tres figuras recientes del fútbol argentino, Walter Samuel, Pablo Aimar y el Ratón Ayala, y acometió una profunda renovación del equipo. A Messi lo convenció para volver con la ayuda de Aimar, que había sido el gran ídolo de Leo cuando era pequeño. Hablaron por videoconferencia y Scaloni le explicó que primero quería consolidar un grupo con muchos jugadores jóvenes, más entusiastas que egoístas, para luego ponerlo a su servicio. Messi aceptó. La nueva selección argentina de Scaloni fue quemando etapas, aunque le costó desprenderse de ese incómodo cartel de entrenador interino. Cada partido se convertía en un juicio sumarísimo para el técnico. Seis amistosos después, se había ganado el respeto de los jugadores y el parabién de los dirigentes, que decidieron confirmarlo como técnico principal para la Copa América 2019. Cayeron en semifinales, pero ofrecieron buena imagen, de manera que le prorrogaron el contrato hasta la Copa América 2020. Entonces empezó el recital. Argentina ganó el título sudamericano y acabó con una sequía que se prolongaba 28 años. Además, alzó el trofeo en Maracaná y ante Brasil, la selección anfitriona, lo que siempre supone un plus de regocijo para los aficionados argentinos. Con su victoria frente a Italia en Wembley, en la llamada ‘Finalissima’, la tropa de Scaloni enlazaba 32 partidos invicta. Ya nadie dudaba de él, ya nadie le reprochaba su escasa preparación, ya nadie le preguntaba si tenía el título de entrenador. El próximo domingo, Lionel Scaloni podría unir su nombre a los de Menotti y Bilardo, los dos técnicos campeones del mundo con Argentina. Scaloni no tiene la verbosidad filosófica de Menotti ni la salvaje brusquedad de Bilardo. Mide sus palabras y prefiere que no le apunten los focos. Con su carácter sobrio, ha conseguido pacificar el ambiente de la selección y está extrayendo las mejores virtudes de sus futbolistas. Quizá no sea el mejor plantel del Mundial, pero tiene a Messi y los otros diez jugadores salen al campo con el alma en combustión, movidos por una fe rayana en el fanatismo. Ese ha sido también mérito de Scaloni, que ha sabido construir un bloque solidario, abnegado, infatigable y esperanzado. Casado con una mallorquina, padre de dos hijos y residente habitual en la isla balear, Lionel Scaloni ha demostrado que, aunque tal vez no esté preparado para dirigir el tráfico, sí que sabe manejar el banquillo de la selección argentina. Algo mucho más difícil. Algo que Maradona, por ejemplo, no supo hacer.. http://www.databot-app.com
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