News – Noticias «Proclamación de Carlos III de Inglaterra y última hora sobre la muerte de Isabel II, en directo». El hasta ahora Príncipe de Gales ha sido proclamado formalmente este sábado como Carlos III, Rey de Inglaterra , tras el fallecimiento el jueves de Isabel II a los 96 años, aunque en realidad ya lo era desde la muerte de su madre por ser el primero en la línea sucesoria. La proclamación ha tenido lugar a las 10 hora local (11 horas en España) ante el Consejo de Adhesión, un acto celebrado en el Palacio de St. James. Carlos III se dirigió este viernes a la nación, desde el Palacio de Buckingham, en su primer discurso como Rey de Inglaterra. COMPONENTE Directo Opta/Scribblelive 3011363. «De las monedas al himno nacional: los cambios que vendrán con la muerte de Isabel II y el nuevo rey». En las monedas, en los billetes, en los sellos, en los pasaportes… El rostro de la Reina Isabel II figura en muchos aspectos de la vida diario del Reino Unido que, unido al himno nacional o incluso los cascos de la policía deberán ser modificados con la llegada al trono de Carlos III. El rostro del nuevo rey sustituirá al de su madre no solo en la monedas y billetes del Reino Unido, sino también de otros países del mundo como en las Islas del Caribe Oriental, Canadá, Australia o Nueva Zelanda. También en las islas de Jersey, Guernsey y Man, así como las Malvinas, Gibraltar y Santa Elena, todas ellas dependientes de la Corona británica. En 1936, durante el reinado de 326 días del rey Eduardo VIII, se acuñaron monedas, pero el monarca abdicó antes de que se pusieran en circulación. Noticias Relacionadas estandar Si una visión del nuevo rey Charles Powell: «Isabel II es un icono mundial irrepetible, algo que Carlos III jamás será» César Cervera estandar No Carlos III: «Ha llegado el momento que me daba pavor» Juan Roig Valor Pero más allá del dinero, el rostro de Isabel II también aparece en los sellos, mientras que las letras EIIR, de Elizabeth II Regina, figuran sobre todos los buzones de correos, que deberán ser modificados, así como el distintivo de los cascos de la policía, que incluyen las mismas letras. Cambios en el himno: «God save the King» Desde ahora, los ciudadanos británicos tendrán que hacer un esfuerzo cuando canten el famoso himno nacional, cuya letra se verá modificada para masculinizarla y pronunciar correctamente el «God Save the King», en lugar de «God save the Queen», como se lleva cantando desde 1952. Aunque el esfuerzo no será solo suyo, ya que este es uno de los dos himnos nacionales también de Nueva Zelanda y el himno real de Australia y Canadá, que tienen sus propios himnos nacionales. Los pasaportes también serán modificados, tanto el texto de la cubierta interior, emitidos en nombre de la corona, como la inscripción similar que aparece en el interior de los pasaportes australianos, canadienses y neozelandeses. Los brindis, en nombre del rey ¿Y las celebraciones? En los actos oficiales, las copas se levantarán en nombre del rey, no de la reina. Los nombres del «gobierno de su majestad», del tesoro y de las aduanas pasarán de ser «her majesty’s» a «his majesty’s». Así también, será «el discurso del rey», y no el de la reina, el que inaugure las sesiones parlamentarias presentando el futuro programa de gobierno. Cambiarán del mismo modo el nombre de «la guardia de la reina», fotografiada hasta la saciedad por los turistas frente al Palacio de Buckingham. MÁS INFORMACIÓN noticia Si El mayor reto de Carlos III: ser una figura política, pero no intervenir noticia No La herencia de los títulos reales tras la muerte de Isabel II: estos son los nuevos reyes, príncipes y duques noticia Si Recuerdos de una vida con la Reina a la sombra de San Pablo La policía ya no velará por la paz de la reina , sino por la del rey, y los abogados superiores pasarán de ser QC (Queen’s counsel) a KC (King’s counsel). En el ejército, los nuevos reclutas ya no tomarán «el chelín de la reina» al alistarse, como establece la fórmula. Tampoco tendrán que someterse a las normas de la reina. También se masculinizará el nombre del «Her Majesty’s Theatre», teatro del célebre barrio londinense del West End, donde se representa El Fantasma de la Ópera desde 1986. Y quienes aspiren a hablar inglés con el acento más elegante posible, conocido como «el inglés de la reina», ahora tendrán que intentar hablar «el inglés del rey» Carlos III.. «Londres está tranquilo y los punkis también lloran». En el bus 44 nunca pasa nada y hoy no es una excepción . Tampoco pasa nada en la estación de tren de Clapham Junction ni en el trayecto de metro que une Victoria con Saint John’s Wood. No pasa nada en los bajos del oeste, allá por Portobello, que hasta hace poco apenas era refugio de jamaicanos y de ‘squatters’ exiliados y que últimamente se ha convertido en una especie de patria para cuarentones sentimentales que crecieron viendo ‘Pretty Woman’. No pasa nada en los polígonos de Barking, ni en los parques de cerca de Brixton y ni siquiera pasa nada en los teatros del West End, que conservan su olor a oportunidad perdida y a moqueta fría. Hoy no pasa nada especial en la ciudad en la que suele suceder todo. Y eso debe hacernos sospechar. Veo fontaneros de Pimlico en furgoneta, banqueros de la City en Aston Martin y madres que llevan a sus hijos al colegio como cualquier otro día. En el bus hay mujeres recién duchadas que hablan por teléfono con sus jefes y que se quejan de lo poco capacitado que está su equipo, profesores de yoga con cara de llamarse Reginald y cocineros con toda la pinta de formar parte del equipo de trabajo de la mujer recién duchada. El Londres real sigue su curso . Unos del corazón a sus asuntos, otros de sus asuntos al corazón y todos deseando que llegue el fin de semana para cargarse de temas y romper el silencio tenso del ascensor de los lunes. Noticias Relacionadas estandar Si El mayor reto de Carlos III: ser una figura política, pero no intervenir Glyn redworth estandar Si una visión del nuevo rey Charles Powell: «Isabel II es un icono mundial irrepetible, algo que Carlos III jamás será» César Cervera estandar No Meghan Markle sigue quitando el sueño a la familia real Pilar Vidal estandar Si Felipe VI y Carlos III, dos reyes coetáneos con desafíos comunes Angie Calero Pero hay otro Londres. Ha estallado el turismo de la tristeza y su epicentro es Buckingham Palace. Llegan allí desde Green Park, desde Westminster y desde Trafalgar Square. Llegan por Picadilly Circus, por Belgravia y desde un Hyde Park desde el que oigo decenas de salvas en honor a la Reina. Aunque uno de Sevilla me ha dicho en el Brand que solo conoce a una Reina y que duerme en San Gil. En cualquier caso, solo ahí se comienza a notar un luto en el ambiente. Domina el negro Y en las ropas. El negro lo domina todo en una ciudad en la que llueve intermitentemente desde hace días, recordándonos a algunos lo que era el otoño e impregnando la escena de un aspecto de ‘new wave’ ochentera que, por cierto, le sienta de lujo. Londres es hoy un pantonario en el que solo se ve la escala de grises . Y Buckingham Palace parece Almonte el día del salto de la verja. Hay miles de personas llegadas de cualquier parte de Londres, del Reino Unido o simplemente turistas que, como yo, hemos tenido la suerte de estar en el momento adecuado en el lugar oportuno. Y periodistas, muchos periodistas de todo el mundo. Me atrevería a decir que en esta rotonda frente al Palacio hay tantos visitantes buscando flores como periodistas buscando visitantes. Se buscan unos a otros y se encuentran, siempre hay un roto para un descosido. Carlos III ya ejerce Un rey vive para estos momentos y el resto es prescindible. Los soberanos saben que es ahora cuando han de dar la talla Hay unidades móviles, cámaras, sets de televisión y fotógrafos. Hay locutores de radio buscando cobertura, columnistas con cara de clochard y cronistas que se miran como si no se conocieran, que es, en realidad, la manera en la que se miran los que mejor se conocen. Y luego los personajes: el punki de Camden, la abuelita de Yorkshire, el cazador de los Costwolds; los inmigrantes llegados de India, las cheerleaders canadienses, los activistas gais. Me centro en el punki, claro, que me confirma que está triste, que esto trasciende a la política y a la estética, que los punkis también lloran y que, de hecho, ellos llevaban parches con banderas del Reino Unido por algo. Porque el punki es el ultimo dandi y hay que ser muy inglés para eso. Todos cuentan lo mismo, así que dejo de preguntar. A saber: que Isabel fue una gran persona, que era muy querida, que toda Inglaterra está triste y afectada; que no es una cuestión de monárquicos o republicanos ni de izquierda o de derecha, sino del sentimiento de un pueblo entero; que ahora se enfrentan a un nuevo tiempo con nuevo Rey, nueva primera ministra y todo es de incertidumbre; que la Reina lo vertebraba todo, que ha sido la protagonista de una era y, en definitiva, que todo el mundo ama a Isabel. En cuanto a Carlos, división: las más cafeteras no dudan de su valía y los más jóvenes no dudan de su parcialidad y propensión a meterse en charcos. Y en ese momento, en ese preciso momento en el que Helen, que venía de un lugar de Gales cuyo nombre no he llegado a entender, pronunciaba la palabra «charcos» hace acto de presencia el mismo Carlos III junto a la Reina consorte, bajo dos helicópteros como águilas imperiales. Y con total naturalidad comienzan a caminar entre el gentío, a pie, como toreros por la Puerta Grande dando la mano a todo el mundo, recogiendo los cientos de ramos de flores dedicados a su madre y leyendo los mensajes de cariño, mientras se escuchan los primeros gritos de «God Save The King», supongo que igual de espontáneos que los castings de Pedro Sánchez. Saben que para ser Rey lo primero es parecerlo, que no tienen una segunda oportunidad para dar una primera impresión y que las primeras horas serán cruciales para el devenir de su reinado. Por eso, a partir de ahora, todo tendrá mucho de teatralización. Un Rey vive para estos momentos y el resto es prescindible. Saben que es ahora cuando han de dar la talla y que hay compatibilizar la tristeza con la tranquilidad, la esperanza con la contención y la afectación con el autocontrol. Al fin y al cabo, en un mes todo habrá pasado y podrá cazar faisanes en la tranquilidad del lema de los Windsor: ‘Dieu et mon droit’, que no dista mucho de ese ‘Dios y leyes viejas’ del PNV, cambiando la txapela por el casco negro de un ‘beefeater’. Postal dirigida a la Familia Real ABC Encuentro en el suelo una postal dirigida a la Familia Real que transcribo literalmente: «A nuestra querida Familia Real: Toda nuestra familia está agradecida por la vida de nuestra Reina . Estamos orgullosos de cómo ha guiado la nación hacia Jesucristo. Con oraciones para el Rey Carlos y para toda la Familia Real, se despide con cariño la familia X, de Bristol, la familia Y de Alemania y la familia Z de Azerbayán». Y creo que esta postal dice mucho del sentir general: agradecimiento, cariño y a seguir . Este es el tono en Inglaterra. Pese a lo que les digan, la sensación en las inmediaciones de Buckingham Palace es de tranquilidad, de paz y un cierto aire de festejo. No es un festejo explosivo, pero sí que se percibe algo de folklore. Es la aceptación sin estridencias de la muerte y el agradecimiento a una mujer que ha muerto sin sufrir y con el trabajo bien hecho. Yo firmo. El ‘turismo’ de la tristeza Desde los alrededores del Palacio de Buckingham, donde se congregaron cientos de personas, hasta el metro, e incluso los pubs, la muerte de la Reina copó ayer la vida del pueblo británico La palabra clave Y uno tiene la sensación de que quizá en España se esté magnificando el asunto. Los mitos crecen en la distancia . En la cercanía solo crecen las dioptrías y los pelos de la barba. Y en Londres, en la cercanía de este bus 44 en el que vuelvo a casa, la palabra clave es normalidad, le pese a quien le pese. No hay escenas graves, no hay impostaciones ridículas, exageraciones ni mucho menos demostraciones de patriotismo furibundo. Solo respeto, calma y silencio. Por eso llama la atención el apasionado amor que ha surgido por Inglaterra desde mi país. Oigan, llámenme raro, pero yo a quien quiero es a España . Lo normal para cualquiera que conozca nuestra historia sería limitarse al respeto diplomático hacia el Reino Unido y su monarquía. Pero ni un gramo más, ni una bandera a media asta, ni un segundo de luto. Ellos no lo harían. En cambio, hoy vemos a patriotas españoles rendidos sentimentalmente a Inglaterra y a republicanos convirtiéndose de modo paulino a la monarquía, siempre que no sea la suya. Miren, yo me he acabo de hacer pasar por protestante para poder entrar en Westminster y confirmarles así a ustedes que allí tampoco pasa nada. Pero me he sentido tan culpable y tan cercano a la herejía que he corrido a San Pablo a confesarme y a soltarles una donación para sus cosas. Las mías nunca serán las de los protestantes. Y mucho menos las de Inglaterra. Me acuerdo de Blas de Lezo y sonrío en el ‘toilet’. Y a Barajas.. «Carlos III: «Ha llegado el momento que me daba pavor»». La única reunión que tuvo la primera ministra británica, Liz Truss, con la reina Isabel II, fue el pasado martes, dos días antes de su fallecimiento. Es poco frecuente que el líder del Ejecutivo se reúna dos veces en una semana con la Corona, pero se trata de circunstancias excepcionales. Ayer, Truss se reunió con Carlos III, el nuevo rey de Inglaterra, poco después de que él llegara al Palacio de Buckingham para preparar su Consejo de Ascensión, la ceremonia en la que será investido en su puesto frente a 14 representantes de la Commonwealth. En su reunión, la primera de las dos personas recién instauradas en sus nuevos cargos, ambos iban vestidos completamente de negro y Truss puso una afectuosa mano en el brazo de Carlos III. Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP Código APP «Ha llegado el momento que me daba pavor», afirmó el nuevo rey, «como sé que a mucha gente también». Sin embargo, también encontró un momento de humor, afirmando que «intentarán mantener todo fluyendo». «Ha sido muy emocionante cuando hemos llegado esta tarde y hemos visto a todo el mundo que vino a darnos sus condolencias y flores. Ha sido muy amable por venir, sé lo ocupada que debe estar», le dijo a la primera ministra. Liz Truss, en declaraciones a la Cámara de los Comunes afirmó que Carlos III, «incluso en su luto, tiene un enorme sentido del deber». Y continuó: «Ya ha llevado a cabo una profunda contribución a la conservación medioambiental , a la educación y a su diplomacia incansable. Le debemos nuestra lealtad y devoción». A partir de ahora, las reuniones semanales entre Carlos III y Truss se llevarán a cabo cada martes por la tarde. La ex primera ministra, Theresa May, bromeó con que sería «la única reunión que no se acabaría filtrando a la prensa». MÁS INFORMACIÓN noticia Si El mayor reto de Carlos III: ser una figura política, pero no intervenir noticia No Proclamación de Carlos III de Inglaterra y última hora sobre la muerte de Isabel II, en directo noticia Si Charles Powell: «Isabel II es un icono mundial irrepetible, algo que Carlos III jamás será» Refiriéndose a sus reuniones con Isabel II, May declaró que «no era reuniones con una monarca inalcanzable, sino conversaciones con experiencia, conocimiento y una sabiduría inconmesurable».. «El mayor reto de Carlos III: ser una figura política, pero no intervenir». El día del fallecimiento de Isabel II es trascendental para la historia, y no solo del Reino Unido y de las diversas repúblicas y monarquías de la Commonwealth. También es extraordinariamente triste desde una perspectiva humana. Isabel reinó, con sabiduría y compasión, más tiempo que ningún otro monarca británico. La inmensa mayoría de sus súbditos -o ciudadanos, como la Reina prefería decir- no pueden recordar una época en la que ella no estuviera presente. Poseía una autoridad moral única . Nunca fue más evidente que durante el confinamiento por el Covid. En abril de 2020, su mensaje al pueblo británico levantó el ánimo de la nación cuando, recordando una canción de la Segunda Guerra Mundial instalada en la memoria colectiva, prometió a todos que ‘Volveremos a encontrarnos’. Figura política Pero el fallecimiento de Isabel II es trascendental porque además era una figura política. Por supuesto, no era una figura ‘de partido político’. Primeros ministros de todo el espectro ideológico han dejado constancia de lo mucho que valoraban sus consejos (en las raras ocasiones en que se decidía a darlos), pero lo más habitual es que hayan expresado su gratitud por poder hablarle de sus problemas y frustraciones con la certeza de que lo que decían jamás se filtraría. Noticias Relacionadas reportaje Si Londres está tranquilo y los punkis también lloran José F. Peláez estandar Si Isabel II, una gran amante del suspense Antony Beevor estandar Si Felipe VI y Carlos III, dos reyes coetáneos con desafíos comunes Angie Calero opinion Si sala de máquinas Obligaciones reales Julián Quirós Isabel II se reunía con sus quince primeros ministros británicos aproximadamente una vez a la semana cuando el Parlamento estaba en sesión. Pasaba unas horas cada día leyendo los documentos del Gobierno, incluidos los secretos que no se revelaban a los miembros de menor rango del gabinete. El ex primer ministro socialista Harold Wilson, el primero que tuvo de esa orientación política, aconsejaba a sus sucesores que trajeran el trabajo hecho desde casa antes de sus audiencias con la Reina. En su primera reunión, ella sacó a colación un tema sobre el que él no había leído nada, lo que le hizo sentirse muy avergonzado. Más recientemente, los historiadores de la crisis de los misiles en Cuba de 1962 han descubierto pruebas cruciales sobre el movimiento de los misiles rusos a partir de los papeles enviados a la Reina, pero que accidentalmente quedaron disponibles en los Archivos Nacionales. Nadie discutiría que Isabel II fue una fuerza política que cambió las reglas del juego durante sus 70 años como jefa del Estado. Eso sería imposible en una democracia compleja, en la que la política se forja entre innumerables grupos de presión y en incontables comités y subcomités. Otro ex primer ministro de centroizquierda, James Callaghan, reveló que una vez, cuando tenía un problema concreto, le preguntó a la Reina qué haría ella . Siempre cautelosa a la hora de comprometerse sin una razón de peso, Isabel le respondió, tras un momento de vacilación, que era a él a quien le pagaban por tomar decisiones. Por decirlo de otro modo, Isabel II era inflexible en su deseo de servir a su pueblo, pero sin tratar de dictarles nada . Esta actitud era mucho más que un deseo de preservar la monarquía. Como soberana ungida y coronada, creía fervientemente que su papel era el de apoyar la democracia, no alterarla. Relación con quince primeros ministros Numerosas figuras políticas británicas recuerdan la capacidad de trabajo de Isabel II y su conocimiento sobre diversos temas Pero, por el mero hecho de ser jefa del Estado, era un personaje político, aunque no en cuanto a poder político partidista duro. En 2014, el Gobierno de David Cameron temía que el pueblo de Escocia votara a favor de separarse del Reino Unido. Recurrió al Palacio de Buckingham en busca de ayuda. En su acción política más abierta de la que tengamos conocimiento, Isabel accedió a intervenir, pero de la forma más sublime . Utilizó su autoridad moral -su poder blando- para permitir que las cámaras escucharan una conversación aparentemente privada. Al salir de la iglesia un domingo por la mañana antes de la votación, le preguntaron sobre el referéndum y ella respondió que esperaba que los escoceses «pensaran detenidamente sobre el futuro». El comentario fue tan sutil que ni siquiera los nacionalistas más acérrimos pudieron quejarse abiertamente. Noticias Relacionadas estandar Si Recuerdos de una vida con la Reina a la sombra de San Pablo Isabel Gutiérrez Rico estandar Si Carlos III, el Rey ecologista N. Mira Esa habilidad para dotar de autoridad moral a las decisiones políticas resultó de suma importancia en 2011. La Reina y el Príncipe Felipe realizaron una visita de Estado a la República de Irlanda. Su disposición a enfrentarse a las problemáticas relaciones entre Gran Bretaña e Irlanda, e incluso a pronunciar unas palabras en lengua irlandesa, se tomaron como una señal de que las relaciones entre ambos países por fin habían madurado . Al año siguiente, estrechó públicamente la mano de Martin McGuinness, un antiguo líder del IRA, la organización responsable del asesinato de Lord Mountbatten. Se había otorgado el sello real a la reconciliación que Irlanda del Norte necesitaba para garantizar el éxito del proceso de paz. Desafíos urgentes El nuevo Monarca será también una figura política, le guste o no. Como Carlos III -ha descartado llamarse Jorge VII-, el nuevo Rey no tendrá tiempo de acumular la autoridad moral que su madre poseía. Es muy probable que la muerte de Isabel II dé un impulso a la docena o más de los 54 países de la Commonwealth que optaron por mantener al Monarca británico como su jefe de Estado. Tras el fracaso de un referéndum en Australia, muchos republicanos reconocieron que sería inapropiado hacer campaña mientras la Reina siguiera viva. Pero si Carlos III pierde varios de sus reinos, no será un asunto grave. Asistió encantado a la reciente ceremonia que señalaba el cambio de Barbados a una república. Seguirá siendo el jefe de la Commonwealth, y ninguna nueva república ha querido nunca abandonar esa organización simplemente por un cambio en sus disposiciones constitucionales internas. Otra organización de la que es ahora el jefe, la Iglesia de Inglaterra, podría resultar más problemática para Carlos III . Es el Gobernador Supremo de la Iglesia Anglicana, pero también seguirá utilizando un título que, irónicamente, el papado concedió en su día a Enrique VIII, el de Defensor de la Fe. Ha dicho que le gustaría que le vieran más como un defensor de la fe en general . Cristiano devoto como su madre, también siente un gran respeto por otras religiones, especialmente el islam. Será interesante ver si en su coronación, y la de la Reina consorte Camila, se concederá algún papel a los miembros de otras religiones. Algunos anglicanos menos ilustrados ya se han opuesto a esta posibilidad. Mantener la unidad territorial El reto más trascendental al que se enfrenta el rey es garantizar la integridad territorial ante el desafío en Irlanda del Norte y Escocia También se tiene la sospecha de que el Rey Carlos quizá tenga que ser un jefe de Estado más intervencionista de lo que jamás se le exigió a su madre. El Monarca tiene dos funciones constitucionales principales. La primera es la de nombrar un primer ministro. La segunda es la de conceder el permiso para celebrar elecciones generales (una de las decisiones poco conocidas del Gobierno de Boris Johnson fue la de abolir los parlamentos de duración determinada y reinstaurar la facultad del primer ministro de convocar elecciones anticipadas, con la aprobación del monarca). El sistema de las democracias parlamentarias occidentales se basaba habitualmente en la existencia de dos partidos principales que más o menos se alternaban en el gobierno. Ahora parece que cada vez surgen más agrupaciones políticas , ya sean nacionalistas o basadas en personalidades (por ejemplo, Trump en Estados Unidos o Macron en Francia, y España evidentemente no es una excepción). Esto significa que cada vez será menos claro quién puede controlar una mayoría en la Cámara de los Comunes británica. En otras palabras, no será obvio quién debe ser primer ministro o quién tiene derecho a convocar elecciones anticipadas. Puede que el Rey Carlos tenga que decidir. En sí misma, esta no es una cuestión de política partidista. Se trata simplemente de aplicar las reglas del juego. Pero los políticos tienen la costumbre de atacar a quienes toman decisiones que no les gustan. Efectivamente, es posible que el nuevo Monarca tenga que andar con pies de plomo. Mantener la unidad Pero el reto más trascendental al que se enfrenta el Rey Carlos III sigue siendo el de la integridad territorial del Reino Unido. Los protestantes norirlandeses se mantienen visceralmente leales a la Corona , hasta el punto de que quizá fueran reacios a aceptar que, con el cambio demográfico, por no mencionar el Brexit, una mayoría de los habitantes del Ulster pueda desear, dentro de poco, asociarse a la República Irlandesa. En Escocia, el partido nacionalista se proclama a favor de una monarquía compartida, pero está por ver si eso sobrevivirá durante el nuevo reinado. 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Ha escrito extensamente sobre la historia británica y española en el Siglo de Oro y tiene un interés particular en la historia constitucional.. http://www.databot-app.com
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