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News – Noticias «Putin visita por primera vez la ciudad ucraniana de Mariúpol después de ir a Crimea». El presidente ruso Vladimir Putin ha visitado Mariúpol, la ciudad portuaria del sureste de Ucrania devastada por los bombardeos, según ha informado este domingo el servicio de prensa del Kremlin, citado por agencias de prensa rusas. Se trata de la primera vez que Putin llega a la ciudad tomada por las fuerzas rusas en mayo de 2022 después de meses de asedio. Según el Kremlin, Putin llegó en helicóptero a Mariúpol e hizo un recorrido por la ciudad conduciendo él mismo un vehículo. Conversó con habitantes locales, visitó sitios de interés y recibió un informe sobre los trabajos de reconstrucción de la ciudad devastada, indicó la misma fuente. Noticia Relacionada reportaje Si Hijos de nadie: los ciudadanos del Donetsk con el corazón dividido entre Rusia y Ucrania Ana I. Sánchez Muchas de las personas que habitan el Donetsk no logran definirse. «¿Cómo voy a decir si me siento más ucraniana o más rusa? Soy una persona del mundo que quiere la paz», dice una refugiada Después vistiró la ciudad de Rostov del Don, situada en el sur de Rusia, cerca de la frontera con Ucrania, para una reunión con el jefe de las Fuerzas Armadas, Valeri Gerasimov, y varios comandantes militares. Primera visita a Crimea en dos años El sábado, el mandatario ruso también sorprendió con la primera visita a la península de Crimea en más de dos años, para conmemorar el noveno aniversario de la incorporación de la península a Rusia en lo que Ucrania y sus aliados describieron como una maniobra ilegal de anexión. A principios de marzo también el ministro de Defensa de Rusia, Sergei Shoigu, realizó una visita oficial a Mariúpol para analizar los trabajos de reconstrucción de infraestructura en la zona.. «Gisella Cardia, la vidente de la Virgen llorosa que divide a Italia». La vidente Gisella Cardia les hace creer en un prodigio. Desde hace cinco años, multitudes de fieles se reúnen en oración en una colina, convertida en un santuario, en Trevignano Romano, un pueblo de 5.000 habitantes con vistas al lago Bracciano, a 47 kilómetros de Roma. Llegan desde Italia y desde diversos países de Europa , sobre todo de Polonia. La llamada Virgen de Trevignano aparece el día 3 de cada mes y da un mensaje a la humanidad a través de Gisella Cardia, 53 años, exempresaria siciliana convertida en vidente. Noticia Relacionada reportaje Si Garabandal, las ‘apariciones’ de la Virgen no aprobadas por la Iglesia que siguen atrayendo fieles 60 años después Beatriz L. Echazarreta Cuatro niñas de un pueblo cántabro aseguraron entrar en éxtasis y ver a la Virgen en 2.000 ocasiones. La Iglesia nunca reconoció las visiones, pero los garabandalistas «esperan el milagro» Ella cuenta que «un viaje de peregrinación en el 2014 con su marido al Santuario de la Virgen de Medjugorje en Bosnia Herzegovina conmocionó su vida« –las apariciones de Medjugorje a seis niños, iniciadas en 1981, no han sido reconocidas oficialmente por el Vaticano, pero atraen a millones de fieles–. En ese viaje Gisella compró una estatua de la Virgen que ha llorado supuestas lágrimas de sangre en su casa . El teólogo capuchino Flavio Ubodi describe en un libro las principales experiencias místicas de la vidente Gisella: «El viaje a Medjugorje marcó el inicio de una serie de hechos de carácter sobrenatural: estigmas de la pasión de Jesús en el cuerpo de la mística durante la Cuaresma, frases e imágenes que aparecían en las paredes de la casa del matrimonio, señales del cielo…». Gisella no es profeta en su tierra. En Trevignano no despierta simpatías . Hay agitación y disgusto por la invasión de peregrinos el 3 de cada mes. Un vecino dice: «Cuando veo llegar niños enfermos desde Polonia, me da rabia». Con sarcasmo, una vecina apunta: «Nuestro lago Bracciano es como el Tiberiades y no lo sabíamos». Gisella no se inmuta. Sus seguidores aumentan cada día, gracias a una página web, donde explica su actividad, cómo enviarle donativos y ofrece citas particulares para consultas. La gran duda ¿Es todo un montaje de la vidente, un fenómeno paranormal o simplemente el resultado de la sugestión? Esta es la pregunta que muchos se hacen hoy, porque cada día aparecen noticias relacionadas con Gisella publicadas en diarios, revistas y televisiones. En las redes sociales hay opiniones para todos los gustos , aunque la mayoría son escépticos. Por ejemplo, un tal Massimiliano afirma en un foro: «Yo creo y le agradezco a Dios que envíe a nuestra Madre». Le responde Rita Saba: «¡Qué especular así sobre la credulidad de tantos ingenuos!». Salvatore Giovanni se muestra creyente, pero rechaza estas apariciones: «Este enésimo fenómeno de estatuillas sagradas que lloran sangre, confunde aún más la mente de quienes desean acercarse a Dios». Cardia tiene una web donde explica su actividad, cómo enviar donativos y pedir citas privadas El obispo Marco Salvi, de la diócesis Civita Castellana a la que pertenece Trevignano, ha anunciado la creación de una comisión de investigación con el fin de arrojar luz sobre el fenómeno. « Mi apoyo es para el rezo del rosario , no por las apariciones sobre las que nadie se ha pronunciado en la curia«, afirma. Mientras, la Virgen acude puntual a su cita cada mes. El pasado 3 de marzo, en presencia de unas 700 personas, Gisella tomó nota del mensaje de la Madonna, con un contenido muy genérico , como siempre. Esta es la síntesis: «Hijos míos, os pido que volváis a Dios, sin él nada podréis hacer. No os dejéis tentar por Satanás , él sabe que perderá«. Algunos creen en este tipo de fenómenos, por diferentes motivos que explica el profesor de Psicología Social, Lorenzo Montali, vicepresidente del Comité para el Control sobre Pseudociencias: »Hay personas que acuden por un problema, como un duelo o un familiar enfermo. Para ellos, Trevigano es una esperanza. Otros buscan un apoyo a sus creencias religiosas. También hay un impulso de querer ser testigo de un evento extraordinario. Cada uno tiene su propia historia, con matices subjetivos«.. «Hijos de nadie: los ciudadanos del Donetsk con el corazón dividido entre Rusia y Ucrania». Vasylina y su hijo Feliks no llevan un año de guerra a sus espaldas sino nueve . Son parte de los dos millones de ucranianos que vivían en 2014 en Donetsk cuando las milicias prorrusas, apoyadas por el régimen de Vladímir Putin, declararon la independencia de la región y se desencadenó la guerra del Donbass . En aquel momento, Feliks tenía 24 meses. «Los primeros dos años de la guerra fueron muy duros. Después, la situación se volvió más o menos estable, menos peligrosa . Era peligrosa en la frontera, pero en el centro era más o menos tranquila». Feliks creció en medio del conflicto mientras Europa miraba hacia otro lado y su familia esperaba el final de una guerra que hoy sigue pareciendo muy lejano. Hoy tiene once años y es un refugiado. Como muchos otros nacidos en Donetsk , a Vasylina le cuesta definirse. Se siente «muy orgullosa» de ser ucraniana pero su lengua materna es el ruso y se ha criado en la cultura soviética. Y esta dualidad altera su arraigo y le confiere un sentimiento un punto apátrida. «¿Cómo voy a decir exactamente si me siento más ucraniana o me siento más rusa? Soy una persona del mundo que quiere la paz», responde a una pregunta que le resulta visiblemente incómoda. «Decir eres ucraniano, eres ruso, eres católico o eres ortodoxo siempre genera un conflicto», zanja. Vasylina se declara enamorada del «alma» ucraniana pero ésta no forma parte de sus recuerdos de niñez porque el país era una república soviética entonces. «La danza, las canciones, la cultura, las tradiciones o la comida ucraniana… no las conocí cuando era pequeña sino de mayor», recuerda. Acoso de otros ucranianos Sus bisabuelos, búlgaros, emigraron a Donetsk atraídos como tantas otras familias por el crecimiento de la ciudad gracias a su industria y minas. Allí se asentaron. «Nací allí. Mi familia es de Donetsk, mi padre y mis abuelos nacieron allí», narra. «Pero mis antepasados aprendieron ruso y es la lengua de mi familia . Sé ucraniano pero tengo menos habilidad para hablarlo». ¿Y el resto de los ciudadanos de Donetsk? «Depende de la familia. Pero la mayoría habla ruso», apunta. Feliks, por su parte, no sabe hablar la lengua oficial del país en el que nació. El supuesto gobierno independiente de Donetsk borró el ucraniano de las escuelas, lo eliminó como idioma oficial y Vasylina prefirió no enseñárselo. «Intentaba que no sintiera que vivía en guerra, que llevara una vida lo más normal posible, como si no existiera el conflicto . Fue mi culpa». Noticia Relacionada estandar No Xi Jinping visitará a Putin la próxima semana para impulsar un acuerdo de paz para Ucrania Rafael M. Mañueco En medio de las sospechas sobre el envío de armas chinas a Moscú, su visita apunta a un intento de mediación en la guerra de Ucrania porque luego podría hablar con Zelenski Cuando el pasado mes de julio este pequeño llegó al centro para refugiados de Pozuelo de Alarcón (Madrid) después de escapar de los bombardeos sufrió ‘bullying’ por parte de otros niños ucranianos. «Empezaron a decir que iban a matarle, que era el enemigo y le llamaban fascista . En la comida le tiraban botellas de agua», recuerda su madre con amargura. «El ucraniano, para él, es como una lengua extranjera. Sufrió y lloraba mucho porque no podía comunicarse con los otros niños. Fue un estrés añadid o al que ya traía por perder su casa, su familia, sus abuelos, sus amigos… por tener que huir sin saber a dónde íbamos a ir ni qué iba a pasar con su vida», relata Vasylina. La situación duró unos dos meses hasta que poco o poco, a través sobre todo de juegos, empezó a abrirse paso la comunicación . «Los otros niños empezaron a ver que no era malo, que era un chico normal y empezaron a respetarle un poquito», prosigue su madre. Después, una familia madrileña -María, Joaquín y sus dos hijos- les acogió en su casa de Torrelodones a través del programa de ayuda oficial. Conflicto civil Y es que junto al conflicto militar la Federación Rusa ha abierto otro civil entre los propios ucranianos. «Cuando empezó la guerra perdí mi trabajo. Encontré otro en Kiev porque tenía muchos años de experiencia en turismo y las empresas que conocía me ayudaron. Traté de buscar una vivienda… pero desde los primeros años de la guerra fue imposible porque la gente del centro de Ucrania no era amable con los que éramos de Donetsk», recuerda esta refugiada. «Cuando llegabas y preguntabas si podías alquilar un apartamento, el precio que te daban era carísimo. Y no todos querían vernos trabajar allí», añade con tristeza. «La situación era muy complicada y mi familia y yo decidimos quedarnos (en Donetsk)». «Traté de buscar una vivienda… pero desde los primeros años de la guerra fue imposible porque la gente del centro de Ucrania no era amable con los que éramos de Donetsk» Vasylina encontró un trabajo a distancia que solo le requería viajar a Kiev una vez cada dos o tres semanas. Pero los trayectos eran complicados. «Los dos gobiernos hicieron una frontera y debías tener permiso para ir a cualquier ciudad de Ucrania ». El Covid lo terminó de empeorar. «Todo se cerró. Las fronteras se cerraron y no podías salir. Solo era posible salir de Donetsk a través de Rusia , haciendo unas colas muy grandes de casi 36 horas, después de un montón de trámites complicados», recuerda. Cansada del conflicto, a principio del año pasado decidió que se trasladaría a Kiev cuando llegara la primavera. «Y de repente la guerra entró en una nueva fase más fuerte y peligrosa. Al principio teníamos luz pero solo teníamos agua un día, algunas horas. Y los precios de los productos subieron, subieron, subieron y subieron. Casi no había trabajo, solo en tiendas o empleos que dependieran del gobierno». Sin luz al final del túnel «En mi ciudad existía un fondo de voluntarios, Food for life. Creamos un grupo en Instagram, en Facebook y pedíamos ayuda, donaciones para preparar comida y repartirla. Con la guerra es peligroso. Cada día teníamos un plan e íbamos a una ciudad a llevar pan y comida caliente. Venía mucha gente que escapaba de otras partes de Ucrania , atendíamos a mucha gente que venía de Mariúpol… lloraban porque no tenían luz, agua, comida… ni nada», cuenta con emoción. Vasilina Levitska y su hijo Feliks estuvieron refugiados en una casa española durante seis meses GUILLERMO NAVARRO «Hay que huir de la guerra y tener fe. España ha sido una bendición» Tras salir de Donetsk a través de Rusia, viajar a Georgia y de ahí a España, donde han permanecido seis meses, Vasylina y Feliks volaron a Canadá en enero, donde residen ahora. Su mensaje a sus compatriotas es de ánimo y valentía para abandonar la guerra. «No hay que tener miedo. Hay que tener fe en la gente y en Dios, porque ayudan», aconseja. «Es difícil tener que pedir la comida, el alojamiento… pero yo ahora no pienso en mí, pienso en mi hijo». Para esta refugiada, «España ha sido una bendición. Es imposible encontrar palabras para describir nuestro agradecimiento a este país y a las familias que acogen, sin conocer a quién van a ayudar y sin pedir nada. Creo que hay tener un corazón muy grande», agradece. Vasylina no duda ante la pregunta de qué pasaba si se acercaba a pedir ayuda alguien ruso. «¿Cómo voy a decirle a una persona que no puedo darle una comida caliente por ser ruso ?», pregunta retóricamente. «Es una persona que lo necesita y tiene hambre. Cualquier persona con necesidad merece un pedacito de pan. Hay sufrimiento en las dos partes». Ese fondo sigue funcionando hoy pese al fuego y los bombardeos cruzados. En él se mantienen como voluntarios, entre otros, la madre de Vasylina y los amigos que dejó en Donetsk. La comunicación, por ahora, se mantiene abierta. «Hoy me ha escrito mi madre diciendo que han estado repartiendo. Las navidades fueron muy tristes porque la gente no tiene nada ». De momento, logran repartir «casi todos los días» aunque el riesgo es creciente. «Es muy peligroso pero mi madre dice que es su decisión. Y que si muere ayudando será una muerte digna», explica. « Yo ahora no veo ninguna luz al final del túnel. Solo veo un túnel y un montón de gente muerta» A estas alturas del conflicto, Vasylina no tiene claro qué solución sería mejor. «Nadie sabe nada. Es una pregunta complicada y prefiero no contestar. Yo ahora no veo ninguna luz al final del túnel . Solo veo un túnel y un montón de gente muerta», explica. «Quiero que Ucrania como país crezca, florezca, tenemos tantos recursos… este sufrimiento es increíble». El deseo de esta refugiada, como el de todos los demás, es que la guerra termine cuanto antes para poner al fin al sufrimiento y la muerte de la población civil. « Niños y familias que podrían estar disfrutando de la vida… Todos los días hago oraciones y se lo pido a Dios», recalca. Culpable por estar a salvo Vasylina dice que si por ella hubiera sido se hubiera quedado en Donetsk pero que decidió huir el pasado julio para poner a salvo a Feliks. «Cuando vi las bombas a mi lado entendí que tenía que sacarle». El viaje hasta España fue una odisea . La única manera de abandonar Donetsk era entrando en Rusia, a unos 300 kilómetros, porque hacia el otro lado está el frente. «Ir por Ucrania era muy peligroso. Era una muerte segura». Feliks no quería abandonar su casa ni pese a la cercanía de las bombas. «¿Por qué debo dejar a mis abuelos, a mis amigos y mis juguetes? Quiero quedarme», me decía. Madre e hijo cogieron un coche hasta Rusia y luego hasta Georgia desde donde ya podían huir a cualquier país. Allí Vasylina consiguió ayuda para llegar a Madrid en avión pidiendo ayuda a través de una cuenta de astrología que tiene en Instagram. «Empecé a escribir que quería ir a España y que si alguien podía ayudarme. Me prestaron billetes. Aterrizamos en Barajas un lunes bastante tarde. Cruz Roja estaba cerrado y empezamos a llamar a la línea de urgencia». Al principio no logró contactar con nadie. «Pensé que íbamos a pasar la noche en la calle y le dije a Feliks, ¿sabes qué? Hace buen tiempo y podemos esperar aquí (en el suelo). Él me decía que no podíamos pasar allí la noche». Afortunadamente, no fue así. «Gracias a Dios me ayudaron, me dijeron que podía ir al centro de Pozuelo y me llevaron a un hotel», continúa. A partir de ahí comenzó la tramitación de los documentos y una vida temporal en España que, pese al duro inicio, recuerda con cariño. Especialmente la estancia en la casa de acogida. « Antes Feliks pintaba pero dejó de hacerl o . Volvió a pintar cuando vinimos con la familia. Ha sido una oportunidad muy grande. Nunca olvidaré esto». Vasylina buscaba poner la vida de su hijo y la suya a salvo, pero se siente mal por conseguirlo. «Mis pensamientos están en mi casa, con mi madre y mis amigos… aquí no hay bombas, tengo comida, casa y personas que me apoyan. Me siento mal por tener esto con el sufrimiento que hay en Ucrania. ¿ Cómo voy a ser feliz si mi gente sufre? ». De momento, intenta no pensar si un día podrá regresar a su país. «Feliks me lo pregunta cada día. Yo solo sé que quiero volver pero que ahora no es posible».. «El periodista que despidió a zapatazos a Bush». El periodista iraquí Muntazer Al Zaidi repasa las últimas noticias en su móvil y aplaude que la Justicia internacional acuse de crímenes de guerra a Vladímir Putin, lo que no puede entender es que «no se aplique el mismo criterio a otras guerras y se persiga también a criminales como George Bush, ¿qué ocurre, que porque no tenemos ojos azules no sufrimos como los ucranianos? ¿Somos los iraquíes ciudadanos de cuarta categoría?» El inquilino de la Casa Blanca que lanzó la invasión de Irak, de la que mañana se cumplen dos décadas, ha marcado la vida de este reportero. El 14 de diciembre de 2008 Al Zaidi, que entonces tenía 29 años, salió de su casa en el barrio de Zafraniye más temprano de lo habitual. Era un día importante porque Bush ofrecía una rueda de prensa conjunta con el primer ministro, Nuri Al Maliki, y le correspondía cubrir este acto para la cadena Baghdadiyah. Bush concluía mandato y no quería dejar la Casa Blanca sin visitar antes Afganistán e Irak, escenarios de las dos guerras que puso en marcha en venganza por los ataques del 11–S. Noticia Relacionada reportaje Si De Bagdad a Kiev: la vuelta al mundo en veinte años Pedro Rodríguez Dos décadas después, el balance de una guerra tan corrupta como la de Irak no debería servir como justificación para el violento revisionismo que comparten Rusia y China Al Zaidi llevaba tres años esperando este momento y, además de su libreta, cogió un par de zapatos viejos que tenía en casa guardados para la ocasión y se los llevó a la oficina metidos en una bolsa de plástico. En esos tres años había tenido tiempo de preparar un testamento que grabó ante una cámara y colgaría en su canal de YouTube al terminar la rueda de prensa del presidente de Estados Unidos. Cuando llegó a la oficina se calzó los zapatos viejos y puso rumbo a la Zona Verde para superar los controles de seguridad y acceder con el resto de colegas al palacio del primer ministro. «Había esperado tanto ese momento… pero luego fue todo muy rápido, grité, le tiré un zapato, luego el otro y en unos segundos estaba en el suelo recibiendo patadas de los agentes de seguridad», recuerda Al Zaidi mientras repasa las imágenes de uno de los momentos icónicos de la postguerra en Irak. Su grito se escuchó en todo el mundo: «¡Toma tu beso de despedida de parte del pueblo iraquí, perro!» Bush quiso restar importancia a lo sucedido y se limitó a decir que se trataba de «una acción que buscaba llamar la atención». El periodista que tuvo el valor de lanzar sus zapatos a Bush -un acto de absoluto desprecio entre árabes- fue apaleado por los guardaespaldas y pasó seis meses en la cárcel por «atacar a un funcionario extranjero», según la acusación formal de la Justicia. «Bush pensaba que los iraquíes le íbamos a recibir con flores después de la invasión y de matar a tanta gente y yo reaccioné de esta manera porque quería que el mundo viera nuestro enfado con este político. Me habría encantado lanzar otro par de zapatos a la cabeza de José María Aznar», apunta Al Zaidi. Grabó un vídeo testamento previo porque sabía que le podían matar, pero también porque no deseaba que grupos como Al Qaida en Irak intentaran hacer suya esta acción de protesta contra la ocupación. Un zapatazo para la memoria Las imágenes de Bush esquivando los zapatos con destreza dieron la vuelta al mundo y se produjeron manifestaciones de solidaridad para pedir la liberación de Al Zaidi. Incluso levantaron una estatua en forma de gran zapato en Tikrit, localidad natal de Sadam Husein. La gira de despedida del presidente republicano quedó eclipsada por la que fue bautizada como «revuelta del zapato», el periodista había logrado su objetivo, pero el respeto en las calles a su acción fue proporcional al temor a sufrir represalias y una vez puesto en libertad, su canal le dejó en la calle. Él dejó el país y vivió diez años entre Jordania y Líbano hasta que decidió regresar a casa para presentarse a las elecciones de 2018, unos comicios en los que denuncia que las milicias sabotearon su candidatura y quemaron los votos que había logrado. «Soy un opositor nato y digo la verdad , por eso no tengo amigos. Me opongo a los partidos del Gobierno, a las milicias, a la ocupación estadounidense y a la injerencia de Irán», asegura rodeado de su círculo más cercano de amigos, en quienes tiene plena confianza. A su regreso a Irak participó en primera línea en las protestas que estallaron en octubre de 2019 para pedir el final de sistema sectario y de la corrupción y afirma haber sufrido siete atentados. «Vivo bajo amenaza y lo más hiriente de todo es que las milicias me acusan de ser una marioneta al servicio de EE.UU. para desestabilizar el Gobierno, ¿yo al servicio de los estadounidenses? Son estos partidos y milicias quienes llegaron de la mano de la fuerza ocupante y gobiernan desde 2003 a pesar de los fracasos y de la corrupción», piensa este reportero y político. ¿Y los zapatos? «Nunca me los entregaron, me dijeron más tarde que los destruyeron por temor a que tuvieran explosivos», responde Al Zaidi, que vengó con sus viejos zapatos «la muerte y destrucción causadas por este hombre en mi país. Una pena que el Tribunal de la Haya se olvide de los iraquíes».. «De Bagdad a Kiev: la vuelta al mundo en veinte años». El 20 de septiembre del 2001, nueve días después de la brutal ofensiva terrorista de Osama bin Laden contra Estados Unidos, el presidente George W. Bush declaró la «guerra contra el terror». Era la primera vez en una historia con mucha más guerra que paz que la Casa Blanca se implicaba en un conflicto bélico de alcance global definido en términos tan grandilocuentes. El popular deseo de venganza, represalia y castigo quedó enmascarado en un conflicto sin límites y sin métrica posible para luchar «por todo lo que amamos y contra todo lo que odiamos».   El premeditado asesinato de tres mil inocentes con aviones comerciales convertidos en misiles de crucero se había planeado en Afganistán. Un país tribal, anárquico y violento destruido por la guerra civil que estalló en 1989 al acabar la ocupación de la Unión Soviética. Aquí el Kremlin encontró su Vietnam gracias a la ayuda de Estados Unidos a la insurgencia de los muyahidines. Con el éxito cosechado, Washington perdió su interés por Afganistán, que pasó a convertirse, bajo la influencia de Paquistán, en un parque temático del terrorismo integrista. Embarcado en una creciente espiral de violencia, Osama bin Laden estaba en el punto de mira de Washington mucho antes del 11-S. Y tras la superproducción terrorista de Al Qaida, el gobierno de George W. Bush sabía muy bien que el Afganistán en su mayor parte dominado por los talibanes debía ser el primer objetivo de su «guerra contra el terror». En cuestión de tres días, el presidente recibió el respaldo del Congreso federal para destruir la organización responsable del 11-S y el país que le servía como refugio. 19 de marzo 2003 AFP Una vez que los talibanes se negaron a entregar a Bin Laden, el 7 de octubre comenzó la ofensiva angloamericana en Afganistán. La operación, llamada ‘Enduring Freedom’ («Libertad Duradera») contó con un amplio y activo respaldo internacional. Alemania, Francia, Italia, España e incluso Rusia figuraban entre los países que compartían los objetivos de Estados Unidos y reconocían el derecho a la legítima defensa ante un 11-S considerado como una declaración de guerra. Los antitalibanes de la Alianza del Norte, con el respaldo aéreo del Pentágono, fueron capaces de tomar Kabul en noviembre y Kandahar en diciembre. Pero a pesar de las apariencias, los talibanes lejos de ser derrotados optaron por retirarse. Y el caos de la batalla fue aprovechado por Osama bin Laden para desparecer en las remotas montañas de Paquistán. Esto impidió que Estados Unidos consiguiera sus dos objetivos principales en Afganistán, embarcándose en una larga ocupación para hacer frente a una guerra de insurgencia. La amenaza global del terrorismo En el 2011, el año más duro, 130.000 tropas internacionales (de las cuales 90.000 fueron proporcionadas por Estados Unidos) estaban desplegadas en territorio afgano. Durante ese tiempo que supuso un ingente esfuerzo militar sobre todo para la OTAN, el terrorismo islamista se convirtió en una amenaza global, con una estructura descentralizada y una dimensión totalmente internacional tanto de asesinos como de objetivos, pasando por los medios de comunicación y las redes sociales. Noticias Relacionadas reportaje Si 20 años de la guerra de Irak: Mil y una noches sin Sadam Mikel Ayestaran estandar No Cronología: 20 años de la invasión de Estados Unidos en Irak Carlota Pérez Muy pronto Afganistán sería destronado por otro segundo frente en la «guerra contra el terror»: el Irak de Sadam Husein, contumaz superviviente de la fallida invasión de Kuwait en agosto de 1990. El gobierno de George W. Bush construyó su ‘casus belli’ contra Irak en base a dos argumentos falsos. Primero, los vínculos entre Al Qaida y el régimen de Bagdad. Y segundo, el desarrollo iraquí de armas químicas y biológicas en contra de las prohibiciones impuestas por la ONU. Para los «neocons», que entonces pilotaban el timón estratégico de Estados Unidos, resultaba intolerable la combinación falsaria de Al Qaida , Sadam Husein y armas de destrucción masiva. Inicio de la guerra La guerra de Irak, que empezó con bombardeos aéreos el 19 de marzo de 2003 y una masiva ofensiva terrestre al día siguiente, careció desde un principio del apoyo internacional que tuvo la guerra de Afganistán. Con divisiones no vistas desde la caída del telón de acero, sobre todo los líderes europeos (con la notoria excepción de José María Aznar y Tony Blair) pensaban que no existía vinculación creíble entre Sadam Husein y el 11-S y que el uso de la fuerza contra Irak carecía de la necesaria justificación legal en el marco de Naciones Unidas. A pesar de todas estas diferencias escenificadas en el Consejo de Seguridad de la ONU, pocos dudaban de que Sadam Husein era un brutal dictador, que suponía una amenaza para toda la región y que había superado su utilidad como contrapeso al Irán de los ayatolás. Entre su historial de gravísimas violaciones de los más básicos derechos humanos destacaba el uso armas químicas contra la minoría kurda y la práctica continua de asesinatos sectarios para controlar la mayoría chiita de Irak. Sin armas de destrucción masiva Ante la inexistencia de armas de destrucción masiva en Irak, se intentó utilizar el historial de Sadam Husein como justificación para su derrocamiento. El presidente George W. Bush ya había incluido al régimen de Bagdad en el llamado «eje del mal», junto a Corea del Norte e Irán, embarcados todos en el desarrollo de armas de destrucción masiva y con pocos reparos para su eventual uso. Y en el Washington traumatizado por el 11-S, el Congreso seguía ofreciendo a la Casa Blanca un bipartidista cheque en blanco. Pese a llegar al despacho oval como un crítico del intervencionismo militar en el extranjero, Bush se convirtió en un abanderado del «cambio de régimen» para Irak. Tenía la arrogancia de querer exportar un sistema democrático a un país sin ningún interés por un proyecto común nacional de libertades y tolerancia. Y como en Afganistán, la guerra iniciada hace veinte años fue relativamente expeditiva y se saldó en cuestión de tres semanas permitiendo a Bush declarar «Misión cumplida» sobre la cubierta del portaaviones USS Abraham Lincoln. Sin embargo, la postguerra se convirtió rápidamente en una larga y terrible pesadilla que costaría la vida a un estimado medio millón de iraquíes. Como explica el historiador Ian Kershaw : «La invasión, el tratamiento de Irak por sus conquistadores y el vacío de poder que reemplazó la dictadura de Sadam Husein, fueron un regalo para terrorismo yihadista internacional». De los 500 atentados registrados en 1996 se pasó en el 2006 hasta los 5.000. En esta escalada se incluye la matanza en Madrid del 11 de marzo del 2004, el mismo año en el que se contabilizaron 26.500 ataques solamente en Irak. La tragedia iraquí ha dejado cicatrices por todo el mundo muy difíciles de curar. Donald Trump utilizó las «guerras eternas» para llegar a la Casa Blanca en 2016. Libia fue una intervención menor pero igualmente contraproducente. Francia ha aguantado nueve años en el Sahel sin conseguir mucho. Afganistán fue la operación más larga de todas, hasta que se derrumbó con la humillante huida de Kabul en agosto del 2021. Cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas votó el pasado mes de marzo a favor de condenar la invasión de Ucrania, unos 35 países optaron por abstenerse. Entre ellos, Estados clave como India, Pakistán o Sudáfrica. Muchos en el llamado «sur global» siguen citando Irak como la base de su desconfianza hacia las intenciones occidentales. Dos décadas después, el balance de una guerra tan corrupta como la de Irak no debería servir como justificación para el violento revisionismo que comparten Rusia y China. Al entrar en el segundo año de agresión contra Ucrania y anticiparse un cada vez más posible ataque contra Taiwán, tanto Vladímir Putin como Xi Jinping han intentado avanzar el retorcido argumento de que Occidente les debe una. Pero repetir en bucle perpetuo el caso Irak como razón para no enfrentarse a las agresiones de dictadores es renunciar a un mundo mejor.. http://www.databot-app.com

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De mariapiluca

bohemia y soñadora, el sol me persigue, la luna me embruja, todas las noches sueño algo, y los sueños están para cumplirlos, ponte tus metas día a día, y no te vengas a bajo, soy firme ante los problemas y al mal rato buena cara

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