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News – Noticias «Jóvenes estudiantes afganas desafían a los talibanes con una protesta para pedir «educación, trabajo y libertad»». Por primera vez desde la llegada de los talibanes, Agiza Goonesh , de 19 años, superó el miedo y se sumó a una protesta de mujeres al grito de «educación, trabajo, libertad». Su tía, Laila Basim , es una de las figuras del activismo afgano, una de esas mujeres que ha optado por quedarse para combatir al Emirato desde dentro. Agiza estudiaba ingeniería en Kabul, pero su carrera ha quedado en suspenso tras la decisión de los talibanes de prohibir la entrada de mujeres a las universidades. La presión internacional, el embargo y el recorte de las ayudas no son suficientes para obligar a los talibanes a rectificar. «No hables o te matamos y si te acercas por la universidad, te mataremos», así terminó la protesta para Agiza, que fue una de las seis mujeres arrestadas por los islamistas. Pasó dos horas metida en un coche de la seguridad antes de ser liberada. «El enfado es cada día mayor y por eso hay cada vez más mujeres, como el caso de Agiza, en estas movilizaciones. El problema es que vemos que estamos solas, ni los políticos, ni la comunidad internacional adoptan medidas para ayudarnos. Luchamos con nuestras voces y plumas contra sus armas», lamenta Basim, que una vez más ha documentado la marcha con su teléfono y las imágenes se han viralizado en redes sociales. Noticia Relacionada estandar No Los talibanes prohíben a las mujeres que vayan a la universidad Carlota Pérez Martínez El Ministerio de Educación ha publicado en una carta la prohibición Seis mujeres y tres periodistas detenidos, este fue el balance de la protesta organizada por las mujeres en Kabul para mostrar su enfado por la decisión de los talibanes de prohibirles el acceso a la universidad. Esta nueva medida supone un paso más en la política represiva de las autoridades islamistas que persiguen invisibilizar a la mujer. Desde que retomaron el poder en Kabul, los talibanes consolidan paso a paso un emirato cada vez más parecido al de finales de los noventa. En los primeros días aseguraron que habían cambiado, pero los hechos demuestran que los sectores más conservadores del movimiento tienen el control y que borrar a la mujer de la escena pública es una obsesión. Los derechos y libertades que la mujer afgana ganó durante dos décadas se han ido esfumando cada día que pasan bajo el Emirato. Represión creciente Primero llegó la prohibición de hacer deporte, fue el primer paso en mitad del terremoto político provocado por la retirada caótica de las fuerzas de Estados Unidos. Después se cerró el ministerio de Asuntos de la Mujer y en su lugar los talibanes recuperaron el Ministerio para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio. Pasado el verano, cuando llegó el momento de regresar a las aulas, las niñas vieron cómo se cerraron las puertas de los centros de educación secundaria y ahora es el turno de cerrar las puertas de las universidades para ellas y lo han hecho sin dar explicación alguna. Noticia Relacionada reportaje Si Vuelve la ley del látigo y de las piedras con la sharía más brutal en Afganistán Carlota Pérez Martínez Los talibanes incumplen sus promesas y declaran obligatoria la aplicación de la norma islámica con todo su rigor Estas decisiones han llegado acompañadas de otras medidas como la recomendación del uso del burka, la prohibición de viajar más de 72 kilómetros sin compañía de un hombre de la familia y la de aparecer en series de televisión o películas y hablar por la radio. «Están haciendo todo lo posible para eliminar a las mujeres de todos los campos. Por ejemplo, en los bancos emitieron anuncios para excluir a las funcionarias, incluso en instituciones extranjeras dijeron que las empleadas deberían ser eliminadas», afirma Basim desde su apartamento en Kabul. Ellas no se cansan de demandar sus derechos, pero nadie las escucha. Con esta última decisión del ministerio de Educación, las afganas del siglo XXI solo tendrán acceso a las escuelas de primaria y la educación secundaria, universidades y academias privadas no podrán acogerles en sus aulas. Al menos cincuenta profesores de todo el país han dejado sus trabajos en señal de solidaridad, pero hará falta mucho más para que los talibanes reconsideren esta prohibición que califican de «temporal». Los sueños de jóvenes como Agiza, que aspiraba a convertirse en ingeniera y trabajar en Kabul, tendrán que esperar porque si algo cumplen los talibanes son sus amenazas y si las mujeres intentan acceder a una universidad de cualquier parte del país, aplicarán la mano dura sin contemplaciones. Las órdenes del líder islamista, mula Ajunzadá no admiten discusión.. «La histórica visita de Zelenski no esconde las grietas en el apoyo de EE.UU.». A Volodímir Zelenski se le secó la boca de dar gracias a EE.UU. por el apoyo a la causa ucraniana durante su visita histórica a Washington. A Joe Biden, a los legisladores, a los medios. «Quiero dar las gracias a cada familia estadounidense que aprecia el calor de su hogar y que quiere ese mismo calor para otro pueblo», dijo en un momento de su discurso ante una sesión conjunta del Congreso, en horario de máxima audiencia, un honor reservado hasta ahora para figuras como Winston Churchill o Nelson Mandela. Pero al presidente de Ucrania le aguantó la saliva para pedir más. El viaje de Zelenski, su primera visita al extranjero desde el comienzo de la invasión rusa a finales de febrero, buscaba, ante todo, seducir y convencer a su primer aliado en un momento clave: queda mucha guerra por delante y es necesario más y mejor armamento para defender la soberanía y la integridad territorial de Ucrania. Biden y los líderes de ambos partidos en el Congreso buscaron escenificar una alianza sin fisuras en las horas que Zelenski pasó en Washington. El presidente le recibió en la Casa Blanca, mostró sintonía personal y reiteró que EE.UU. apoyará a Ucrania «todo lo que sea necesario». Noticia Relacionada estandar Si Por tren, coche y avión: así fue el viaje secreto de Zelenski a Washington Javier Ansorena Su seguridad personal es una de las razones por las que el presidente ucraniano no había abandonado Ucrania desde febrero, cuando comenzó la invasión rusa El Congreso le dio un baño de ovaciones, Zelenski repartió apretones de manos, abrazos y besos con los legisladores y Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes, y Kamala Harris, vicepresidenta de EE.UU. y presidenta del Senado, ondearon una bandera ucraniana enviada por soldados desde el frente del Donbas. Todo ello, sin embargo, no oculta los desajustes entre Kiev y Washington en su alianza. Desde el comienzo de la guerra, prevalece una tensión sobre el tipo de armamento que pide Zelenski y el que Biden está dispuesto a entregar. EE.UU. y sus aliados de la OTAN buscan proporcionar a Ucrania de capacidad para repelar la agresión rusa, pero sin una implicación que Moscú pueda utilizar como pretexto para ampliar el conflicto. Hasta el miércoles, EE.UU. había enviado casi 20.000 millones de dólares en equipamiento militar. Biden aprovechó la visita de Zelenski para anunciar otra partida adicional esta vez de 1.850 millones de dólares. La presencia del presidente ucraniano ocurrió también -no es una coincidencia- en medio de la tramitación parlamentaria de la ley de gasto para 2023: 1,7 billones de dólares, que incluyen cerca de 45.000 millones en asistencia militar, humanitaria y financiera para Ucrania. El Senado aprobó ayer las partidas y el presupuesto quedaba pendiente de la votación en la Cámara, donde hay más reticencias, pero donde también se espera que salga adelante. Nada de esto es suficiente para Zelenski, como dejó claro, con cierta sorna, ante el Congreso. «Tenemos artillería, sí, muchas gracias, la tenemos», dijo en referencia al armamento enviado por EE.UU. «¿Es suficiente? Pues no, la verdad». ‘Deseos navideños’ Kiev ha visto cómo EE.UU. y la OTAN han denegado una y otra vez el envío de armas poderosas, como tanques Abrams de última generación o cazas de combate. El mes pasado , Mikhailo Podoliak, uno de los asesores de Zelenski, publicaba en Twitter una lista con cinco ‘deseos navideños’: tanques Leopard y Marder (de Alemania), tanques M1 Abrams, el sistema de misiles de largo rango ATACMS y el sistema de misiles antiaéreos Patriot. De los cinco, solo los Patriot acaban de ser concedidos por Biden y solo una batería. Ese es el tipo de armamento que Ucrania considera que necesita para resistir frente a Rusia y, sobre todo, recuperar el terreno ocupado. Los sistemas antiaéreos de Ucrania no son suficientes para contender los ataques con misiles lanzados por Rusia desde su propio territorio, con el objetivo claro de destruir la infraestructura del país y debilitar a la población en el invierno largo que queda por delante. En las últimas semanas y también en la visita a Washington, ha quedado patente la diferencia entre cómo ven Kiev y Washington el final a la guerra. La Administración Biden evita imponer una estrategia de forma pública al Gobierno de Zelenski, pero deja claro que quiere que la mesa de negociación llegue más pronto que tarde. Uno de los objetivos para Biden era hablar de «qué necesita (Zelenski) para asegurar que Kiev está en la posición de mayor fortaleza posible para que podamos acelerar el alumbramiento de una mesa de negociación», dijo de forma anónima un alto cargo estadounidense a ‘The New York Times’. Discurso en el Congreso En su rueda de prensa conjunta, Biden defendió que Zelenski busca una «paz justa» y el presidente ucraniano replicó después que no sabía bien qué es eso. Ante el Congreso , dejó claro que sería «ingenuo» pensar que Vladimir Putin busca negociar y que los ucranianos pelean por una «victoria absoluta». Esa victoria, trató de convencer a los legisladores, es decisiva en la lucha global de las democracias contra la tiranía autoritaria, en la que EE.UU. también se juega mucho. «Vuestro dinero no es caridad», dijo a los legisladores y a los telespectadores. «Es una inversión en la seguridad y la democracia globales que utilizaremos de la manera más responsable». Era un mensaje dedicado sobre todo a la creciente oposición en un sector de los republicanos a la ayuda multimillonaria a Ucrania. Un grupo minoritario de diputados, muy cercanos al expresidente Donald Trump y a la idea de ‘América primero’, no se levantó ni aplaudió las intervenciones de Zelenski. Matt Gaetz criticó la «hemorragia» de millones vía Kiev «cuando nuestro país está en crisis». «Deberíamos centrarnos en contener la guerra, no en expandirla», añadió Warren Davidson. Los republicanos asumirán la mayoría de la Cámara de Representantes en dos semanas y eso será un desafío para el apoyo a la causa ucraniano. Quienes apuntan a ser sus líderes, como Kevin McCarthy o Steve Scalise, no reniegan del apoyo a Ucrania, pero ofrecen dudas. McCarthy insistió tras el discurso de Zelenski que se ha acabado el «cheque en blanco». Scalise añadió que la ayuda requiere mucho más «escrutinio». Las encuestas avanzan en el mismo sentido: el apoyo a Ucrania es mayoritario, pero con un creciente deterioro entre el votante republicano. Con el paso de los meses y el hastío de una guerra larga y costosa, esa grieta podría solo ampliarse.. «Kawah Ijen: el trabajo más duro del mundo, atracción turística de Indonesia». En estos tiempos desquiciados, hasta el trabajo más duro del mundo puede ser una atracción turística. Eso es lo que ocurre en el volcán Kawah Ijen, que sobresale entre las nubes a más de 2.300 metros de altitud al este de la isla indonesia de Java . Visible desde la paradisíaca isla de Bali, separada por un estrecho de solo dos kilómetros y medio en su tramo más corto, el humo que escapa de su cima esconde un trabajo infernal. En su cráter, un centenar de mineros arrancan el azufre que emana de sus entrañas, que sale del subsuelo en forma de gas y se solidifica al entrar en contacto con el aire. Moviéndose con destreza entre las nubes de humo, que cambian de dirección de repente según sople el viento, los mineros parten con lanzas de hierro las rocas de azufre que, con un amarillo intenso y granulado, se van formando en el suelo. Como si fueran mulas humanas, luego cargan hasta 70 kilos de azufre en cestas de bambú sobre sus hombros, con las que deben ascender los 800 metros hasta la cima del volcán por un resbaladizo sendero de piedra. Embarrado por las frecuentes lluvias, se trata de un sinuoso camino de tierra tan escarpado y peligroso que ya cuesta subirlo incluso sin carga, como hizo este corresponsal llevando solo la cámara de fotos y el móvil. Mucho más para los mineros, que pisan con tiento sobre el terreno con sus botas de agua mientras las canastas con las rocas amarillas se bambolean sobre su pecho y espalda al ascender la pendiente. Mejoras A paso de tortuga, tardan unos 40 minutos en alcanzar la cumbre, donde tienen unos carritos con los que transportan el azufre hasta la empresa minera PT Candi Ngrimbi. Hace diez años, cuando viajé por primera vez el Kawah Ijen, bajaban este recorrido de tres kilómetros por un camino de cabras cargando con las cestas a pie, pero un ingeniero francés que visitó el volcán tiempo después les ayudó a diseñar estas carretillas de dos ruedas en las que, además, pueden poner un asiento para llevar a los turistas. Por cada kilo de azufre, en la balanza de Candi Ngrimbi les pagan 1.250 rupias (ocho céntimos de euro). Como transportan en cada viaje unos 70 kilos, se sacan por trayecto unas 87.500 rupias (cinco euros) y suelen hacer entre dos y cuatro al día, dependiendo de las fuerzas y la necesidad. En total, cada jornada pueden ganar entre 10 y 20 euros , que es una cantidad irrisoria para este tajo inhumano, pero una fortuna en Indonesia. Además, es el doble que hace diez años, lo que indica una mejora del jornal, pero no de sus condiciones laborales. Cargando 70 kilos de azufre por viaje, Anto efectúa tres trayectos al día para ganar 15 euros al día Pablo M . Díez «Es un trabajo duro, pero no tengo otro. Quiero cambiar de empleo, pero aquí no pagan mucho. En Ijen gano lo suficiente para mi familia. Aquí hay muchas plantaciones de café. Pero el jornal no es bueno: al día solo 41.000 rupias (2,5 euros), lo que resulta insuficiente», nos explica Adi, un minero de 40 años que lleva la mitad de su vida en el volcán. Y lo que le queda porque, según cuenta, « lo normal es dejar el trabajo a los 60 años , cuando ya no eres fuerte para aguantar los gases ni cargar el azufre«. Sentado a su lado, pone como ejemplo a su padre, quien tiene 62 años y »dejó de trabajar hace siete porque ya no es tan fuerte«. Con el azufre comprado, la compañía Candi Ngrimbi lo procesa químicamente porque este mineral está generalizado en la vida cotidiana y se usa para fabricar cerillas, fuegos artificiales, cosméticos, dinamita y hasta para blanquear el azúcar o producir ácido sulfúrico. Pero la dureza de la faena por falta de mecanización ha reducido la extracción en el Kawah Ijen, que además estuvo cerrado tras el estallido de la pandemia en enero de 2020 y hace solo siete meses que reabrió. Antes, trabajaban unos 400 mineros que recogían unas cinco toneladas al día y llenaban cuatro camiones, pero ahora solo operan un centenar que no dan más para que una carga. Postureo extremo Buscando unos ingresos adicionales para mantener a su familia, formada por sus padres, su esposa y dos hijos, Adi ha montado en su casa un hostal con once cabañas para los turistas que vienen a ver el volcán. Atraídos por el « fuego azul« , el color de las llamas del azufre al brillar en la oscuridad, cada noche bajan más de un centenar de turistas hasta su cráter. Mezclándose con los mineros que trabajan de madrugada para evitar el calor sofocante del día, viajeros venidos de todo el mundo ascienden durante dos horas por la empinada cuesta que lleva a la cima desde la entrada al parque geológico del Kawah Ijen. Con la respiración entrecortada por el esfuerzo y alumbrándose con linternas sujetas a la cabeza, se cruzan con los mineros que vuelven con sus carritos llenos de azufre. Hace una década, los visitantes no podían descender hasta el cráter por seguridad, ya que una turista francesa se despeñó por sus riscos. Pero ahora son una multitud, a veces incluso más numerosa que los propios mineros, y es surrealista verlos bajar con miedo entre las rocas mientras estos últimos suben con su pesada carga a cuestas. A orillas de su lago de agua volcánica, de donde asciende una espesa columna de humo, los móviles de los turistas brillan en la oscuridad de la noche mientras graban el «fuego azul». Al amanecer, los turistas posan en medio de los sufridos mineros. El postureo llega al extremo de ponerse máscaras de gas o incluso de atreverse a levantar las cestas de azufre sobre los hombros para la foto. Revelando el carácter afable de los indonesios, a los mineros no parece molestarles y hasta les sirve para sacarse unos ingresos extra, ya que el turismo se está erigiendo en una alternativa a este duro trabajo. Aunque el jornal de los mineros es irrisorio para un tajo tan inhumano, es mucho más que los 2,5 euros diarios de la recolección del café «Como guía turístico, puedes ganar 250.000 rupias (15 euros) al día y como minero se puede llegar a 350.000 rupias (20 euros), pero es mucho más duro», compara Anto, a quien conocimos hace diez años cargando cestas de bambú en el volcán. Aunque sigue trabajando como porteador cuando necesita el dinero, se ha reconvertido en guía por la llegada de turistas tras la pandemia. «Después de tres años parados por el coronavirus, ahora vienen muchos visitantes. A veces, es difícil para los mineros bajar hasta el cráter porque está lleno de turistas», cuenta entre risas. Ni a él ni a sus compañeros les incomodan los curiosos, a quienes ofrecen llevarlos en sus carritos desde la entrada del parque hasta la cima del volcán por 800.000 rupias (48 euros). «Cuando les hacen fotos, los mineros les piden ‘Money, money, money’ (‘Dinero, dinero dinero’) y así puede sacarse cada uno 20.000 o 30.000 rupias (1 o 2 euros) extra. Con eso compran arroz y… cigarrillos», estalla Anto en una carcajada. Accidentes Tan duros son los mineros que muchos hasta fuman mientras suben a la cima cargados de azufre. El del tabaco no es el único humo que inhalan, pues están expuestos a los gases tóxicos del volcán. A pesar de sus ataques de tos, no se quejan de daños en los pulmones; solo de sus habituales dolores en las rodillas y de las llagas en los hombros, que se han malformado por el peso de las cestas. Pero, eso sí, recuerdan seis muertos en los últimos años por caídas, golpes de viento con azufre y corrimientos de tierra. En 2012, a la familia de uno le dieron como indemnización 25 millones de rupias (1.500 euros). Eso es lo que vale una vida en el trabajo más duro del mundo, que se ha convertido en otra atracción turística del majestuoso volcán Kawah Ijen de Indonesia. ———– Como cada año, el 22 de diciembre vuelve el sorteo extraordinario de Lotería de Navidad , que en esta ocasión reparte 2.500 millones de euros. Aquí puedes comprobar Lotería de Navidad , si tu décimo ha sido agraciado con alguno de los premios y con cuánto dinero. ¡Mucha suerte!. «Landsbergis: «Los ucranianos aún requieren más armamento para ganar»». El ministro de Exteriores lituano, Gabrielius Landsbergis , visitó Madrid. Su mensaje al ministro José Manuel Albares fue de «agradecimiento» por la participación española en misiones aéreas en Lituania con la OTAN. También se mostró claro sobre la posibilidad de que Ucrania ceda territorio a Rusia en una hipotética negociación de paz: «Nos preguntaríamos qué país sería el próximo». —¿Teme que Rusia invada su país u otra zona del Báltico? —Para nosotros, Rusia siempre fue una amenaza y sigue siéndolo. No solo desde el 24 de febrero, fecha de la última invasión en Ucrania. Diez meses después, parece que Rusia no consiguió su objetivo en Ucrania. Sabemos, definitivamente, que el Ejército ruso no es el segundo más poderoso del mundo, pero el mensaje de Lituania sigue siendo que Rusia es peligrosa, un país que puede atacar a sus vecinos. Y aunque esté siendo derrotada en el campo de batalla, eso no significa que no se pueda rehacer. —¿Cuál es su principal preocupación desde el punto de vista de seguridad? ¿Sufre muchos ciberataques? —Los ataques cibernéticos son una constante. Justo hoy nuestra infraestructura crítica está bajo ataques de ‘hackers’ rusos. Pero lo que más nos preocupa es la situación en Bielorrusia, país con el que compartimos una frontera de 700 kilómetros. Es un país lanzadera de la agresión a Ucrania, que alberga a soldados rusos y donde se entrenan tropas rusas. Todo ello se hace muy cerca de donde vivimos. Por ello es importante que se desarrollen las medidas adicionales de defensa para la región báltica que se decidieron en la pasada Cumbre de la OTAN de Madrid. Nada ha cambiado. —¿Cómo ha cambiado la vida de los lituanos tras la guerra? —Desde el punto de vista económico es bastante similar a otros países de Europa con el alza de los precios. Como España, tenemos la posibilidad de importar el gas natural de otros países que no sean Rusia al tener una terminal portuaria de gas natural licuado (GNL), pero, como otros países, estamos pagando precios mucho más altos por ese gas que antes de la invasión. Obviamente, todo esto afecta a la vida cotidiana de las personas. Por otra parte, si visitas Lituania notarás un fuerte apoyo a Ucrania, con banderas ucranianas en todas partes. Eso significa que, aunque estemos pagando un precio muy alto por ello, nuestro apoyo a Ucrania es muy fuerte. Es algo que no proviene del Gobierno sino de la gente. Gabrielius Landsbergis gesticula y muestra en su mano derecha dos pulseras con los colores de la bandera de Ucrania ERNESTO AGUDO —¿Y en la UE? ¿Teme que ese apoyo a Ucrania comience a resquebrajarse? — En primer lugar, la postura española es fenomenal sobre todo si tenemos en cuenta que Rusia es un país geográficamente lejano de España. Por otra parte, en Europa todavía mantenemos la unidad, pero la pregunta es… ¿Podemos ayudar más?, ¿podemos contribuir a que los rusos salgan de la zanja que han instalado para defender esos territorios que previamente han invadido? Y, sí, los ucranianos aún requieren más armamento para ganar, requieren carros de combate, sistemas de defensa antiaérea… —Lituania apoyó militarmente desde el inicio a Ucrania, incluso con adiestramiento. —Hemos estado haciendo eso incluso antes de la guerra. Fuimos uno de los primeros países en capacitar a las tropas ucranianas en el uso de armamento occidental. Lo que teníamos se lo proporcionamos. Pero, obviamente, cuando se trata de la situación actual, no es suficiente. La principal pregunta no ha sido aún respondida en muchas capitales occidentales: ¿cómo debe ser el final de la guerra? Por ahora, hemos oído una frase abstracta: «Ucrania tiene que ganar con sus condiciones y Rusia tiene que perder». Pero creo que tenemos que ser honestos y decir que Ucrania tiene que reconquistar sus territorios primero si queremos que el continente europeo esté seguro. —Entonces, ¿no es partidario de ceder nada del Donbass o la península de Crimea en una futurible negociación de paz? —Cualquier cesión forzosa de un territorio sería muy peligroso para la UE, porque durante décadas creíamos que las fronteras europeas eran inviolables, que nadie las replantearía por la fuerza… Si Ucrania se ve obligada a ceder parte de su territorio, en los países bálticos nos haremos la siguiente pregunta: ¿quién será el próximo? O tal vez no sea un país miembro de la OTAN, pero sí otros como Moldavia, Georgia o del Asia Central. ¿Una Rusia sin Putin? «Si hubiera cambio desde dentro, la situación sería diferente. Mientras, somos como Berlín Occidental» —¿Está a favor de que Ucrania se convierta en miembro de la UE y de la OTAN en un futuro? — Sí, de ambos, definitivamente. —Lituania organizará la próxima Cumbre de la OTAN en su capital, Vilna, el próximo mes de julio. ¿Qué mensaje se lanza con esta decisión? —El mensaje principal que enviará esa cumbre es que Lituania está protegida por el artículo 5 de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Y nadie organiza una cumbre de ese tipo en un país que no es seguro. Por tanto, otro mensaje será: Lituania es un país seguro, tanto como una caja fuerte. Y hablaremos sobre Ucrania, sobre el desafío chino y otros temas de seguridad. —España suele participar cada año con tropas en su país, con un destacamento de aviones de combate que participan en la misión de Policía Aérea de la OTAN. ¿Hay algún proyecto para tener alguna fuerza aérea común en los países bálticos, que quizá por tamaño nunca tuvieron ese potencial militar? —Desde mi punto de vista personal, deberíamos tener esa discusión, porque ahora dependemos mucho de nuestros socios y aliados. Es un debate para el futuro. Por supuesto, el factor de la adhesión de Suecia y Finlandia a la OTAN será muy importante porque tienen una fuerza aérea fuerte. —¿Qué significa para usted la URSS? —Una prisión de la que estoy muy feliz que nos hayamos liberado. No entendimos cuando falleció Gorbachov por qué desde algunas capitales lo veían como un líder visionario, cuando él ordenó enviar tanques a pueblos lituanos. —¿Cómo imagina la relación con Rusia en el futuro? —Si hay un cambio de régimen, desde dentro la relación será diferente. Mientras tanto, seguiremos con una mentalidad parecida a los que vivían en Berlín Occidental.. «Más allá de los aplausos». Washington ha recibido con entusiasmo a Volodímir Zelensk i, el héroe que lucha por la democracia en la frontera más peligrosa del planeta. La reunión con Joe Biden, volcado con su huésped, y la invitación tan especial a pronunciar un discurso ante las dos Cámaras proporcionan apoyo moral a una Ucrania que afronta un invierno durísimo. Vladímir Putin no ceja en su empeño de dar la vuelta a un conflicto en el que ha cometido un error estratégico tras otro. Su única idea es resistir mejor el daño que el contrario, un ejercicio terrible de desgaste y paciencia. Pero de los atronadores aplausos a Zelenski a mantener e incluso multiplicar el respaldo efectivo a Ucrania hay un trecho. Tras las elecciones legislativas de noviembre la mayoría republicana de la Cámara de Representantes buscar limitar la enorme discrecionalidad que la Constitución de Estados Unidos proporciona al presidente en materia de política exterior y defensa. Los conservadores no están dispuestos a firmar un cheque en blanco a Biden para financiar y armar sin límite a Ucrania. El aislacionismo ha estado siempre presente en la historia norteamericana desde que George Washington aconsejó en su discurso de despedida no tener alianzas permanentes en ninguna parte del mundo. Tanto Barack Obama como Donald Trump entendieron desde ideologías muy distintas que su país no podría seguir siendo el policía global, una inercia que costaba vidas, votos y millones de dólares. Por eso, en su cuidado discurso Zelenski ha recordado con toda solemnidad que esta guerra decidirá el futuro de la seguridad colectiva y no solo el destino de los ucranianos. Sobre todo, ha apelado al interés nacional de Estados Unidos para seguir recibiendo su decisivo apoyo, en vez de desplegar una visión cosmopolita y atractiva sobre un nuevo orden mundial basado en valores atemporales. Un primer borrador de plan de paz está ya encima de la mesa, pero antes de considerarlo Zelenski exige la retirada total de los invasores rusos. Hace unos meses debatíamos sobre la fatiga europea en el apoyo a Ucrania. Más grave, sin embargo, puede llegar a ser el titubeo norteamericano.. http://www.databot-app.com

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De mariapiluca

bohemia y soñadora, el sol me persigue, la luna me embruja, todas las noches sueño algo, y los sueños están para cumplirlos, ponte tus metas día a día, y no te vengas a bajo, soy firme ante los problemas y al mal rato buena cara

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