News – Noticias «Jon Rahm iguala al maestro Ballesteros». Una temperatura primaveral; un hoyo 18 colapsado de público y carreras nerviosas para encontrar el mejor hueco con el que disfrutar del gran ídolo del golf. No, no se trata de un ‘déja-vu’ del último triunfo profesional de Severiano Ballesteros en el Open de España de 1995, sino del éxito logrado ahora por Jon Rahm en el mismo lugar: el Club de Campo Villa de Madrid. Estamos en 2022 y el hoyo 18 del recorrido capitalino, que había sido testigo del mítico desempate con Eduardo Romero en los años 90, fue el escenario del último triunfo profesional del cántabro. Era el quincuagésimo de su carrera europea y el tercero en su Abierto Nacional, un torneo que llevaba muy dentro porque en él ejercía también como organizador. Y precisamente esa cifra siempre la ha tenido en cuenta Rahm a la hora de ponerse objetivos que batir. Después de ganar el Open en 2018 y 2019, este año sentía que ya lo tenía al alcance de la mano. Y fue ayer, con el apoyo incondicional de su gente y unas condiciones similares a las de 27 años atrás, cuando el vasco consiguió alcanzar uno de sus retos. «No tengo palabras para describir cómo me siento», comentó emocionado al terminar, «pues igualar a mi ídolo en tan poco tiempo era uno de mis grandes sueños. Soy consciente de que quizá este no sea un campeonato con el mejor plantel de la temporada, pero hay que venir a Madrid y ganar, y eso es lo que he hecho. Estoy más que orgulloso de lo conseguido». Aunque pueda parecer fácil por la diferencia obtenida (seis golpes de renta sobre el francés Pavon), a mediados de ronda la cosa no estaba tan clara. Hasta el hoyo 9 no alcanzó dos de ventaja sobre el australiano Lee y fue en los agujeros de vuelta en los que ya desató todo su potencial para regocijo de los cuarenta mil espectadores que le seguían. Su dominio fue tal que incluso se permitió el lujo de coquetear con un albatros en el hoyo 14, pero la bola dio en la bandera y a la postre el ‘eagle’ resultante le sirvió para adquirir los seis golpes de ventaja con los que terminaría el torneo. «Ha sido una sensación maravillosa poder compartir una jornada tan brillante con toda la afición española» comentó abrumado por el apoyo recibido. Su magnífica tarjeta de 62 golpes se merecía este apoteósico final. Chacarra gana en el LIV La otra gran noticia para el golf español vino de Tailandia, donde Eugenio López-Chacarra logró su primer triunfo en el LIV Invitational. El madrileño superó por tres golpes a Patrick Reed y se embolsó cuatro millones de dólares de premio.. «Teoría del delantero centro». El Getafe-Real Madrid resumió el argumento en favor de la Superliga (ese espectáculo acaba con cualquier afición), pero la Superliga tiene en contra a Zelenski, que escribió (se supone que a instancias de Boris el Confinador, que ejerce de abogado del Diablo, que en este caso es la Premier) una carta al uefo Ceferino instándole a perseverar en su lucha contra la Superliga porque la Superliga es un caballo troyano contra la Democracia Liberal, que sería la encargada, una vez hundido el negocio del fútbol, de pagar las nóminas de Pedri y Carvajal, por citar a las dos estrellas españolas (no sabría uno decir cuál de las dos brilla más) de Barcelona y Real Madrid, que son quienes tiran del carro de los pinchazos de pago en TV. Ahora que se acerca el Mundial que nunca debió celebrarse, resurge el nacionalismo batueco, y el Relato nos recuerda que, por un español que juega en el Madrid, juegan cinco en el PSG, pasando por alto la relación de copas de Europa (14 por 0) entre ambos clubes. Por cierto, que también al Mundial se apunta el Hombre a la Moda: lo hace de la mano de Rubiales (¿qué puede salir mal?) para organizar el de 2030, fecha en la que, tal como discurren las cosas, lo más probable es que estemos todos calvos. Mientras tanto, impostemos normalidad. Estábamos con la democracia. Cuando Cruyff decía que el fútbol es el deporte democrático por excelencia, se refería a que lo puede jugar todo el mundo: hombres y mujeres, viejos y jóvenes, gordos y flacos, altos y bajos… Nunca se metió en otros jardines, aunque en su debe figura el personaje Guardiola, construido con un recogepelotas, que después de décadas vendiéndonos el tiquitaca como la fenomenología del espíritu futbolístico va y descubre… el delantero centro. Pero el idealismo absoluto no son los rondos de la Masía, que no pasan de ser las rosquillas de la tía Javiera que ofrece el Relato. ¡El idealismo absoluto es el Delantero Centro! Hegel se sentó a escribir su fenomenología del espíritu (que me corrija Pablemos, el Alain español, si no es así) la noche en que desde su casa oyó los cascos de los caballos de la escolta de Napoleón camino de la batalla de Jena. Son los cascos de Haaland en la batalla del área de gol. Con Haaland, el ‘fupbol’ guardiolés deja de ser la corteza de torrezno dando vueltas en la boca de un viejo sin dientes para convertirse en el alimento de un monstruo que reduce el fútbol a meter goles, con lo que, de paso, Guardiola acredita su españolidad. –El pueblo español –nos explicó aquí Ruano– invierte sus ahorros en la lotería en lugar de dedicarlos a la industria, de la misma manera que, en vez de canalizar sus ríos, organiza rogativas durante las épocas de sequía. El trabajo no le inspira ninguna confianza, y, además, le resulta incómodo. Que trabajen los pueblos de poca fe; pero no aquellos que creen en la Providencia. La Providencia es Haaland, y todo lo demás, trabajar, como se vio el sábado en Getafe, cerca de donde una vez los milicianos ‘afusilaron’ al Corazón de Jesús, sin nadie que aprovechara los maravillosos alborotos de Vinicius, que luego, para el remate, tiene la curva de mortero de Butragueño (¡aquellas semifinales contra el PSV en el 88!), aunque con una Champions más. Harto de aguantar la chapa del ‘fupbol’, Ancelotti, el único entrenador que viste como un caballero (aunque se deja tutear en público –¡el tuteo falangista!– por las parpayuelas del Plus o lo que eso sea), ha tenido que contestar a Xavi que «el fútbol no es sólo pasarse el balón», y con razón. El fútbol, como acaba de descubrir Guardiola, es pasarle el balón al delantero centro, si lo tienes (aquí nos iríamos a la jugosa metáfora mourinhista del gato y el perro de caza). ‘¿Dónde está el delantero centro?’, es una novela de Gary Lineker escrita para desahogar el estrés que le produjo que Cruyff lo alineara de extremo, cuando él era delantero centro, si bien ha pasado a la historia no por sus goles, sino por sus dichos, alentados por un afán de notoriedad churchilliano (Lineker, como Churchill según el conde de Birkenhead, se ha pasado «los mejores años de la vida preparando ocurrencias espontáneas») que le ha llevado a apuntarse al victimismo racial: «En Leicester sufrí abusos racistas en la escuela y un par de veces durante mi carrera futbolística por mi piel oscura», recibiendo un tuitazo de Nigel Farage: –Oh please, GaryLineker. I know you suffer from guilt, but this is simply ridiculous. Después de todo, ¿qué podría decir Vinicius? Por ser el jugador más entretenido de la Liga, recibe un trato (mediático, social, arbitral) que en la Premier no ha recibido ni Zouma después de publicarse su video doméstico pateando a un gato, con lo que eso supone en Inglaterra. La España invivible.. «Verstappen, el campeón educado en una disciplina militar». No hay una gran liturgia detrás del escaparate en el que Max Verstappen (25 años) se exhibe como campeón de la Fórmula 1 por segunda vez. Un tipo predestinado a competir y ganar en el automovilismo, de familia criada entre válvulas y gasolina, con novia y futura esposa procedente de una saga motor (Piquet) y fruto de varios cruces de intereses: la ambición desmesurada del piloto holandés y una cultura limítrofe con la educación militar. Verstappen es el campeón criado entre la exigencia de su padre expiloto de F1 y la escuela de marines que fundó Red Bull en Austria. Para alcanzar su segundo entorchado mundial, el neerlandés vivió en la incertidumbre de la confusión del Gran Premio de Japón. «¿Pero soy campeón o no?», preguntó en la antesala del podio a su compañero Checo Pérez, quien tampoco sabía la respuesta. La habitual complejidad para entenderse a sí misma de la Fórmula 1 se plasmó en el desenlace en Suzuka: por haber concluido la carrera y por la sanción de cinco segundos a Charles Leclerc (se saltó una chicane) que lo desplazó al tercer puesto (15 puntos en vez de 18), Verstappen se coronó campeón. Eso sí, sin vuelta al ruedo al circuito ni espontaneidad en la celebración ni los usuales aullidos a través de la radio. Hasta ahí le transportó el caos de una carrera en medio del diluvio. Allá donde vaya Verstappen, va su padre. Jos Verstappen, un expiloto de Fórmula 1 en el cambio de siglo que compartió equipo con Pedro de la Rosa en Arrows y no llegó a ser indiscutible en este deporte: 107 carreras entre 1994 y 2003, dos podios y 17 puntos. Un buen piloto sin pedigrí de estrella. En la Fórmula 1 la figura paterna tiene algo de madre de folclórica, son progenitores que vivieron con intensidad su afición por los coches y lo traspasaron a sus hijos. El padre de Alonso era empleado de una fábrica de explosivos cuya devoción por todo tipo de automóviles lo llevó a construir un kart artesanal con los colores de McLaren-Honda, el de Senna y Prost, para la hija mayor, Lorena. Esta lo rechazó y el regalo cayó en manos de Alonso. Ahí empezó su historia. El padre de Hamilton fue emigrante a Inglaterra desde una isla del Caribe, Granada, que hacía pluriempleo en todo aquello que le salía y lo compaginaba con su empleo en el metro de Londres. Horas extras para levantar la carrera automovilística de su ahora afamado y multimillonario hijo. Noticias Relacionadas estandar No Fórmula 1 Verstappen, bicampeón entre la confusión y una carrera de temor y riesgo en Japón José Carlos Carabias estandar Si Fórmula 1 El plan de Alonso se desmorona: líos y retiradas en Alpine José Carlos Carabias El padre de Carlos Sainz fue tan famoso o más que él, campeón mundial de rallys. El cabeza de familia de Lance Stroll, el futuro jefe de Alonso en Aston Martin, es un magnate de la industria textil (Tommy Hilfiger, Michael Kors, Pierre Cardin) que siempre sintió devoción por las carreras de coches. Multimillonario de las listas Forbes, compró un equipo de Fórmula 1 (Force India) para que corriera su hijo. El padre de Vettel tenía como oficio la carpintería en la localidad de Heppenheim. Y, como incondicional del automovilismo, le compró por eBay a su hijo las piezas que faltaban para construir un kart en el que pudiera competir en las categorías inferiores. Los padres de la F1 Verstappen es el producto de la disciplina marcial de su padre y de la tradición familiar. Su madre, Sophie Kumpen, también fue piloto y activista del karting en competiciones europeas. Y su tío, Anthony Kumpen, fue campeón en la Nascar Whelen Euro Series. De casta le viene al galgo. Jos Verstappen decidió hacer de su hijo el campeón del mundo que él no pudo ser. Ambos se echaron a la furgoneta en la época escolar del retoño para hacer más de 100.000 kilómetros anuales recorriendo la geografía continental en busca de carreras de karts. Forjaron una unión sólida en las carreteras de Europa. El pequeño Max siempre miraba y obedecía a su progenitor. Casi en la dejadez académica , papá Jos dio prioridad a la carrera automovilística de su hijo por encima de los estudios. Los métodos de Jos Verstappen calaron en la personalidad de Max, hoy duro como el pedernal y siempre con determinación para conseguir sus fines. Papá le obligaba a conducir sin guantes, aterido de frío, para que resistiese al dolor. Le prohibía adelantar en las curvas sencillas de los circuitos para que descubriese otros caminos por los que rebasar al rival. Son famosas las rabietas del cabeza de familia, esos alaridos o los golpes en el casco del pequeño Max cuando cometía errores. Uno de los grandes fallos de Verstappen, en el mundial de karting 2012 al colisionar con un rival, le ocasionó un viaje de vuelta a casa de más de 1.000 kilómetros sin que su padre le dirigiese la palabra, tan enfadado estaba. Y cuenta la leyenda que, llegando a su domicilio, el padre expulsó de la furgoneta al hijo y lo dejó en una gasolinera, para que escarmentase de sus errores. Entre esa formación castrense y la escuela de pilotos de Fuschel, cerca del lugar donde nació el ideólogo de Red Bull (Helmut Marko) en Austria, Verstappen ha adquirido la mentalidad ambiciosa y granítica. La escuela de marines, por la que han también pasado Vettel, Alguersuari, Buemi, Sainz o Ricciardo, concentra sus métodos en proporcionar a sus atletas un elevado nivel de resistencia al estrés. Combina el aspecto psicológico con el técnico y el cuidado cardiovascular y muscular, además de una dieta específica. Sin carnet de conducir El resto es la historia de un crecimiento a la velocidad de la luz. Verstappen se subió a la Fórmula 1 en Toro Rosso con 17 años, sin carnet de conducir, coincidió con Carlos Sainz en unos primeros años que no fueron cómodos para el español, una relación difícil. Y ganó la primera carrera en la que condujo un Red Bull en Barcelona con 18 años (2016). La era híbrida en la que Mercedes y Hamilton han gobernado con mano de hierro fue un tiempo de espera para Max y Jos Verstappen. Nada que hacer ante aquel bólido intratable. Hasta el año pasado, cuando la sociedad Red Bull y el motor Honda igualó la feria. Verstappen ganó el título en la última vuelta de aquella inolvidable carrera en Abu Dabi. En 2022, con el cambio de normativa que pretendía reducir las distancias entre coches y pilotos, el holandés se ha paseado desde el verano y conquista el título a falta de cuatro carreras.. «Málaga – Andorra, el resumen en vídeo». PESTAÑA j9-malaga-andorra-liga22/23 Vídeo 5 Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP Código APP. «Barcelona – Celta, el resumen en vídeo». PESTAÑA j8-barcelona-celta-liga22/23 Vídeo 5 Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP Código APP. http://www.databot-app.com
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